Saúl Alejandro Flores

 

Suele decirse que para tomar una decisión o bien emitir una opinión confiable es importante, dice el dicho: “ver la película completa”, y definitivamente es necesario para tener en claro la política, acciones, directrices, estrategias, objetivos, metas y lineamientos que incidan en la política hídrica el tener un diagnóstico claro, más allá del concepto que cualquier ciudadano tiene respecto al agua, cuáles son sus nociones, por eso recordarán que en este espacio también he insistido en el desdoblamiento en la concepción, contenidos y difusión de la cultura del agua a todo ciudadano o usuario.

Por lo anterior, es que también he insistido en la necesidad e importancia en replantear y difundir el esquema o diagrama del ciclo del agua, no el tradicional que aprendimos en la escuela, que era el ciclo del agua que es propio en un ecosistema sin impactos provocados por la actividad humana, sino un ciclo del agua con presencia de actividad humana, en donde una actividad antropocéntrica ha predominado y modificado el ciclo natural.

Recordarán que en el modelo de ciclo tradicional o natural veíamos que de los cuerpos de agua mares, lagos y ríos el agua se evapora, se convierte en nubes, luego se precipitan en forma de lluvia, nieve y se reincorpora a los cuerpos, posterior a este modelo se enseñó en las escuelas el ciclo del agua con presencia humana donde el agua pasa por las casas, se va a la alcantarilla, y el agua al ser descargada se depuraba en un proceso natural como lo es en su viaje por los cuerpos de agua, eso pudo ser hace muchos años, cuando la actividad humana no recurría a químicos y la población no era alta y los hábitos consumistas y generadores de basura no predominaban.

Pero al momento en que el modelo generado por la Revolución industrial predominó comenzaron los problemas, incluso acrecentados con las denominadas era tecnológica y virtuales, porque los productos elaborados con contaminantes se volvieron parte inseparable del modo de vida, computadoras, aparatos de telefonía fija y móvil, envases de alimentos, componentes eléctricos, etc. Por lo común todo es desechable y todo se convierte en basura, alguna reciclable, otra no lo es y se consideraría como residuo peligroso.

Aquí es cuando el agua podría decirse se “contamina de la visión antropocéntrica”, todo giraría en torno al hombre, y no el hombre como parte de un ecosistema, como podrán darse cuenta amables lectores, el ciclo del agua quedó sujeto a comportamientos y hábitos de sociedades complejas, porque también en el medio rural se dio una contaminación, a veces se piensa que sólo los urbanos son generadores, pero el modelo de producción agrícola propició también la utilización de contaminantes comprendidos en fertilizantes y pesticidas que vinieron a alterar el ciclo pues sus componentes no se degradarían causando estragos ambientales que a su vez repercuten en el propio humano.

Repito esta canción de que en este espacio he mencionado las trampas de la seguridad alimentaria, que también en aras de producir más y más para generar riqueza, propició el incremento en la demanda de agua, alterando el ciclo que se trasladó en acuíferos con altos niveles de abatimiento y cuerpos de agua reducidos a volúmenes de agua que nada tienen que ver con lo que años atrás estaban acostumbrados pescadores, agricultores y habitantes del lugar, tal es el caso del Mar Aral.

El ciclo hidrológico viene a plantear retos y nuevas maneras de ver, así como la importancia de la gestión, en los escenarios actuales vimos la incorporación de otros componentes al ciclo del agua, y podemos decir al ciclo antropocéntrico, más que un ciclo urbano, se vinieron a incorporar las plantas de tratamiento, las plantas potabilizadoras, los embalses, presas, depósitos de agua, colectores y tuberías, se sumó la infraestructura que modificó el entorno natural, hago la aclaración que esto no es moderno, pues desde la antigüedad el ser humano a través de infraestructura hizo posible abastecer el agua a las centros de población, destacan los acueductos, fuentes, pozos, presas y otros sistemas de conducción y almacenamiento de agua, pero su impacto no era alto a las dimensiones actuales, que como señalé ha sido determinante el exceso de población humana, y en verdad es incómodo escuchar posturas que se oponen al control poblacional, en otras palabras, se vuelven promotores de la “plaga humana”, porque en términos generales y usando la terminología correcta, la especie humana ha asumido los comportamientos de una plaga porque depreda y altera el ambiente, deforesta, abate campos, cuerpos de agua y otros recursos, buscando después otros espacios para continuar con su modelo de generación de riqueza.

Como podrán darse cuenta, la seguridad hídrica requiere también no verse desde la perspectiva humana, sino de un entorno que debe partir desde el origen de la vida como un proceso que tiene una historia de más de 400 mil millones de años. Partiendo desde las formas más primitivas de vida que al evolucionar se convirtieron en organismos complejos no sólo en lo físico sino en la evolución de los procesos generados en el cerebro, desembocando en lo racional. Por tal motivo, es imperante reconocer la importancia del papel que desempeña el ser humano en la seguridad hídrica, sin contaminarlo desde una visión de explotación del recurso, contar con agua para explotar más, sino contar con agua para mantener el ciclo de la vida, sin reñir con la producción, con el desarrollo de la vida misma de la especie humana como parte de un universo con otras especies.

Por ello, es importante contar con un modelo del ciclo hidrológico sin tufos antropocentristas, porque de ese modo, se podrá garantizar que en el planeta, en México y en Aguascalientes el agua nos alcance.

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