Luis Muñoz Fernández

Lo diré sin rodeos: este libro intenta un redescubrimiento y una nueva valoración de la “ética” en la política y en la economía, o, si se quiere, aboga “por una moral” (en sentido positivo). Pero, al mismo tiempo, está “en contra del moralismo” (moral en sentido negativo), pues el moralismo, el moralizar, supone una sobrevaloración y una exageración de la moral. ¿Por qué? El moralista convierte a la moral en única medida del comportamiento humano; ignorando la relativa independencia de los diversos ámbitos de la vida, como la economía, el derecho y la política.

 Hans Küng. Una ética mundial para la economía y la política (2ª reimpresión), 2017.

 

Conocí por primera vez a Rodolfo Vázquez cuando presentó una conferencia en el 12º Congreso Mundial de Bioética, que se celebró en la Ciudad de México del 25 al 28 de junio de 2014. Aquel encuentro, en el que fui solamente un escucha pasivo de lo que expuso Rodolfo, me dejó profundamente impresionado. Pensé, y sigo pensando, que pocas veces me había topado con una mente tan bien estructurada, cuyos razonamientos, desgranados uno a uno a medida que se desarrollaba su ponencia, eran como los ladrillos o las piedras que construían una sólida fortaleza.

Y lo que son los extraños caminos de la vida. A finales del año siguiente, el doctor Patricio Santillán me invitó a presentar un tema en la sesión mensual del Colegio de Bioética, A.C., que se celebraría en el auditorio del Instituto de Fisiología Celular de la UNAM en abril de 2016. Allí me presenté en la fecha y hora convenidas y desarrollé mi presentación. Justo enfrente de donde yo estaba sentado se encontraba Rodolfo Vázquez, atento a lo que yo decía. Confieso que temí que Rodolfo me hiciese preguntas al terminar mi ponencia. Y así sucedió inevitablemente. Para mi sorpresa, recibí de él un trato amable y pude responder con las escasas luces de las que dispongo.

Suelo coincidir con él en las sesiones del Colegio de Bioética del que él es miembro fundador. Tuve la fortuna de ser admitido como miembro en enero de 2017. Para mí, todo intercambio con su persona en una oportunidad para enriquecerme humana e intelectualmente.

Este miércoles 31 de enero de 2018, Rodolfo Darío Vázquez Cardozo, que es su nombre completo, fue nombrado profesor emérito del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), junto con otros dos destacados catedráticos: el matemático Carlos Bosch Giral y el filósofo Antonio Jesús Díez Quezada.

Mi hijo Luis, que estudia la Licenciatura de Economía en el ITAM, y yo fuimos testigos en esta ceremonia solemne que disfrutamos muchísimo y en la que, sin detrimento alguno de los enormes méritos de Carlos Bosch y de Antonío Jesús Díez, Rodolfo Vázquez destacó particularmente. No sólo fue elogiado por las autoridades del ITAM, elogios que también recibieron los otros dos profesores eméritos, sino que, en el momento en el que el doctor Arturo M. Fernández, rector del ITAM, le entregó el nombramiento de profesor emérito, Rodolfo fue aclamado de viva voz por un grupo de alumnos que se encontraban entre el público.

Su discurso de agradecimiento por la importante distinción recibida no tiene desperdicio. Cuando, una vez terminada la ceremonia oficial, nos acercamos a él para felicitarlo personalmente, me atreví a solicitarle que me lo enviase a la brevedad, pues, como le dije, sus palabras merecen ser difundidas más allá de los muros en donde hace prácticamente 40 años que se desempeña como profesor e investigador. Con la generosidad que lo caracteriza, me lo envió de inmediato y vamos a extraer de él algunos conceptos que considero de enorme importancia para una sociedad y unas universidades como las de Aguascalientes, en donde a veces estamos ayunos de esta sabiduría y, sobre todo, de la llamada a la acción sin fisuras a la que convoca Rodolfo Vázquez:

El desasosiego, desencanto y desilusión que vive hoy nuestra sociedad exige de la universidad una respuesta firme y responsable apelando a sus enormes reservas cognoscitivas y morales. Y apelando a esas reservas, pienso que la formación de ciudadanía debe girar alrededor de tres ejes fundamentales: 1. educar en el conocimiento científico con una inquebrantable vocación laica; 2. crear y fortalecer una clara responsabilidad histórica y cultural; 3. preparar y habituar al estudiante, con una buena dosis de indignación, en un sentido de justicia [las negritas son mías].

Sobre el primer eje, señaló lo siguiente: “En la era de las ‘noticias falsas’ y de la llamada ‘posverdad’ no hay sino una respuesta posible desde Aristóteles hasta Russell y cualquier artículo publicado en la revista Science: una proposición es verdadera si se corresponde con los hechos. Sin duda es ésta una proposición atrevida y comprometedora porque debemos advertir que: “quien busca la verdad corre el riesgo de encontrarla”. Necesitamos un conocimiento científico básico y transversal para todos nuestros estudiantes de licenciatura, desde la neurociencia y la teoría evolutiva hasta los big data y el cambio climático. Y la actitud que corresponde con este empeño es la de una decidida vocación laica: los enunciados religiosos o metafísicos nunca pueden servir de premisas para un debate público. Su lugar debe quedar reservado estrictamente al ámbito privado” [las negritas son mías].

En relación al segundo eje, Rodolfo Vázquez nos dijo que “Asimismo, la memoria histórica cumple con el noble propósito de modelar las pasiones y las decisiones. Indica, con el arco de tiempo a sus espaldas, cuándo y cómo ser razonablemente optimista o pesimista; cómo adecuar las exigencias locales y regionales en un horizonte mundializado; y cuándo y cómo instrumentar una política pública con posibilidades reales de eficacia y eficiencia. Una demanda ciudadana legítima a nuestros gobernantes o líderes, y que escuchamos todos los días,  es la de preguntar con una buena carga de reclamo e incredulidad: ¿qué acaso no conocen el mundo, el país o la ciudad en la que viven? Y no nos sorprenderá percatarnos de su negligente y rotunda ignorancia” [las negritas son mías].

Y respecto al tercer eje:

… preparar ciudadanos con un sentido de justicia es, por supuesto, una meta ambiciosa pero ineludible en el proceso educativo. A estas alturas, nadie con un mínimo de sensatez duda de la necesidad de construir un piso parejo de equidad, pero como decía un querido amigo: lo importante es que ese piso sea de concreto y no de terracería, y solo a partir de ahí: “que florezcan las libertades”. ¿Qué significa ese piso parejo en el ITAM? Sin duda, supone políticas que se han venido instrumentando poco a poco y en las que debemos perseverar, entre ellas: un ITAM paritario, entre hombres y mujeres, con enfoque de género, tanto en la constitución de su planta de profesores como en los puestos de dirección;un ITAM incluyente en el que no asome la más mínima discriminación social, ni la arrogancia elitista y se reconozcan y respeten todas las preferencias sexuales, sin homofobias ni misoginias; un ITAM comprometido con un Estado democrático de derecho y con la promoción y enseñanza  de los derechos humanos; en fin, un ITAM indignado con la pobreza cotidiana y con la escandalosa y humillante “brecha de desigualdad” [las negritas son mías].

Conocimiento científico, responsabilidad histórica y sentido de justicia son, me parece, los pilares necesarios e impostergables de nuestra universidad para la formación de una ciudadanía crítica e independiente.

Para Rodolfo Vázquez, profesor emérito, mi agradecimiento y admiración más profundos.

https://elpatologoinquieto.wordpress.com

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