A propósito de la renuncia del General Hidalgo Eddy…

El institucionalismo es una perspectiva teórica dentro de las ciencias sociales que sostiene que a través de reglas y procedimientos albergados en la realidad de un individuo, se pueden determinar sus decisiones y sus actuaciones. Así, los que simpatizan con esta teoría sostienen que las instituciones en donde interactuamos las personas (familia, país, empresa, etc.) y sus características, son las determinantes para el comportamiento de sus integrantes.

Esta corriente de pensamiento, reflejó su evolución en 1984 con el neoinstitucionalismo planteado por March y Olsen en su famoso libro: El redescubrimiento de las instituciones: La base organizativa de la política, en donde, de manera extremadamente sintética, los autores plantean que los diversos componentes culturales, históricos y sociológicos en donde viven las instituciones, son los factores que determinarán el comportamiento de las personas que las conforman.

En la otra esquina de la biblioteca, poco antes de la llegada del neoinstitucionalismo, nació, desde el frío universo de la economía, la teoría de la elección racional con Milton Friedman y compañía, misma que, igual, de forma muy condensada, plantea que los individuos guían sus conductas bajo la lógica de la maximización de sus propios objetivos, es decir, los humanos decidimos en razón de lo que nos genere mayor utilidad o beneficio y menor riesgo o costo. Esta teoría, comúnmente llamada como de la “rational choice”, fue aceptada de maravilla por el campo de la ciencia política como el instrumento ideal para ganar campañas y es armónica con el equilibrio de Nash, desarrollado por John Forbes Nash y que usted seguramente vio en la famosa película de “Una mente brillante”.

Bajo estos dos enfoques se ha venido dando el estudio y comprensión de los acontecimientos sociales, mismos que, por cierto, llevados ahora a aguas más profundas, en términos filosóficos, se reducen al debate entre si el hombre es egoísta y solo actúa viendo para sí mismo o si considera su entorno y lo pondera para su decisión.

Si sigue despierto hasta este punto, además de felicitarlo, le explico que toda esta cantaleta académica me vino a la mente a propósito de la renuncia del ex Secretario de Seguridad Pública del Gobierno del Estado para reflexionar lo externado por parte de la sociedad que señaló que con su salida será inevitable el regreso de la violencia que vivimos en el sexenio pasado.

No me detengo en refutar los comentarios que en este sentido han hecho la prensa de mostaza y las hienas de la política pues es evidente la parcialidad con la que manifiestan sus ideas en razón de los intereses que persiguen, en cambio, prefiero invitar a la comprensión de mi siguiente reflexión argumentada bajo los dos enfoques aburridamente expuestos al inicio:

La seguridad no es logro de una persona sino de una institución, y por institución, no me refiero únicamente a la Secretaría de Seguridad Pública sino a todos los componentes sociales que hoy tiene Aguascalientes (enfoque neoinstitucionalista), y en otras palabras, las condiciones que hoy tiene nuestro Estado, aunque algunos de alma mezquina sigan negándolo, no generan esquemas alentadores para que emerjan los realizadores de la violencia (enfoque racionalista).

El crecimiento económico y la cobertura educativa, no sólo han producido dinero y grados académicos, sino algo incluso más importante, estos dos elementos han generado cohesión social que representa simplemente la principal barrera para la violencia.

Ya en materia concreta de seguridad, Aguascalientes es referente nacional en implementación del mando único y nuestras corporaciones son capaces y confiables gracias, no sólo a una persona, sino a todos los componentes de una institución pública, desde su marco normativo, sus recursos y todos sus integrantes, no sólo la cabeza.

Mayor beneficio tendremos todos si en lugar de disparar mensajes alarmistas nos mantenemos como sociedad informada exigiendo a las autoridades el conservar este clima despejado.

@licpepemacias