RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

Anunciado estaba el cambio de dirigentes en el Partido Revolucionario Institucional desde hace varios días. La suerte de Enrique Juárez y Dennis Ibarra, presidente y secretaria general del PRI estaba echada desde hace ya varios meses, sin embargo se habían venido sosteniendo con las uñas gracias a sus padrinos políticos, pero los tiempos políticos se les echaron encima y para el PRI era urgente la renovación de sus cuadros directivos y por ello el lunes pasado se designó una dirigencia interina para que lleve a cabo los preparativos de la elección de los dirigentes formales y por el periodo que sus estatutos señalan. Quien tomó la protesta a quienes llevarán a cabo la tarea de hacer la labor que impulse al partido tricolor fue el delegado del CEN del PRI, Hugo Contreras Zepeda, y el profesor Herminio Ventura Rodríguez como presidente y Eduardo Hernández Tavera como secretario general. Ellos habían sido nombrados apenas la semana pasada como secretario de Organización y secretario de Operación Política, respectivamente. Quienes ocupaban estas carteras eran Luar Ceballos y J. Pilar Moreno, que pertenece al sector campesino del PRI.

Así, a botepronto, podemos decir que estos nombramientos fueron inesperados, aunque hay que decir que la decisión es buena ya que el profesor Herminio Ventura es un hombre que toda su vida a militado en el PRI y ha tenido cargos importantes como dirigente magisterial, pues fue líder de la Sección 1 del SNTE, así mismo ha sido regidor. Sin duda que la trayectoria de Herminio Ventura puede considerarse como limpia, pues es un hombre leal al sistema que siempre se ha disciplinado y ha manejado la ortodoxia política al interior de su partido. Sin duda, el manejo purista del actuar político de Herminio tiene mucha influencia de parte de sus parientes políticos, su cuñado el maestro Enrique Olivares Santana, ex gobernador de Aguascalientes y ex secretario de Gobernación; y su sobrino el licenciado y profesor Héctor Hugo Olivares, que fue líder nacional de la CNC y ex candidato a gobernador de Aguascalientes.

Por su parte, Eduardo Hernández Tavera también es un hombre de leal militancia priista que ha estado en las buenas y en las malas, que ha aguantado lo indecible sobre todo a partir de que el PRI perdió la gubernatura a manos de Felipe González, pues a partir de ahí el PRI fue cuesta arriba. Ya con Carlos Lozano las cosas en el tricolor no mejoraron, pues el ex gobernador tomó las riendas del instituto político como un negocio familiar en donde quitaba y ponía gente a modo para alcanzar sus propósitos personales y era tanta su indolencia que hasta a quienes lo habían acompañado en la época más mala -antes de ser candidato-, los famosos “Lozano Boy’s”, fueron defraudados en sus aspiraciones pues el ex gobernador poco tomaba en cuenta que la gente que integraba su equipo se hubiera multiplicado en el quehacer político-electoral para que él llegara primero a la senaduría y posteriormente, con el apoyo del nefasto sonorense Manlio Fabio Beltrones, a la gubernatura de Aguascalientes, a pesar del repudio de un alto porcentaje de aguascalentenses, contando además con el apoyo de quien en ese entonces era el gobernador y que por lo tanto maniobraron para que Martín Orozco no alcanzara el triunfo electoral. Como es sabido el tiempo aclaró las cosas y hasta a quien le había allanado, el ex gobernador Reynoso, fue traicionado y metido a la cárcel de manera arbitraria en un arranque de ira por la simpatía que seguía gozando el ex gobernador. En pocas palabras, pagó con traición y deslealtad. Y esa traición y deslealtad la sufrió también Lorena Martínez cuando fue candidata a gobernadora, sin embargo con vergüenza política se disciplinó y desapareció del mapa político de la entidad para esperar mejores tiempos.

La época oscurantista que ha vivido el PRI del sexenio de Lozano de la Torre para acá la sufrieron unos cuantos priistas de esos de pura cepa. No muchos, pues la gran mayoría defeccionó en busca de nuevos horizontes políticos, acogiéndose una mayoría al Partido Acción Nacional y ya en el éxtasis de la paranoia lopezobradorista muchos ex tricolores se fueron a MORENA, en donde con el tiempo se dieron cuenta que la cosa estaba peor, pues ahí las traiciones y las disputas por los cargos eran sanguinarios y sin la guía necesaria de quien pusiera orden, la rebatiña por los principales cargos era a ojos vistas sin el menor recato y las consecuencias se vieron en todo su esplendor en la pasada elección por la presidencia municipal de Aguascalientes, cuando MORENA puso un candidato sin arraigo, un tipo totalmente desconocido para la población, que perdió vergonzosa y contundentemente a pesar de que era el abanderado del movimiento más empoderado a nivel nacional gracias a su principal emblema que es López Obrador.

A todo lo anterior habría que agregar que el priismo nacional estaba en un tobogán rumbo al abismo, la desilusión y el enojo de la población mexicana hacia el PRI era tremenda, pues para la ciudadanía los tricolores eran la causa de las desgracias nacionales en todos los ámbitos, con un presidente -Peña Nieto- incapaz de poner orden en los principales rubros de bienestar y con acusaciones tremendas de corrupción en su gabinete, ahí tenemos el caso de Emilio Lozoya o del ex gobernador Duarte y otros ex dirigentes que están en la cárcel o andan huidos. Y no contentos los priístas con lo anterior, todavía se aventuraron a realizar la elección del presidente nacional al viejo estilo tricolor, reviviendo a Plutarco Elías Calles para de nueva cuenta aplicar el maléfico “dedazo” y sin importarles lastimar a priistas de reconocida militancia como el ex rector de la UNAM y ex secretario de Salud, José Narro Robles, hombre cabal de reconocido prestigio y con una extensa militancia en el PRI; o la misma Ivonne Ortega Pacheco, ex gobernadora de Yucatán, “la mafia del poder” (dixit López Obrador) se salió con la suya colocando contra viento y marea a un desconocido -para la ciudadanía nacional- Alejandro Moreno Cárdenas, que era gobernador de Campeche y del cual no se conocen aún sus cualidades que lo llevaron a ocupar el máximo cargo en el priismo nacional. Los priistas no entendieron la lección y seguirán en el tobogán al despeñadero.

Obviamente que todo esto repercutía en Aguascalientes y poco o nada podía hacer Enrique Juárez como presidente del PRI. Era una lucha por una causa perdida y prueba de ello fue la pasada elección a gobernador, alcaldías y Congreso del Estado en donde el PRI sufrió la más dolorosa derrota de su historia.

Hoy están de manera interina estos dos priistas, Herminio Ventura y Eduardo Hernández Tavera, que tendrán como tarea organizar todo lo relativo para llevar a buen puerto la elección del próximo dirigente estatal. Ellos por su experiencia salvarán el honor. Los que tendrán dura tarea serán quienes lleguen como dirigentes electos, pues solo irán a quemar la poca credibilidad política que aún puedan tener. El PRI en la actualidad es un partido político insalvable.