Ulises Díaz
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.- En México, la posibilidad de movilidad social de un individuo que nace en el quintil inferior de ingreso, es decir en pobreza, es mucho menor que en Brasil o China, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).
El reporte “¿Un elevador social averiado? Cómo promover la movilidad social”, dice que en el País son pocas las probabilidades de que haya cambios en la estratificación social, educativa o económica de una persona respecto a la situación en la que nace, especialmente si se le compara con otras de las economías que forman esta institución.
“Los mexicanos aparecen como relativamente menos proclives a moverse que los nacidos en otros países latinoamericanos o economías emergentes.
“Los nacidos en México en el quintil inferior de ingreso tienen menos posibilidades de desplazarse hacia los quintiles intermedios de la distribución del ingreso en comparación a Brasil, China, Indonesia o Sudáfrica”, dice este documento.
La OCDE dice que el 48 por ciento de los nacidos de padres cuyo ingreso se encuentra en este 20 por ciento más bajo se mantendrán en este nivel. Esto significa que de cada dos mexicanos nacidos en pobreza, uno se mantendrá en ella.
Mientras, 52 por ciento de los nacidos en esta condición ascenderán, pero sólo el 4 por ciento logrará llegar hasta el 20 por ciento superior.
En contraste, 53 por ciento de los que nacen en el quintil superior se mantendrán en él mientras que sólo 3 por ciento caerán al quintil inferior.
El reporte señala que uno de los principales obstáculos a la movilidad social es la educación, tanto en acceso como en permanencia en ella, y para México los resultados son también pobres.
“En México, cada año escolar que completa un padre, se relaciona con seis meses adicionales que sus hijos permanecen en la escuela; mientras, en el promedio OCDE, la relación es cinco meses por cada año. Aunque la correlación en México es grande, ocurre que la escolaridad de sus habitantes no es tan alta”, dice el informe.
Para solucionar este estancamiento, la OCDE propone tres puntos clave que deben desarrollarse.
El primero es mejorar el acceso a servicios básicos, y mejorar la calidad de los existentes, particularmente en términos de educación y salud.
El segundo trata sobre los programas sociales, donde la recomendación es eliminar las trabas burocráticas para el acceso, asegurar que quienes los necesitan más puedan entrar y asegurar que éstos crean un puente de acceso a actividades económicas.
El tercero hace referencia a mejorar la inclusión en el mercado laboral, para eliminar las barreras a grupos minoritarios y reducir la informalidad.