Noé García Gómez
México en pocos años enfrentará enormes desafíos, que tienen que ver con la atención en salud y la cobertura en seguridad social en el retiro. Para el año 2025 se generará un cambio importante en la pirámide poblacional y esto traerá repercusiones directamente en los presupuestos de salud y de pensiones. Con este cambio en la pirámide poblacional, el sistema económico del país y el Estado en sí, no están preparados para hacerles frente. La seguridad social se refiere a formas establecidas para proteger al ciudadano y su familia a lo largo de su vida de factores que lo privarían de su funcionalidad, sea por trabajo o su vida diaria. Los sistemas de salud y pensiones son pilares fundamentales en la seguridad social de un país.
En cuestiones de salud y con alto índice de enfermedades como la diabetes y sus consecuencias será un problema que se tiene que hacer frente hoy en día, México no destina ni siquiera el 7% del PIB en inversiones públicas para el sistema de salud, y se ve reflejado en las estadísticas de la OCDE en el cual ocupamos el último lugar. En 2011 la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico emitió recomendaciones para el caso mexicano; 1.- facilitar el acceso a la asistencia médica, 2.- combatir la epidemia de obesidad y 3.- Mejorar gobernabilidad y la eficacia del sistema de salud ante un sistema burocratizado. La realidad es que si no hay un cambio revolucionario donde el Estado Mexicano vuelque sus esfuerzos no solo para atender las gripes e infecciones cotidianas, sino para dar una atención médica de calidad a grandes pandemias como lo es la obesidad, la diabetes, etcétera, una buena calidad de vida será incierta. Un sistema de salud de calidad es la base de un estado de bienestar.
En cuanto al sistema de seguridad social para el retiro, México tiene una mediana de 25 años, el problema de pensiones debería ser una cosa del futuro, pero a mucho menos futuro de lo que se piensa. En la actualidad hay millones de mexicanos que no pertenecen a un sistema formal de pensiones y muchos de los que sí están reciben un salario muy bajo que nos les permite acumular un fondo razonable para su vejez, con los actuales esquemas de contratos por salarios asimilados la mayoría de las veces el patrón da directamente al trabajador un porcentaje que éste tiene que destinar para el retiro, el problema es que el trabajador lo usa para la subsistencia diaria y el problema vendrá en la vejez. En otros casos las aportaciones son insuficientes, las afores las invierten mal y las expectativas de la pensión son muy altas en relación con el monto aportado.
La actual agenda política nacional está centrada en los temas energéticos y del salario, que sin duda son urgentes por la inmediatez de la necesidad, pero estamos a tiempo para comenzar a explorar alternativas que generen mejores sistemas de salud y de retiro, antes de que el futuro nos alcance. México requiere de un impulso histórico en estos ámbitos.