Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

“La presión ideológica incapacita más que la presión comercial. Incapacitar tu propia libertad creativa y de pensamiento incapacita el resultado final”. Estas palabras provinieron de un hombre que, en efecto, jamás promovió, coqueteó o siquiera consideró la naturaleza del concertasecionismo artístico, pues su cuerpo de trabajo se mantuvo firme y direccionado a sus predilecciones narrativas, donde el hombre y su lucha contra los factores incapacitantes de la sociedad, el sistema e incluso de sus semejantes predominaban. Este hombre fue Jan Tomas Forman, mejor conocido por su nom de guerre fílmico Milos Forman, dotado cineasta checo cuya astuta mirada legó a la cinematografía algunas de sus imágenes más icónicas mientras que su mente, versada en la realidad y la ironía, narró con maestría sobre el mundo, los adversos matices que lo hacen girar y la belleza camuflada en sus entrañas a través de dementes, compositores vieneses y pornógrafos que señalaban la cordura oculta en sociedades que incapacitan la libertad creativa y el pensamiento.
Forman, al igual que Roman Polanski, forjó una perspectiva de la humanidad desde las trágicas calles de su natal Checoslovaquia asoladas por la Segunda Guerra Mundial, conociendo la orfandad desde pequeño cuando su madre, administradora de un hotel veraniego, y su padre, de profesión maestro, fueron llevados a los campos de concentración nazis por formar parte de la resistencia europea y siendo ejecutados en Auschwitz y Buchenwald, respectivamente. Aprendiendo que este orbe solo puede ser tomado por el más fuerte, se matriculó en la Academia de Cine de Praga con el fin de filtrar su educación existencial en historias que terminarían moldeando una Nueva Ola creativa en su país con filmes agudos y satíricos como “Los amores de una rubia” (1965), atípica reflexión sobre el amor con una protagonista que hará todo lo posible por conseguir pareja ante el desigual radio de 16 féminas por hombre en el pequeño pueblo donde vive y “¡Al fuego, Bomberos!” (1967), hilarante sátira sobre un bien intencionado pero inepto cuerpo de bomberos checo que enfrenta varios predicamentos cuando organizan un baile de despedida para su jefe. Estos trabajos le dieron fama, reconocimiento de la crítica y polémica, pues el gobierno checoslovaco no veía un epigrama ingenioso en sus relatos, sino severas críticas a un sistema político que restringía la libertad de expresión (y probablemente estaban en lo correcto). La situación se agudizó con la invasión a su país por las tropas del Pacto de Varsovia el verano de 1968, por lo que emigró primero a París y después a los Estados Unidos, donde su postura en cuanto a la muestra del hombre común devorado por las inequidades socioculturales lo acompañó y dio como resultado algunos de los filmes más memorables producidos durante la era del Nuevo Hollywood.
Su primer gran éxito fue “Atrapado sin salida” (1975), adaptación de la novela de Ken Kesey con la insigne interpretación estelar de Jack Nicholson como un personaje incapaz de quebrantar la rigidez institucional de un sanatorio mental, adoctrinando a los internos en el arte de la individualidad mientras mide fuerzas con la implacable enfermera Ratched (la inolvidable Louise Fletcher), representación cabal de la vieja guardia política norteamericana. La cinta fue instrumento de madurez narrativa durante esa generación y fue la primera en conseguir los cinco Oscares principales de aquel año (Mejor Película, Director, Actor, Actriz y Guión). Su cruzada por el descollamiento de los inadaptados, y socialmente debilitados prosiguió con obras distinguidas por su ferocidad argumental, observaciones profundas sobre sus sujetos-tema y el no fracturar la honestidad de su mensaje, como es el caso de “Ragtime” (1981), parábola posmoderna sobre el racismo y la intolerancia en el Nueva York de principios de siglo XX que se adecua perfectamente al clima social estadounidense actual; “Amadeus” (1984), delirante biopic de Wolfgang Amadeus Mozart (interpretado con elocuencia y demencia por Tom Hulce) narrado con tino desde la perspectiva psicológica de Antonio Salieri (F. Murray Abraham) quien describe al genio musical austriaco como un ser trastornado por su brillantez y asediado por demonios del pasado teniendo como marco una exquisita y apropiadamente barroca puesta en escena que rescata con riqueza cromática la Austria del Siglo XVIII. Por su parte, “Larry Flynt: El Nombre del Escándalo” (1996) y “El Lunático” (1999) mostraban dos caras de una moneda cultural sustentada en la celeridad de la celebridad y la poca disposición de la mente para comprenderla. La primera muestra al pornógrafo Larry Flynt (un inmejorable Woody Harrelson) como el arquitecto tanto de un imperio de la carne a través de su publicación setentera “Hustler” como de un modelo de pensamiento iconoclasta y reformista necesario en la Norteamérica del Watergate -enunciando en una escena de la cinta que “la vagina de una mujer es tan bella como su rostro”- hasta su confrontación con el sistema judicial de su país, mientras que el segundo ahonda en la carrera del comediante Andy Kaufman (encarnado por Jim Carrey en un punto transitorio de su carrera) derrotado por sí mismo ante su extravagante ejercicio cómico hace más de 30 años (si se desea escrutar más sobre el tema, favor de ver el excelente documental “Jim & Andy”, original de Netflix).
“¿Quién no simpatiza con un desvalido Por supuesto, yo sí. Creamos instituciones, gobiernos y escuelas para ayudarnos a vivir, pero cada institución tiende, después de un tiempo, a comportarse no como si debiera servirnos, sino que nosotros les sirvamos”. Milos Forman verdaderamente creía, después de sobrevivir en contextos desfavorables (la Checoslovaquia comunista y Hollywood) que el ser humano logra cual Ave Fénix, resurgir de las cenizas de la adversidad, tomando ejemplos con apellidos tan diversos como Mozart, Flynt o Kaufman. Y eso constituyó uno de los ideloectos más deslumbrantes en la cinematografía de finales del Siglo XX. Descansa en paz, Milos Forman.
La libertad te alcanzó como si un nativo americano de dimensiones totémicas te la hubiera mostrado lanzando un bebedero por un ventanal.

Correo: corte-yqueda@hotmail.com

¡Participa con tu opinión!