Raíces viejas, ramas vivas

Adrián Flores

En la céntrica calle Miguel Hidalgo y Costilla, entre las calles Hospitalidad y Licenciado Francisco Primo Verdad, se vislumbran dos árboles tremendos, de tronco ancho y copas majestuosas. Bajo ellos generaciones de niños, adultos y ancianos solitarios han gozado de su sombra. Más de una pareja de abuelos recuerdan cómo en su juventud, el jardín donde se sitúan los dos gigantes era testigo de las promesas de amor.
Se trata de dos laureles de la India que, según cuenta la historia, fueron plantados por Pedro Rivas Cuéllar quien fuera pionero en la radiodifusión de Aguascalientes. Se dice que a la edad de 5 años, y con ayuda de su madre logró cuidarlos. Cada uno de estas piezas solemnes cuenta ya con mas de 100 años de edad.
Esta leyenda podrá ser cuestionada, pero lo que no cabe duda es que, a pesar de todos los cambios que ha recibido el jardín donde habitan, los árboles siguen causando tanta presencia que sería inimaginable que los borren del mapa.
Si estos laureles contaran todo lo que han visto durante décadas, bastantes verdades serían descubiertas. Esto los convertiría en dos diablos, porque como dice el dicho, “más sabe el diablo por viejo que por diablo”.
Para los colindantes de la zona, estos dos árboles no sólo embellecen el lugar, sino que tienen un valor sentimental. Otorgan sombra y frescura en el verano y son los acompañantes perfectos para tomar un helado, conversar o leer. Los dos seres centenarios, como todos los árboles que han podido sobrevivir a la urbanización, merecen nuestro resguardo, porque en sus raíces está nuestra historia y en su follaje nuestro presente.