Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

Uno de los primeros retos que las educadoras en servicio deben superar es sobre la creencia que se tiene de preescolar. Muchos padres de familia piensan que “en el jardín de niños tan sólo se juega y se canta”. Al respecto, importa diferenciar que una cosa es jugar, en lo que sea, y otra cosa es aprender jugando. Las educadoras, ciertamente, utilizan juegos, cantos, dibujos, pinturas, como estrategias didácticas para que los niños aprendan y desarrollen el lenguaje y la comunicación, el pensamiento matemático, el pensamiento crítico, la capacidad para explorar el mundo natural y social que les rodea, para aprovechar y cuidar, racionalmente, el medio ambiente; asimismo, a través de juegos, los pequeños resuelven problemas, regulan sus emociones, conviven con sus compañeros, ponen en práctica valores, aprenden a cuidar su cuerpo y la salud y empiezan a tener ideas acerca de su proyecto de vida; y, algo fundamental, mediante dibujos y pinturas desarrollan la sensibilidad y el amor al arte. Aparte de juegos, las educadoras ponen en práctica muchas otras actividades, otras estrategias y utilizan recursos varios, con el objeto de que los niños de preescolar se desarrollen en lo físico, psicológico, emocional, moral e intelectual; es decir, para que se desarrollen integralmente.

En los tiempos actuales, las educadoras tienen otros retos que vencer para lograr una mejor formación de los niños: deben intervenir en los procesos educativos con nuevas habilidades profesionales ante los cambios sociales y culturales de los últimos años; ante la incorporación creciente de las madres de familia al mundo laboral; ante las transformaciones en la organización familiar, la pobreza y la desigualdad social; ante la violencia y la inseguridad; entre otros fenómenos sociales que afectan el desenvolvimiento educativo. Por lo anterior, debe existir consciencia de niños que tienen la oportunidad de jugar libremente, de relacionarse con otros niños, de asistir a eventos sociales, culturales, artísticos y recreativos y de interactuar con tecnologías a su alcance que influyen en el proceso educativo; mientras otros no tienen esas oportunidades. Esta diversidad y la desigualdad de la población infantil imponen desafíos en la atención pedagógica, bajo el supremo principio que todos los niños, independientemente de su condición, tienen derecho de recibir educación de calidad.

Sobre el particular, el nuevo Modelo Educativo asienta, “En contextos adversos, en donde se concentran poblaciones infantiles vulnerables, ya sea por bajo desarrollo, pobreza, aislamiento, violencia o delincuencia, el jardín de niños debe actuar como unidad y buscar la forma de influir hacia afuera, hacia las familias y el entorno, con equidad, con un buen trato, respeto mutuo, cooperación y colaboración en beneficio de los aprendizajes y las formas de relación con los niños.”

En medio de estos desafíos, las educadoras deben tener claro que en ellas está la grave responsabilidad de sentar bases sólidas, no tan sólo para la educación básica sino para la educación y formación integral del ser humano; en otras palabras, de una buena atención y de un buen desarrollo del niño en preescolar depende, en gran medida, el éxito educativo en la vida de una persona. Por tanto, es de suma importancia cuestionarse, ¿qué pasará con miles de niños (de edad preescolar) que no asisten a ningún jardín de niños?, ¿qué pasará con los niños que abandonan el jardín de niños? y ¿qué pasará con los niños, que aún asistiendo al jardín de niños, no logran el desarrollo deseado en sus capacidades?

Una buena cantidad de estudios ha llegado a la conclusión que la vida de una persona se forja durante los cinco primeros años de existencia. Durante este período se aprende a caminar, hablar, pensar y sentar bases del proyecto de vida, con la ayuda de los padres y de las educadoras.

 

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