JOSÉ LUIS MACÍAS ALONSO

No puede haber alguien tan malo que nunca haya hecho algo bueno, ni alguien tan bueno que nunca haya hecho algo malo.

Desconozco si sus santificaciones se ajustaron a los criterios de la Iglesia Católica, pero luego de estudiar sus obras, me queda claro que tanto Karol Wojtyla, como Angelo Roncalli, fueron personas excepcionales que vieron por la humanidad.

Es cierto, hubo incumplimientos importantes en materia de derecho canónico como la falta de un segundo milagro para Juan XXIII o el violar el plazo establecido de 5 años para arrancar la santificación de Juan Pablo II, pero creo resultan irrelevantes tales situaciones, el primero, hizo un milagro tal vez más importante como el Concilio Vaticano II y el segundo, realizó acciones tan extraordinarias y admirables que ya lo del plazo sale sobrando.

En cuanto al polaco, infinidad de obras lo sitúan -con justa razón- como un verdadero estadista, con una habilidad política que dio beneficios colectivos y con una personalidad propia de un líder mundial.

El ser pieza clave para la derrota del comunismo a través del apoyo económico y moral al sindicato polaco Solidaridad, el meterse a una sinagoga a rezar con un rabino, el pedir perdón a los judíos y a los herejes por las agresiones de sus antecesores, el pelear contra de la teología de la liberación (corriente inquietante de católicos latinoamericanos que apuestan por algo igual de esquizofrénico y tenebroso como vestir a Marx con una sotana), o el restablecer relaciones con Cuba, Israel y México, sin duda lo colocan como un grande entre los grandes.

Sin embargo, se equivocan los que enfocan el análisis de Juan Pablo II como un gran detentador de poder. Un ser con esa humanidad y compasión que se le reconocía a kilómetros, no puede ser reconocido bajo una interpretación que privilegie como criterio a la lógica del poder. Reconocerle solo por eso, sería bastante reducido, la habilidad política muchos la tienen, la bondad en esos niveles, muy pocos. Además, mejor para el mundo seguir valorando más a la bondad que al poder, de lo contrario estaríamos perdidos, no habría esperanza de nada.

Si conoció o no de los múltiples casos de pederastia,¿Esto le restaría valor a sus acciones? ¿Son menos loables las cosas buenas que Usted ha hecho en razón de las malas que también hizo? Por supuesto que no.

Los santos, antes de ser santos, son humanos con defectos y virtudes, dejemos a un lado nuestra obsesión casi inconsciente de querer polarizar cuanto se nos ponga en frente. Ya lo dijo el astuto vocero de la curia romana, el italiano Federico Lombardi: “…son santos pero no perfectos. Decir que una persona es santa no quiere decir que ha hecho todo bien en su vida…”

(Por cierto, el 5 y el 6 de mayo la ONU examinará el informe que presentó el Vaticano, mismo que al parecer, evade los casos de pederastia clerical. Se avecina un choque de instituciones mundiales)

Aunque muchos explicaron la estrategia de santificar a los dos de un hilo como una medida para despresurizar el fervor por Karol Wojtyla al darle un trato igual que uno de sus antecesores y por otro lado, difuminar la presión por las atrocidades cometidas por Maciel y sus millonarios de Cristo, a Juan XXIII no podemos restarle mérito; el italiano fue el impulsor del evento católico más importante de nuestros tiempos: el Concilio Vaticano II iniciado en 1962.

(Los concilios ecuménicos son encuentros donde de forma colegiada, no sé si democrática, la cúpula de la iglesia debate sobre temas de gran relevancia y emite disposiciones e interpretaciones para el ejercicio del catolicismo. Contando el celebrado por el mismísimo San Pedro en el año 50 d.C., solo ha habido 22 en más de 2000 años)

De Angelo Roncalli se dicen muchas cosas; desde que fue un papa masón, hasta que tuvo encuentros con extraterrestres. Ambas cosas ni las sé, ni me tienen con el pendiente pero debe de admirarse el giro que le dio al rol del máximo jerarca de la Iglesia al convertir dicha figura en alguien de trato humilde y alegre, dejando a un lado los formalismos cargados de soberbia que eran la tradición; además, fue el primer papa democrático al dejar de hablar para los católicos y dedicarse a hablar para toda la humanidad, bien hecho.

Así como reconocemos los errores que ha cometido la iglesia, también reconozcamos sus aciertos, en esta ocasión generados gracias a estos papas, hoy llamados santos, pero acordémonos:

No hay ni buenos ni malos que aguanten serlo las 24 horas de los 365 días.

@licpepemacias