Jonathan Bañuelos
Agencia Reforma

GUADALAJARA, Jalisco.- María Adela dejó El Salvador, por sus hijos.
Luego de tallar sus prendas y la de su familia y colocarlas bajo el sol para que se sequen, se sienta para dar un respiro. Su hijo más pequeño va y viene por El Refugio Casa del Migrante, a donde llegaron el viernes.
Tras dar un suspiro, narra que abandonó su país -al que no piensa regresar nunca- para poner a sus cuatro hijos a salvo de los “maras” y llevarlos a Estados Unidos para que estudien y encuentren una nueva oportunidad de vida.
“Ellos estudiaban, pero no sacaron su estudio porque estaba muy peligroso en las escuelas, mucho delincuente trata de meterse para llevarlos. Las maras sacan a los jóvenes de las escuelas. Ese fue el miedo”, describe.
Salió de El Salvador a inicios de mes junto con su esposo, cuatro de sus hijos, su nuera y su nieto para unirse a la segunda Caravana Migrante y gracias al apoyo que ha recibido de los mexicanos, el camino rumbo al norte no ha sido tan difícil, pese al frío.
María Adela y su familia saben que ingresar a EU será casi imposible, buscarán asilo una vez que lleguen a la frontera, todo sea para que los niños estudien; tienen 15, 14 y 9 años los más pequeños.
“Queremos llegar para trabajar, poner a estudiar a nuestros hijos, para que sigan adelante”, afirma.
De no conseguirlo buscarán una oportunidad para refugiarse en México y encontrar un trabajo y escuela para los menores de edad.
María Adela y su familia esperarán que el grueso de la segunda Caravana Migrante, compuesta por personas centroamericanas principalmente, lleguen este lunes a Guadalajara para unírseles y partir a su siguiente destino: Nayarit.
De acuerdo con el sacerdote Alberto Ruiz Pérez, organizaciones civiles se coordinaron con el grueso de la segunda Caravana Migrante, que viaja por Guanajuato, para transportar al grupo desde la caseta de La Joya, en Tonalá, hasta la ciudad de Tepic, en Nayarit, a través de al menos 32 autobuses que serán rentados por grupos universitarios y la iglesia católica.