Rincón divino

El Cielo está en Tamaulipas, aunque, a diferencia de ese lugar en el que se vive eternamente luego del mundo terrenal, el que se encuentra en territorio mexicano se puede disfrutar en vida y, para los más devotos, bien podría ser otro paraíso.
Este divino lugar, declarado Reserva de la Biosfera por la UNESCO en 1986, abarca cuatro de los 43 municipios del estado fronterizo: Ocampo, Llera de Canales, Jaumave y Gómez Farías. Este último, que se localiza a hora y media por carretera desde la capital, Ciudad Victoria, es la puerta de entrada a El Cielo.
Para recibir al visitante no está San Pedro, pero sí el canto de las aves, el sonido que produce el viento al agitar las ramas de los árboles de mango y el de las caídas de agua que se intensifican con las lluvias. También está el olor a tierra mojada y hierba que invitan a tomar bocanadas de aire profundo y puro, de esas que resultan imposibles en la gran ciudad.
Este es un privilegio que no todos tienen la dicha de experimentar diariamente, dice Gil Hernández, oriundo de Gómez Farías, pero que trabajó cerca de siete años en la Ciudad de México y conoce bien la diferencia entre la rutina agitada de una urbe y la tranquilidad de habitar en El Cielo.
“Cuando naces aquí y siempre has vivido aquí, uno no lo nota, pero cuando sales y regresas tiempo después, sí sientes el aroma del aire, de las plantas y de la hierba, hasta del rocío por las mañanas” cuenta el empleado del Hotel Cumbres Inn.
Las personas saludan y brindan una sonrisa sin conocer a los viajeros. Es una muestra de la calidez con la que reciben a propios y extraños.
“Aquí la gente es muy sencilla. Si no te conocen, igual te platican, te invitan a sus casas y te convidan un taco casero. La gente es muy amigable. Si usted conociera ahorita a mi papá, él le dice: ‘pasa, siéntate en la mesa, vamos a comer'”, comenta Gil.
El Cielo tiene una extensión de 144 mil 530 hectáreas y cuatro ecosistemas distintos: bosque tropical (parte baja), bosque mesófilo de montaña o de niebla (parte media), bosque templado de pino-encino (partes más elevadas) y llanura árida (en las laderas).
Su diversidad de flora y fauna es inmensa. Aquí existen más de mil 619 especies de plantas silvestres, entre las que destaca la magnolia tamaulipana, cuya esencia es muy utilizada en la aroma-terapia, además de diferentes tipos de orquídeas.
Además, la Reserva cuenta con un registro de 572 vertebrados terrestres, de los cuales 28 son anfibios, 68 reptiles, 386 aves y 100 mamíferos. Sobresalen el oso negro, el ocelote, el puma y el jaguar, mismo que en ocasiones merodea entre las casas de los farisenses en busca de alimento.
“Ha habido a quienes les toca ver a un jaguar, de repente sale del monte, se va caminando o corriendo sobre la calle y luego se vuelve a meter entre la vegetación”, asegura Hernández.

Amanecer en las alturas
Son más de las cinco de la mañana y la oscuridad todavía pinta el paisaje de negro en Gómez Farías. El camino hacia un mirador de piedra, que se localiza todavía en una de las partes bajas de la Reserva de la Biosfera El Cielo (unos mil metros sobre el nivel del mar), pinta para ser un poco sinuoso.
A pesar de que el frío no es tan intenso, hay que abrigarse bien, ya que el trayecto se hace en unas camionetas pick ups, cuyas cajas (la parte trasera) están acondicionadas con asientos acolchonados para que el turista pueda ir disfrutando del paisaje, los aromas y los sonidos de la naturaleza.
Mientras se recorren los poco más de cuatro kilómetros de la calle principal del poblado se puede percibir un olor a humo de leña; los locales se levantan antes que el sol para atizar el fuego y preparar un buen café que les brindará la energía necesaria para comenzar el día.
Conforme la camioneta avanza, el cielo empieza a clarear, aunque el sol, caprichoso, se oculta detrás de una densa neblina que se observa en el horizonte y se niega a dar la “cara”.
“¡Alto!”, se escucha al unísono, al tiempo que, entre chiflidos y unos cuantos golpes en la carrocería del vehículo, el chofer se detiene.
Y es que, de repente, el Astro Rey hace su aparición, por lo que hay que aprovechar el poco tiempo que se tiene para intentar sacar una fotografía. Después de unos segundos, se esconde otra vez entre la niebla.
Si bien ya no se puede ver un amanecer con el sol como protagonista, sí es posible asombrarse con una gran panorámica de la Sierra Madre Oriental y el pueblo de Gómez Farías. Además, se comienza a ver otro tipo de vegetación, incluyendo un árbol que los locales llaman papayas locas, del tamaño de toronjas y llamadas así porque son silvestres, aunque es raro que se coman y hasta son motivo de estudio.
“Este lugar es para los que les gusta la naturaleza y la aventura, aunque hay a quienes no les gusta que todo sea extremo, así que pueden elegir tener un día relajado y al otro hacer dos o tres actividades que se ofrecen en el hotel o con los prestadores de servicios del municipio y se la pasan muy bien”, comenta Arturo Sánchez, del departamento de promoción de la Secretaría de Turismo de Tamaulipas.
Así como El Cielo podría percibirse como infinito, las actividades que se pueden realizar aquí también pueden ser interminables.
El propio Hotel Cumbres Inn presume tres tirolesas que, en total, suman 700 metros, además de rapel y escalada, un campo de gotcha y la oportunidad de hacer kayak en el río Sabinas. También ofrecen senderismo y recorridos guiados en bicicleta o a caballo.

Entre la naturaleza
El olor de unos langostinos al mojo de ajo y otros mariscos recién preparados recibe a los visitantes en La Bocatoma y los manda, como hipnotizados, directo a la mesa a disfrutar de estos platillos frescos que se obtienen directo de los criaderos que se encuentran en los alrededores.
En este popular balneario, ubicado a unos 20 minutos de la cabecera municipal de Gómez Farías, se encuentra la Poza Azul, escenario de telenovelas que han colocado en el mapa a este lugar que forma parte de El Cielo.
Después de saborear los manjares y relajarse en unas mesas ubicadas debajo de una palapa, la ruta hacia la Poza Azul comienza atravesando un puente colgante de 30 metros, que, por su movimiento y aparente fragilidad, pone de nervios a más de uno.
“No tengan miedo. Sí se cae, pero no pasa nada, caen en el agua”, bromea Arturo Sánchez.
“La idea es ir cruzando un poco salteados para que el ritmo y el meneo del puente no nos asuste”, agrega quien en esta ocasión funge como guía.
Una vez que se atraviesa la estructura peatonal, construida con madera y acero, se inicia el camino hacia la fosa de agua cristalina y, casi de inmediato, se escucha el canto de los grillos que afinan sus “gargantas” para el concierto nocturno, y algunas aves curiosas se arriman y con su trinar parecieran dar aviso de nuestra llegada.
Varios árboles funcionan como referencias, ya que sus raíces se atraviesan a lo ancho del sendero y forman una especie de escalera que facilita cada paso que se da.
“Ahorita van a ver cómo en este camino van a sentir dos cambios de temperatura. Uno muy fresco y luego uno muy húmedo”, afirma Sánchez, cuya advertencia se hace realidad justo antes de llegar a la Poza Azul y entonces se comienzan a sentir los estragos del calor y la actividad física.
Sin embargo, estando en la fosa de unos 12 metros de profundidad, formada por el cauce del río Frío, algunos aprovechan para acercarse a la orilla y refrescarse; otros contemplan una cuerda amarrada a un árbol que sostiene un pedazo de tronco y que funciona como agarradera para lanzarse al agua, aunque lo consideran mejor, ya que el río sí que hace honor a su nombre.
Dentro de las muchas actividades que se pueden realizar están el esnórquel, kayak y paseos ecológicos en lancha, en los que se pueden observar tortugas y otras especies que ahí abundan. Fuera del agua se pueden aprovechar las paredes de roca para practicar rappel o bien, acampar.
“Nosotros queremos que la gente siga viniendo”, dice Jorge Gudiño, operador de una de las lanchas, “tratamos de consentirlos cuando están aquí y que se queden con ganas de regresar”.
Esta vez, la travesía sólo permitió conocer un pedacito de El Cielo, pero hay pretexto para regresar y explorar sus caminos más altos. Aún así, la experiencia resultó toda una bendición.

Una parada obligada: el CIE
Antes de subir a El Cielo, se recomienda acudir al Centro Interpretativo Ecológico (CIE), donde se explica la importancia de la Reserva de la Biosfera, sus antecedentes históricos y la concientización sobre la conservación de la vida silvestre.
“Todo esto se cuenta a través de intérpretes ambientales, gente de la comunidad a la que se capacita”, dice Perla Castillo, técnico operativo en comunidades del CIE.
El lugar ofrece tres galerías diferentes en las que se brinda información sobre el tipo de flora y fauna, y los ecosistemas que se encuentran en El Cielo, aunque también cuenta con un restaurante y áreas para conferencias, congresos, talleres o eventos sociales.
“Si nos dan la oportunidad de venir a conocer, estoy segura de que se enamorarán de este lugar, así como lo estamos nosotros, van a encontrar gente honesta, trabajadora, que ama su tierra y que está haciendo las cosas bien para cambiar la perspectiva que se tiene de los tamaulipecos”, comenta Castillo.
La Reserva presume cuatro ecosistemas distintos, dentro de los cuales se encuentran registradas más de mil 600 especies de plantas silvestres, 572 vertebrados terrestres y cerca de 900 invertebrados.

TABLA
…Y más arriba
Estos algunos otros lugares que no puedes dejar de visitar en la Reserva de la Biosfera El Cielo.

Alta Cima (12.5 Km.*)
En esta comunidad se comienza a apreciar el cambio de vegetación tropical al bosque templado. Es un buen lugar para practicar senderismo y la observación de aves.

Valle del Ovni (17.7 Km.*)
Gracias a que tiene un extenso llano cubierto de pasto, es un sitio ideal para acampar y disfrutar de un espectáculo nocturno con la luna y las estrellas como protagonistas.

Cueva del Agua (20.8 Km.*)
Está a media hora caminando desde la comunidad de San José y es hogar de una fauna cavernícola, que se caracteriza por la falta de ojos y pigmentación, como isópodos, anfibios y milpiés.

El Elefante (29 Km.*)
Esta formación rocosa de unos cuatro metros de altura y seis de largo se localiza en la comunidad de Emilio Portes Gil y es uno de los sitios más fotografiados de El Cielo. En el CIE hay una réplica a escala hecha de cartón.

Joya de Manantiales (33.3 Km.*)
Es uno de los pueblos más alejados de Gómez Farías, pero la belleza de sus cascadas hace que valga la pena el recorrido. El viajero también puede encontrar cuevas y sótanos naturales.

*Distancia desde la cabecera municipal de Gómez Farías.

GUÍA PRÁCTICA
CÓMO LLEGAR
Desde la Ciudad de México, Aeromar vuela directo a la capital, Ciudad Victoria, desde donde se llega por carretera a Gómez Farías en 90 minutos. O Aeroméxico e Interjet vuelan directo a Tampico, desde donde hay que viajar menos de tres horas por carretera para llegar a Gómez Farías.

DÓNDE DORMIR
Instalado en plena Reserva de la Biosfera El Cielo, el Hotel Cumbres Inn cuenta con 24 habitaciones desde 950 pesos por noche con base en ocupación doble y 10 cabañas con vista a la Sierra Madre Oriental desde mil 435 hasta 2 mil 360 pesos según la cantidad de personas. Tiene dos albercas, dos restaurantes, un bar, un salón de eventos y una capilla.

DÓNDE COMER
A unos 20 minutos de la cabecera municipal de Gómez Farías está el balneario La Bocatoma, cuya especialidad son los langostinos al mojo de ajo. Sirven mariscos frescos que sacan de criaderos propios.
Además de los platillos que se sirven en sus dos restaurantes, El Mirador y Sierra Madre, el Hotel Cumbres Inn ofrece paquetes de carne asada a sus huéspedes desde 160 pesos por persona en el bar La Terraza o en asadores colocados en áreas comunes o cabañas.

MÁS INFORMACIÓN
visitam.mx
gomezfarias.gob.mx
viveelcielo.tamaulipas.gob.mx/centro_interpretativo
hotelcumbres.com.mx
aeromar.com.mx

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