Gestionar órganos para que personas reciban un trasplante y una nueva oportunidad de vida, parece una carrera de obstáculos que debe librarse a contrarreloj.
Cada vez que le notifican, de cualquier punto del País, que un potencial donador de órganos murió, César Villaseñor Colín, coordinador de Donación y Trasplantes del Centro Médico Nacional La Raza del IMSS, evalúa el caso y ubica a potenciales receptores.
Se analizan causas de fallecimiento, medicamentos con los que fue tratado, edad, peso, talla, grupo sanguíneo y antecedentes clínicos. Con base a esos criterios, el especialista y su equipo quirúrgico evalúan a los pacientes que tienen en lista de espera.
Después asume la complicada tarea de abordar a los familiares de la persona fallecida para solicitarles la donación. Labora bajo presión, pues, dependiendo de las condiciones, debe hacer el traslado del órgano en cuestión de horas.
“A partir de que se termina la vida, tiene que ser en las siguientes 24 horas (la donación). Vamos contra el tiempo. Entre más rápido se ponga el corazón, más posibilidades tiene de estar latiendo con vida”, comparte en entrevista el cirujano cardiotoráxico.
En la tarea de procuración de órganos, que desempeña desde hace siete años, el médico puede enfrentarse a dos escenarios; si el corazón se detuvo a partir de un paro cardiaco, les sugiere a los familiares donar las córneas para que alguien más pueda volver a ver.
Cuando una persona fallece por un accidente vascular cerebral, entonces, les explica a los familiares que el cerebro ya no funciona pero que el resto de los órganos sí y pueden ser aprovechados por pacientes que están en espera de un riñón, un hígado, un corazón u otros órganos.
“Puede darle el corazón a otro ser humano que, de otra manera, va perder la vida; darle su hígado a un ser humano que también va perder la vida si no tiene un trasplante; sus dos riñones; sus dos córneas. Si ellos así lo desean, iniciamos el procedimiento”, afirma.
Cuando los familiares de la persona fallecida aceptan la donación, César y su equipo de siete cirujanos avisan al Ministerio Público y una vez obtenido el consentimiento, inician el retiro de los órganos.
Gestionan un traslado en helicóptero y alista la hielera donde serán trasladados los órganos que procuren. El traslado de los órganos implica una logística en la que interviene personal médico, pero también los pilotos del helicóptero que trasladan al equipo quirúrgico, personal de seguridad y de tránsito vial.
Otros médicos preparan a los pacientes que serán receptores, de manera que se agilice el trasplante.
Cada año, la labor de este equipo ayuda a realizar en promedio 15 trasplantes de corazón, 15 de hígado, 200 de córneas y 200 de riñón.