Sergio Cuevas

Entre la nostalgia por todos sus familiares que han partido, el señor Alfonso Mares Escalera pasará su primera celebración del Año Nuevo en el Asilo de Ancianos. A pesar de ello, se dice contento de poder compartir su amistad con los demás viejitos, y a sus 84 años de edad le pide a Dios que lo deje vivir un poco más para poder convivir con sus compañeros.
Alfonso Mares Escalera fue un educador de la Ciudad de los Niños y laboró ahí durante 45 años ininterrumpidos. Llegó ahí a la edad de 39 años, un 12 de agosto de 1972. Desde entonces apoyó a los niños chicos, medianos y grandes en sus tareas, en levantarlos muy temprano y en su aseo personal.
Junto con don Alfonso Mares fueron 9 hermanos en su familia. Es soltero y en la actualidad ya no tiene familia, pues hace cuatro años falleció el último de sus hermanos, quedando prácticamente solo, ya que todos sus sobrinos viven en Torreón, Coahuila, a quienes visita de vez en cuando.
Hasta hace 4 meses dejó de laborar en la Ciudad de los Niños y le pidió al director, que le diera la oportunidad de quedarse como interno en el Asilo Nicolás de Tolentino y ésta será la primera ocasión que celebre el Año Nuevo con personas que no son su familia.
El señor Mares Escalera comentó a El Heraldo que les dijeron que habrá una cena con cantos, además de una misa, todo muy temprano. “Aquí la cena es a las 6 de la tarde, un rato andamos aquí y posteriormente a dormir todos”.
Reconoció que en estas fechas sí le llega la nostalgia y extraña a su familia que ya se fue, sin embargo, le pide a Dios que le dé fuerzas para seguir adelante en esta vida para poder convivir con su nueva familia: los abuelos del asilo.
“Pues sí extraño a mi familia desde luego, pero le pido a Dios que me dé licencia de estar un poquito más para convivir bien con los viejitos de aquí, estar con ellos, hasta cuando me lleven. Uno no sabe, amanece uno, pero no sabe cuándo va a dejar de estar aquí”.
A pesar de estar solo, se dijo contento, ya que ha logrado hacer amistad con todos los abuelos del asilo con quienes platica sobre sus anécdotas. A punto de cumplir 85 años el próximo 29 de enero, don Alfonso señala que padece únicamente de la presión baja, además de dolores en sus piernas, y a pesar de ello, sigue trabajando en el asilo y en la propia Ciudad de los Niños pintando puertas y ventanas, lo que le ayuda a mantener su mente ocupada y a sentirse útil.
“Se me pasa el día y me siento bien, y hasta la fecha estoy contento y a gusto de corazón”, finalizó.