CDMX.- Arturo Ripstein, quien será honrado en el Festival de Cine de Málaga con el premio honorífico «Retrospectiva», admite con resignación que no es profeta en su tierra.
«Por supuesto que es cierto que soy poco valorado en México», dice del otro lado del teléfono el veterano realizador.
«Aquí yo no soy una presencia de fantasía, ornamental o legendaria, sino que soy un cuate que va al súper y que se pelea con sus colegas. Es normal», agrega.
Aunque de circuito modesto y públicos restringidos, su obra ha hallado espacios en pantallas de todo el planeta, seducido a cineastas como Bong Joon-Ho, y obtenido premios y nominaciones en Cannes, La Habana, Sundance o San Sebastián.
Su más reciente largometraje, El Diablo Entre las Piernas, una meditación sobre la toxicidad en las relaciones de pareja en la vejez, formará parte de la selección oficial del certamen malagueño, que se realizará del 13 al 22 de marzo.
El filme, que llegará a salas mexicanas el próximo mes, inició su recorrido festivalero el año pasado en Toronto, y también pisó Madrid, festín que también reconoció la visión y trayectoria del creador de 76 años.
«Me saqué mi primer ‘lifetime achievement’ hace como 25 años. Posteriormente, era la muerte. Pero he sobrevivido a todos esos reconocimientos, por fortuna», dice, con su particular sentido del humor.
Autor de piezas como Principio y Fin, El Castillo de la Pureza y El Lugar Sin Límites, asegura no tiene títulos consentidos entre su extensa filmografía.
«A todos mis hijos los odio», dice el director.
Sumamente autocrítico con su trabajo, incluso adelanta la frase que le gustaría adornara su epitafio: «Hice lo mejor que pude y nunca fue suficiente». (Mario Abner Colina/Agencia Reforma)