Por: Octavio Díaz García de León

La caída de las bolsas en todo el mundo podría ser solo un ajuste ante un movimiento alcista de las acciones que ya lleva un par de años. El temor a la inflación y a la consecuente subida de las tasas de interés en Estados Unidos, parece que fueron la causa de que se dieran estos ajustes. Esto repercute en la economía mexicana, como se puede apreciar con el incremento a la tasa de interés que el Banco de México (BANXICO) realizó en días pasados y la caída de los precios en la Bolsa Mexicana de Valores.

El triunfo de Trump en Estados Unidos fueron buenas noticias para los empresarios y los ricos de aquel país. Muchas de las políticas que proponía Trump tenían la intención de favorecerles y así ha sido. La reforma fiscal recientemente aprobada los benefició de manera especial, pero también las medidas proteccionistas y aislacionistas de Trump podrían ayudar a los empresarios menos competitivos.

Sin embargo, la luna de miel entre los mercados de valores y Trump, parece que se terminó. Al momento de escribir estas líneas el índice Dow Jones registraba una caída de 13% desde su nivel más alto histórico alcanzado el 26 de enero de este año. El resto de las bolsas del mundo también cayeron, incluyendo la mexicana.

Pero en México existen otros motivos de preocupación respecto a la economía. Durante la administración del presidente Peña, con la reforma fiscal se dio un crecimiento espectacular en los ingresos del gobierno, que no se veía desde tiempos de López Portillo cuando se introdujo el IVA. Pero este ingreso fue acompañado de un crecimiento en el gasto que excedió a los ingresos del gobierno y obligó a tener un crecimiento desmedido de la deuda pública.

Si la idea era que con este gasto extraordinario iba a crecer la economía, esto no sucedió porque el gasto no se fue a inversión sino a programas sociales, que no sacan de la pobreza a nadie, pero sí crean clientelas muy importantes. Los niveles de inversión pública en 2017 y 2018 son de los más bajos en décadas, con lo que difícilmente crecerá la economía y se podrían seguir agravando los indicadores macroeconómicos que ya de por sí son alarmantes.

Por ejemplo, la deuda del gobierno creció un 81% entre 2012 y 2018. En términos del PIB, la deuda era de un 40.6% en 2012 y a finales de 2017 alcanzaba ya el 55.2%. El problema es que el gobierno sigue gastando de más y no alcanza a generar suficiente dinero para pagar la deuda, por lo que ésta seguirá creciendo.

Si bien en 2017 se logró reducir un poco la deuda del gobierno esto se hizo involucrando al Banco de México en una maniobra financiera en la que quizá no debió intervenir. El año pasado BANXICO entregó un remanente (Utilidad) a la SHCP por 321 mil millones de pesos. Este remanente se originó debido a que, gracias a la devaluación del peso, las reservas de BANXICO que están en dólares crecieron sus saldos denominados en pesos. Sin embargo, esta ganancia solo fue contable, en papel, ya que para que se hubiera convertido efectivamente en ganancia, se hubieran tenido que vender los dólares de la reserva, cosa que no ocurrió.

La Junta de Gobierno de BANXICO, todavía encabezada por el Dr. Carstens, decidió entregarle al gobierno esa “ganancia” de papel para aliviar un poco la situación financiera del país. Lo lamentable fue que, para pagar los 321 mil millones de pesos del remanente, dado que no tenía los recursos líquidos, Banxico se tuvo que endeudar emitiendo bonos a una tasa del 6% mientras que el dinero que le entregó a SHCP se usó para pagar deuda con una tasa del 3%. Un pésimo negocio para el país con graves consecuencias: se endeuda al Banco de México para rescatar al gobierno y se violenta su autonomía.

Los sexenios con gobiernos del PRI terminaron en debacle económica desde Echeverría hasta Salinas de Gortari y el inicio de la administración de Zedillo. El final de la administración de Zedillo fue positivo para la economía, aunque heredó a sus sucesores el FOBAPROA y el rescate carretero que tardarán generaciones en pagarse.Por su parte los presidentes del PAN, Fox y Calderón entregaron una economía sana a quienes les sucedieron.

Esperemos que las finanzas del país no se resquebrajen en lo que queda de este sexenio, pero la herencia para el próximo gobierno será muy difícil. Las crisis económicas podrían estar de regreso si no se reduce el gasto corriente público y la deuda del gobierno de manera urgente. Ojalá el próximo presidente tenga un equipo de economistas muy capaces para afrontar esta situación. Por lo pronto, pareciera que nuevamente la economía mexicana está sostenida con alfileres.

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