RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

El domingo pasado el Partido Revolucionario Institucional renovó su dirigencia nacional. Y en esta ocasión lo hicieron sin tener un guía omnipotente como siempre lo habían tenido en la figura del presidente de la república, que era en su momento el que designaba quién sería el líder nacional y en consecuencia nadie de los militantes y dirigentes de sectores priístas se oponían, so pena de ser condenados al ostracismo político en el que era el partido más poderoso de México. Hoy los años han pasado desde aquel año de 1929, cuando el general Plutarco Elías Calles aglutinó a todos los generales en un mismo partido y así logró que se terminaran los golpes de estado, las asonadas y los levantamientos armados que cada general realizaba y fundó el Partido Nacional Revolucionario -PNR- en donde entraron todos los partidos que en ese tiempo había en México, logrando con ello que algunos generales siguieran fundando partiditos políticos, que como hasta el día de hoy, sabemos que siguen siendo grandes negocios, algunos de ellos familiares. Plutarco Elías Calles al fundar el PNR no pensó en que la gente del pueblo participara en el partido, sino que sólo los consideraba como simples votantes en los días de elecciones; aunado a lo anterior que muy poca gente sabía leer y escribir, por lo tanto el PNR era parecidísimo a lo que es el PRI hoy, como lo vimos el domingo pasado. Así también los priístas permitieron la creación de otros partidos para que fungieran como paleros -tal y como ahora será el PRI con el triunfo de Alejandro Moreno ‘Amlito’ que será comparsa de MORENA ya lo verá usted-, pues había que mostrar principalmente a los Estados Unidos que ya existía la democracia en México.  En el año de 1934 Lázaro Cárdenas sustituyó al PNR y fundó el PRM -Partido de la Revolución Mexicana-. El PRM cuyo lema era “Por una democracia de los trabajadores”. Este partido, o este nombre, duró sólo 12 años, pues al llegar Miguel Alemán a la presidencia de México fundó el Partido Revolucionario Institucional haciendo a un lado todo lo que tenía de izquierda el partido de Lázaro Cárdenas. Miguel Alemán se alió con Fidel Velázquez para tener el control de todos los sindicatos que hasta ese tiempo habían estado sueltos.

A partir de 1930 y hasta el 2000, ninguna elección presidencial fue limpia y transparente. En la elección de Vicente Fox el PRI no pudo meter las manos para ganar a su estilo, pero en donde sí hubo un señor cochinero fue en la de Felipe Calderón. La historia nos dice que sólo ha habido tres elecciones limpias: La de Francisco I Madero, la de Vicente Fox y la última, el año pasado, la de López Obrador. De ahí en adelante en todas hubo fraudes electorales tremendos, fueron sucias y tramposas, probablemente la más descaradas fue la de Carlos Salinas, que sin duda perdió ante Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, en la elección de 1988. En esa época todavía las elecciones las organizaba la Secretaría de Gobernación, no existía como hoy el Instituto Nacional Electoral, y el secretario de Gobernación era Manuel Bartlett Díaz, quien hoy es recordado por su famosa frase de: “Se cayó el sistema”, que fue el pretexto para a la medianoche maniobrar para revertir en las oficinas de Bucareli los resultados electorales que hasta ese momento daban el triunfo a Cárdenas Solórzano, siendo uno de los peores atracos a la democracia mexicana. Hoy Bartlett es uno de los ungidos por López Obrador para trabajar en su gobierno como director de la CFE, de la que no sabe nada pero que ahí sigue medrando para no vivir en el error, o sea fuera del presupuesto.

Los priístas se han significado desde que se instituyeron como un partido chapucero, que se dedicaba de manera oficiosa a ganar elecciones para así conservar el poder total del país. ¿Y cómo lo hacen o lo hacían? En primer lugar con el dinero de nuestros impuestos para comprar votos, tiempos en la radio y la tv así como espacios en prensa. Así mismo con el apoyo de los gobernadores en donde todavía mandan. Con el apoyo de los sindicatos y centrales dominadas por el PRI y con el apoyo de los partidos paleros como el Verde y en su tiempo el PANAL. Con el apoyo de los cientos de municipios priístas así como con el apoyo de empresarios. Y desde luego con el apoyo disfrazado de las instituciones electorales como el IFE, TRIFE, etc., sobre todo en los estados y, por supuesto, con el apoyo de la burocracia federal, estatal y municipal.  O sea que competir con el PRI en esos tiempos era tarea más que imposible.

Vargas Llosa, premio Nobel de literatura calificó al régimen del PRI como “La dictadura perfecta” porque había establecido una dictadura que asesinaba poco y que se mantenía viva desde hacía -en ese tiempo- más de 50 años gracias a la corrupción.

El domingo pasado los priístas eligieron a su nueva dirigencia y realizaron la elección al más viejo estilo priísta, como ellos saben y volvieron a hacer las trapacerías de siempre: Robo de urnas, carruseles, los mapaches, los ratones locos, el taqueo, las casillas zapato, las urnas madrugadoras, la operación tamal y toda la mecánica nacional para tener una elección fraudulenta e irregular. Los priístas no entendieron que eso es lo que los ha llevado al desprecio de la población y todo ello por practicar una política degradada, sin valores ni convicciones, sin compromisos, convenenciera, una política de humillaciones, de falta de dignidad. En política hay muchas maneras de morir y otras tantas de resucitar. ¿Resucitará algún día el PRI?