El Heraldo de Aguascalientes

Reforma Energética

David Reynoso Rivera Río
La separación entre la información y la opinión corre a cargo de una línea figurativa que puede ser tan delgada o tan amplia en algunas ocasiones. Es por eso que se puede llegar a la conclusión de que una de las tareas más difíciles que tienen ustedes mis queridos lectores, es decidir qué crédito le dan a lo que se les cuenta en los medios de comunicación y hasta qué punto lo podemos dar por objetivo o calificar de subjetivo. En la última semana, nuestros legisladores han decidido dar paso a otra de las iniciativas que requiere nuestro país para salir avante, crecer y competir.
La reforma energética ya fue aprobada en el Senado de la República y hasta el día de hoy, se encuentra siguiendo el curso del proceso legislativo correspondiente en la Cámara de Diputados. El paquete de legislación secundaria que nuestro Presidente envió al Congreso de la Unión con las diversas iniciativas que comprenden la propuesta de legislación secundaria en materia energética dentro de las cuales habrá 9 leyes nuevas y 12 leyes que sufrirán cambio alguno, dando un total de 21 leyes que sin duda alguna permitirán la trasformación de nuestro país.
Conforme fueron surgiendo las modificaciones a nuestro ordenamiento jurídico, también fueron surgiendo los detractores. No es que esté mal ser un crítico, sino al contrario, yo apoyo e inclusive fomento la crítica constructiva y fundamentada con algunas de mis líneas aquí publicadas en El Heraldo; sin embargo, me genera una gran molestia el saber que existen personas con alta popularidad que se atreven a engañar a la gente y hacerle creer cosas que no son ciertas. En esta ocasión, me es imposible dedicar el espacio a hacer un breve sumario de lo que representa la Reforma Energética, pero he decidido abordar y desmentir algunos de los mitos que corren por las redes sociales.
Existe una falsa concepción en todos aquellos que se atreven a usurpar a la patria y mal informan a la sociedad, diciendo falazmente que el petróleo ya no será de los mexicanos. Todo esto, evidentemente, es producto de una estrategia mediática. Por lo que recalco, el petróleo es y seguirá siendo de los mexicanos, ya que dota al Estado de herramientas para extraer los hidrocarburos de forma eficiente y de dientes para castigar a todos aquellos que caigan en conductas indeseables, todo esto a fin de lograr que la actividad sea competitiva y sustentable. Pemex y la CFE se mantienen por ley como empresas ciento por ciento mexicanas, convirtiéndose ahora, en empresas productivas del Estado, dotadas de un gobierno corporativo moderno, con reglas en materia de transparencia y rendición de cuentas. Ahora, todos podremos consultar sus cuentas, sus operaciones y finalmente se establecen medidas específicas para combatir cualquier posible corrupción en las empresas productivas del Estado y/o en las autoridades regulatorias.
De igual manera, mencionar que con la Reforma Energética los precios de la electricidad aumentarán, es totalmente falso. Con las modificaciones al ordenamiento jurídico, se bajarán las tarifas eléctricas y del gas dado que habrá una mayor oportunidad de desarrollar la infraestructura, por ende estimulando de esa manera una mayor producción. Estas acciones permitirán la creación del Fondo de Servicio Universal para la electrificación de comunidades rurales y urbanas marginadas, llevando así energía a poblaciones que hasta la fecha no cuentan con ella.
Al decir que con la mencionada reforma habrá una mayor contaminación, se cae nuevamente en el error derivado de una mala información, ya que por el contrario, se busca fomentar la generación de energía mediante geotermia, energía solar y eólica, todas ellas, energías renovables. Ergo, sustituyendo combustibles contaminantes por aquellos que reduzcan las partículas y emisiones contaminantes por lo que se mejorará la calidad del aire y México seguirá sumando esfuerzos en el combate al calentamiento global.
A grandes rasgos, la famosa Reforma Energética no es para unos cuantos y más vale estar bien informado antes de creer. Combatir la desinformación es uno de nuestros principales deberes como buen ciudadano, y como bien lo dije al principio, ahora usted, mi querido lector, tiene el poder de discernir la información y darle su credibilidad.

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