Un desafío que tienen los fabricantes de autónomos es desarrollar un lenguaje que le permita a estos vehículos comunicarse con los peatones para evitar accidentes y tener una interacción armoniosa.

La propuesta es desarrollar un lenguaje universal basado en señales mediante luces que dejen en claro a los transeúntes, la próxima acción que ejecutará el auto. Éstas podrían indicar que el auto detectó al peatón que desea cruzar la calle por delante del auto y que le ceda el paso, con lo que es seguro para el peatón pasar enfrente del autónomo.

El problema radica en que las pruebas se realizan con técnicos e ingenieros, detrás del volante o en el asiento del copiloto, para monitorear el funcionamiento de estos autos; pero los investigadores se dieron cuenta de que la presencia de un ser humano a bordo del vehículo de conducción autónoma tiende a distraer a los peatones.

Al ver a una persona en el asiento del conductor, los peatones dejan de observar las señales luminosas mediante las cuales el auto se trata de comunicar, en lugar de esto, los peatones buscan hacer contacto visual con el ocupante del vehículo autónomo para averiguar su próxima acción.

Es por esto que Ford Motor Company y el Instituto de Transportación Virginia Tech idearon una solución interesante: disfrazar al conductor del carro como asiento para ocultarlo de los peatones.

El disfraz de asiento de automóvil es ajustable para que los seis conductores que tenían que realizar estas pruebas estuvieran cómodos.

Para estas pruebas, los ingenieros, aunque están sentados en el asiento del conductor, no están guiando al vehículo, más bien el autónomo está a cargo del manejo.

Más señales al peatón podrían indicar que el vehículo va a reanudar la marcha o arrancar. O también podrían informar que el auto se está manejando por sí mismo y no por un ser humano.

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