El Heraldo de Aguascalientes

“ROGUE ONE: UNA HISTORIA DE LA GUERRA DE LAS GALAXIAS “

Por: Juan Pablo Martinez Zuñiga

No necesariamente una nueva esperanza

Desde el inicio, quedaba claro que la intención de George Lucas era la de construir una intrincada ficción que bebiera de las aguas del “space opera” como un lúdico experimento de proyección posmoderna donde el autor se exhibiera impúdicamente como un venerador de las funciones de matinée. También quedó claro que el intempestivo éxito de su saga espacial lo tomó por sorpresa, tomando nota de aquello que los fanáticos adoraron de la primera cinta, estrenada en 1977, y expandiéndolo en el resto de las cintas para complacencia tanto suya como de ellos: la mitopoeia, nombres, datos y lugares concretos que definían con precisión los eventos a desarrollarse y que el cinéfilo casual adoptó como una guía para la construcción de esta nueva odisea que se desplegaba ante sus ojos con el estreno de cada filme, aprendiendo religiosamente la nomenclatura de planetas, razas, conflictos y linajes. Quedaban varios huecos, los cuales se bachearon con novelas, series animadas y cómics, dilatando las propiedades argumentales de la historia original y mostrando un universo literalmente nuevo e infinito. Aún así, y a casi 40 años del estreno de la cinta que lo originó todo, los aficionados querían más, así que la compañía Disney apresuró la producción en el basamento de una nueva trilogía con “La Guerra De Las Galaxias: El Despertar de la Fuerza”, cinta que llevaba todas las de ganar al instalarse cómodamente en todos los componentes narrativos que hicieron de un éxito a sus predecesoras compilando sus grandes éxitos y presentando personajes nuevos carismáticos y atractivos, siendo esta casi un remake más que una propuesta. Ahora, llega la siguiente fase en el proceso expansivo de la franquicia con “Rogue One: Una Historia de La Guerra de las Galaxias”, la bienvenida añadidura a la saga cinematográfica que logra distanciarse de los aspectos más valorados y conocidos de las cintas (la familia Skywalker, la familia Solo, los conflictos Jedi-Sith, etc.) para enfocar su trama en aspectos más periféricos. En este caso, la fabulada hazaña de una facción rebelde (autobautizados “Rogue One” o, en vista de que a los representantes nacionales de los grandes estudios Hollywoodenses ya tienen muy pasados por el arco del triunfo los conceptos de validación nacional en base a la simple traducción de palabras y títulos con perfecto sentido en nuestra lengua natal, “Rebelde Uno”) por encontrar y apropiarse de los planos de la Estrella de la Muerte, evento que permitió a Luke Skywalker hacerla añicos en “La Guerra de las Galaxias: Una Nueva Esperanza”.
Con esta premisa, la trama pudo dar, generar y aprovechar diversas áreas de oportunidad dramáticas, más lo visto en pantalla es un tapiz mal zurcido de situaciones y personajes, eso sí, muy bien dirigido. La cinta abre con el secuestro del brillante científico imperial Galen Erso (un desaprovechado Mads Mikkelsen) a manos del oficial Orson Krennic (un desaprovechado Ben Mendelsohn) para forzarlo a terminar un arma de destrucción planetaria que a la postre será bautizada como, adivinaron, la Estrella de la Muerte. La hija de Galen, Jyn observa impotentemente cómo su padre es llevado a la fuerza y su madre asesinada (como si un requisito fuera para pertenecer al panteón heroico de esta saga el someterse a procesos de orfandad). Al ocultarse, un enigmático hombre llamado Saw Gerrera (un desaprovechado Forest Whitaker) la encuentra y cría como una guerrera. Al crecer, Jyn (una distante Felicity Jones) es contactada por un capitán de la fuerza rebelde llamado Cassian Andor (Diego Luna haciendo lo mismo de siempre: rostro impávido y ojos de cachorro extraviado) acompañado de K-2so, un androide imperial reprogramado proclive a hacer chistes muy malos, para que les provea una audiencia con Saw, quien es visto como un extremista por parte de los mismos rebeldes y, de alguna forma no muy clara, ayuda para ellos. En el trayecto arriban al planeta Jedha, donde conocerán a dos ex-guardianes Jedi llamados Chirrut Imwe (Donnie Yen) y Baze Malbus (Jiang Wen), así como a un piloto imperial desertor de nombre Bodhi Rook (Riz Ahmed). Juntos, emprenderán la búsqueda de Galen y la forma de vencer a esta nueva superarma.
La cinta tiene momentos francamente emocionantes, y su tercer acto, robusto y dinámico, es una muestra de lo que este filme pudo ser, pero un montaje amateur, personajes que se contentan con su función de arquetipos (la heroína, el valiente, el payaso, etc.) por lo que su psicología y emociones se quedan en nada y un desarrollo narrativo inconexo (personajes como Saw que van y vienen sin mayor trascendencia y situaciones que se resuelven más por casualidad que de manera circunstancial) no permiten el gozo total de la cinta. Los fans sin dudas estarán de plácemes con el breve pero contundente regreso de Darth Vader, quien se muestra más como una Señor Oscuro de los Sith que una figura trágica que berrea por su adorada Padme o la sorpresiva inclusión de un Peter Cushing digital (el maravilloso actor, veterano de la Hammer y figura clave en la primera cinta como el cruel y despiadado Moff Tarkin) que luce y pasa casi por el original. Pero el espectador casual simplemente no podrá penetrar la particularmente hermética trama que se sostiene demasiado sobre el conocimiento de las cintas anteriores. Uno podría afirmar que ésta es una cinta de la Guerra de las Galaxias y, por ende, sólo sus seguidores la disfrutan. Si es así, entonces no es cine o un proyecto donde se favorezca la narrativa cinematográfica, tan sólo un producto más en un muro lleno de ellos que sirva para ensanchar las arcas de Lucasfilm y Disney. Y en momentos casi luce de esta manera hasta que llega el espectacular clímax, bien ejecutado y montado por el director Gareth Edwards quien casi redime su flojísima labor como director en las decepcionantes “Monstruos” (2010) y “Godzilla” (2014), pero que deja ver su inexperiencia ante la falta de rigor argumental requerida en una historia donde se pretendía una exploración más ominosa y oscura que las otras producciones, pues aquí los stormtroopers y los rebeldes entablan una guerra por la supervivencia, no por el dominio de facciones. Y eso es precisamente lo que hace de esta experiencia tan frustrante, pues los estudios simplemente o no se deciden o simplemente nos negaron el filme que esto debió ser. En su lugar nos quedamos con una suerte de episodio expandido de las diversas series animadas sobre esta saga que pululan en diversos canales. Esperemos que las siguientes misiones en el universo Star Wars cumplan mejor que esta mediana y poco entretenida cinta.

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