Gerardo Muñoz Rodríguez

En los últimos días, la próxima secretaria de Economía federal, la doctora Graciela Márquez Colín, manifestó la intención de incrementar el salario mínimo en un 14.3% para comienzos del próximo año. Esto significaría pasar de los 88.3 pesos actuales, a 101 pesos diarios. De igual forma, se reveló la intención de doblar el salario mínimo actual en la frontera norte del país. De esta forma, para dicha franja, a partir del primero de enero del 2019, estaría tasado en 176 pesos.

Veamos los enfoques que deben ser considerados ante tal noticia.

Partamos desde el hecho de que en México contamos con uno de los peores salarios mínimos en toda América Latina. Según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, quien es el encargado de medir la pobreza extrema, la cantidad actual no alcanza siquiera a cumplir con la línea de bienestar para el país, la cual está posicionada en 2 mil 975 pesos mensuales.

La situación se complica, cuando, de acuerdo con el INEGI, al cierre del segundo trimestre de 2018 había más de 8 millones 700 personas ocupadas que perciben ingresos mensuales equivalentes a un salario mínimo o menos.

Esto pone en contexto la realidad de que se tiene un severo atraso en esta materia. El poco aumento del ingreso de los mexicanos, ha ocasionado que, en los últimos treinta años, según datos de la Comisión Nacional de Salarios Mínimos, el poder adquisitivo de los mexicanos ha perdido un setenta por ciento de su valor.

Siendo así, parecería lógica la necesidad de incrementar el salario mínimo. Nadie puede negar que un mayor poder adquisitivo más homogéneo en la sociedad nos permite poder incrementar un dinamismo en la demanda interna, ocasionando un mayor consumo de bienes y servicios que logre alcanzar la meta que buscamos todos los mexicanos: tasas de expansión económica más elevadas. Sin embargo, debemos analizar la forma correcta de hacerlo.

La actualización del ingreso mínimo de un trabajador, puede ocasionar una serie de detrimentos para la economía. En primer lugar, está la posibilidad de que la empresa no pueda absorber dicho aumento y se ve en la necesidad de despedir personal con la finalidad de no caer en complicaciones financieras. Esto ocasionaría que los ya alarmantes números de la informalidad, se expandiera aún más: dejando a familias mexicanas en situaciones precarias.

Por otro lado, se encuentra el tema de la inflación. Hemos comentado previamente, que una acentuación descontrolada de salario mínimo, pudiera ocasionar que el alza generalizada de los precios tuviera una expansión semejante o inclusive mayor que el monto que se está incrementando.

Recordemos que la clase más marginada en el país, la cual, de encontrarse en el sector formal, es la que se hace acreedora a este ingreso, es la más vulnerable ante ascendentes tasas inflacionarias. Esto ocasionaría que el mayor ingreso que reciben, fuera absorbido por la inflación.

Ante esto, debemos cerciorarnos de que el incremento esté debidamente fundamentado y no es simple y sencillamente una medida populista, con la que se busca la aceptación social, a causa de un riesgo económico en un mediano y largo plazo. No olvidemos casos como Turquía y Argentina; donde sus economías se están colapsando por la falta de profundidad en sus propuestas.

Está totalmente consciente de la necesidad de ajustar el ingreso mínimo en el país, sólo cuidemos las formas y hagámoslo de manera progresiva, con la finalidad de evitar un desajuste en la economía.

Referencias:

  • Recuperado de: https://www.coneval.org.mx/Evaluacion/IEPSM/IEPSM/Paginas/IEPDS-2018.aspx.(2018). Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social.
  • Recuperado de: http://www.inegi.org.mx/est/contenidos/proyectos/cn/ee/default.aspx (2018). Instituto Nacional de Estadística y Geografía.
  • Recuperado de: https://www.gob.mx/conasami/documentos/informe-mensual-sobre-el-comportamiento-de-la-economia-agosto-de-2018?idiom=es. (2018). Comisión Nacional de Salarios Mínimos

@GmrMunoz