Jesús Eduardo Martín Jáuregui

Ofrezco una disculpa a los dolientes de José José, mi pésame no será para ellos, tampoco será para un enorme como Francisco Toledo, por más que me sorprende la desproporción entre las manifestaciones de duelo de uno y otro, aunque sí para una pérdida verdaderamente sensible en el campo del conocimiento del México precortesiano y sus culturas, el eminente investigador Miguel León Portilla, que transcurra leve su recorrido por los nueve niveles del Mictlán, que su reflexión sobre cada uno de los nueve estados de conciencia sea gratificante y expedito y que el dios Mictlantecuhtli libere su alma de las penas para su eterno reposo en alegría.

Mi pésame es en este articulejo para el Derecho, particularmente el Derecho Mercantil, para las transacciones comerciales a través de entidades conocidas como sociedades, para comerciantes e inversores que verían en las sociedades una forma de realizar actividades reduciendo el riesgo que siempre lleva implícito el comercio, que por regla general tiene un fuerte elemento aleatorio, en general para la actividad comercial y, ¡qué remedio!, para nuestro país que está necesitando incentivos para la inversión y el gobierno, nuevamente, propone medidas que tendrán sin duda un efecto de crecimiento negativo.

En el paquete fiscal que el ejecutivo presentó al legislativo, se busca incrementar la captación vía impuestos, generando formas más agresivas de cobro, fiscalización más severa y nuevos hechos generadores de créditos fiscales. No es mi campo y por supuesto no quiero meterme en lo sembrado y bien sembrado por muchos economistas, pero en términos llanos de mis ancestros lomilargos “highlanders” (de los Altos de Jalisco), para ordeñar la vaca hay que tener primero la vaca, y para aumentar la producción de leche es inútil y contraproducente pretender ordeñarla más veces. En otras palabras primero hay que producir riqueza para poder luego gravarla. Las malas noticias son que el gobierno no es un buen productor de riqueza, excepto para los políticos, si los particulares no la producen la administración tendrá que vivir de prestado si no reduce, como no logrará hacerlo el gasto público, porque Don AMLO está como el pájaro de Roma: lo que escribe con la mano lo borra con la cola.

En la propuesta se incorpora una presunción grave de responsabilidad para los accionistas de sociedades que entren en liquidación sin cumplir ciertos requisitos. Esto desde luego de entrada es una barbaridad que acosa al accionista hasta la hora de la muerte de la sociedad, pero conviene que, para el lector no muy avezado, se haga una breve y rápida reseña de la sociedad mercantil en particular la anónima, que ha sido en muchos países un factor de producción de riqueza.

Los romanos consolidaron, si no es que crearon, la ficción jurídica de las personas virtuales, diferentes de los individuos que las conforman. Se reguló con mucha claridad la existencia de varias figuras de entes virtuales a los que la ley les atribuyó la posibilidad de ser sujetos de derechos y obligaciones, o para decirlo en palabras de Hans Kelsen, uno de los grandes juristas del siglo XX, los consideró centros de imputación normativa. Lo interesantísimo es que estos entes por disposición legal son “personas” como muchos individuos, hay que recordar en Roma había muchos individuos que no eran personas: los esclavos, otros que tenían una personalidad mínima: los extraenus y los dediticios, y qué aún en la actualidad hay países que no reconocen como personas a multitud de individuos: los emigrantes, las mujeres, los esclavos, y en México, inexplicablemente todavía existen sanciones jurídicas como la llamada “muerte civil” (suspensión o supresión de derechos) y personas de segunda como los ministros de culto, salvo los de la Luz del Mundo y los del PES, que tienen restringidos sus derechos políticos.

La sociedad crea por disposición de la ley una nueva persona jurídica diferente de la de sus miembros. De tal suerte que los actos o negocios que realicen las asociaciones o sociedades, no repercuten de manera inmediata o directa en la personalidad de sus integrantes, porque la persona virtual es la que resiente de manera directa los efectos jurídicos y de manera mediata, se podrán transferir algunos o todos los beneficios o las pérdidas a los miembros.

La invención de algunas figuras jurídicas ha sido tan importante para el desarrollo de la humanidad como la invención de instrumentos o aditamentos como las máquinas. La moneda, la letra de cambio, el pagaré, la tarjeta de crédito, el bitcoin, el pago electrónico, por citar solo algunas. La sociedad anónima fue uno de los grandes inventos para el desarrollo comercial. Conviene precisar que, en términos generales podemos distinguir sociedades de personas y sociedades de capitales. En las sociedades de individuos son importantes las características individuales, sus conocimientos, su estatus, su moralidad, ciertas habilidades, etc.. En un club de servicio, por ejemplo, son admitidas los individuos de acuerdo con sus cualidades. En las sociedades de capitales lo que importa es la aportación de cantidades para el capital de la empresa que sirva para cumplir el objeto social.

El anonimato permitía que individuos que no quisieran ser señalados o identificados podrían adquirir acciones de la sociedad, y participar de manera indirecta en una actividad mercantil. La grandísima ventaja de la sociedad, además del anonimato, es que el límite máximo de su responsabilidad se limitaba al monto de su aportación. Un accionista lo más que podría perder era su aportación, en tanto que un comerciante común podría perder con un mal negocio todo su patrimonio. Un individuo podría diversificar sus inversiones y participar en diferentes sectores comerciales sin tener conocimientos específicos.

Un primer golpe fue la supresión del anonimato, de anónimas solo les quedó el nombre, porque desaparecieron las acciones al portador. La justificación fue evitar el lavado de dinero, justificación torpe ya que sigue habiendo un gran blanqueo. Ahora, de aprobarse estas nuevas reformas, el accionista responderá no solo con su aportación sino con su patrimonio al establecer que su responsabilidad se extiende. La lógica de las sociedades es que la administración respondía por las conductas ilícitas, salvo desde luego que hubiera un acuerdo de asamblea, ahora parece que el SAT-Gobierno creará responsabilidades por negocios de los cuales el accionista tuvo poco o nulo conocimiento.

Golpear a las fuentes productivas, a los inversionistas, a la actividad mercantil, es innegablemente “como escupir pa’arriba”. Al tiempo…

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