Por J. Jesús López García

69. Auditorio del IMSSLa salud ha sido una inquietud en el quehacer de los arquitectos, dando como resultado la producción de edificios notables como el santuario dedicado a Asclepios, dios griego de la medicina en Epidauro, ciudad del Peloponeso donde se fundó una importante escuela de medicina.

El templo es importante por su referencia en la arquitectura religiosa y significativo es el trato que ha dado la disciplina edificatoria al tema específico de la medicina donde se va más allá de la santificación de la especialidad médica a través de alguna divinidad, pues, finalmente, la materia de salud tiene razones sensoriales y de función considerables como la representación de los sistemas dedicados a ella ante la sociedad.

Centros de sanación han existido en todas las civilizaciones y en todos los tiempos. La manera de organizar el espacio en los conjuntos de la época contemporánea, obedece a una evolución de los sistemas hospitalarios occidentales que en la Edad Media eran administrados y atendidos por la Iglesia; anterior a ello, la práctica médica se ejercía sin la intercesión de un cuerpo administrativo institucionalizado, y sólo gimnasios y baños –dentro del rubro de la salud pública– correspondían en su operación a una entidad burocrática.

En el Medievo, la organización hospitalaria, el funcionamiento de edificios dedicados a la curación no presentaba aún una especialización exclusiva del área médica, pues dentro de esos espacios se procuraba, además de curación, un sitio de cuidado a la población más pobre, a los huérfanos y a las viudas incluso un lugar de hospedaje para peregrinos, por ello el hospital está emparentado en origen y etimología con el hospicio y por los últimos usuarios mencionados, con el hotel. De la estructura de hospitales medievales aún existe la de Hôtel-Dieu, cuya característica principal es que tiene una gran sala con camas para albergar a los enfermos.

Una vez iniciado el proceso de especialización de las funciones de aquellos antiguos hospitales y ya normada su operación con reglamentos laicos de base técnica, los hospitales contemporáneos presentan esquemas cuya funcionalidad debe ir a la par de su concepción simbólica, pues esos edificios siguen siendo ante la sociedad, un elemento a considerar en la evaluación de la eficiencia del Estado o la sociedad en su conjunto, en la capacidad de atención a sus sectores más vulnerables.

Los hospitales exitosos no sólo son los que procuran una mejor atención médica o los que reciben y atienden, que no es lo mismo, a un mayor número de pacientes. Alvar Aalto arquitecto finlandés, considerado uno de los mejores exponentes de la disciplina de la segunda generación de maestros modernos, ganó (1929-1933) un concurso para diseñar y construir un sanatorio para tuberculosos en Paimio, Finlandia. El resultado fue una arquitectura hospitalaria que no sólo contempló de forma eficiente todos los aspectos técnicos de rigor, sino yendo más allá, se aplicó en la tarea de brindar una mejor, e incluso agradable, experiencia sensorial a quienes son los verdaderos usuarios principales de un hospital: los pacientes.

El sanatorio de Aalto es todo un dispositivo para que la experiencia de la sanación transcurra no solamente de manera operativa, sino en la calidez de “aproximación humana” donde todos los detalles se adaptan al cuerpo y las funciones de sus ocupantes.

En México, tras la Reforma juarista, haciendo a un lado la tutela eclesiástica en la educación, el registro civil y la salud pública, el Estado asumió la procuración de esa deseada sanidad a la población general mediante la edificación de nosocomios, que hasta el fin de la Revolución, adquirieron en buena medida el programa arquitectónico que aun en los hospitales contemporáneos continúa aplicándose tanto en sistemas públicos como en privados.

Para recalcar la significación de los hospitales en la arquitectura contemporánea tenemos que José Villagrán García, uno de los bastiones de la modernidad arquitectónica mexicana, es autor de edificios emblemáticos como el Instituto de Higiene en Popotla, el Instituto Nacional de Cardiología, el Hospital Infantil, el Sanatorio para Tuberculosos de Huipulco, entre muchos otros.

Aquí mismo, en México, Hannes Meyer, director de la casi mítica Bauhaus, entre 1943 y 1944 fungió como secretario arquitecto de la Comisión de Planeación de Hospitales del Instituto Mexicano del Seguro Social durante su estancia en nuestro país (1939–1949), sucediéndole arquitectos notables que definieron la imagen institucional del sistema hospitalario público nacional.

Sin duda, hay altibajos en la forma en que los hospitales se han venido abordando en nuestro país, pero es justo apreciar la sobriedad que edificios como la Clínica 1 del IMSS aún manifiestan. El conjunto de la autoría del arquitecto Enrique Guerrero Larrañaga, inaugurado en 1966, pese a su reja de reciente aparición aún recibe con su plaza a la ciudadanía, anticipando de manera grata su teatro con su característico plano inclinado sobre su moderno peristilo, remetiendo al hospital propiamente dicho, y formando así un sistema que se dispone en una sucesión de planos con vocación urbana. Al paso del tiempo, el edificio se mantiene en sus trazos generales soportando su paso como un hospital debe hacerlo: sanamente.