Luis Muñoz Fernández

Definitivamente desencadenado, Prometeo, al que la ciencia proporciona fuerzas nunca antes conocidas y la economía un infatigable impulso, está pidiendo una ética que evite mediante frenos voluntarios que su poder lleve a los hombres al desastre. La tesis de partida de este libro es que la promesa de la técnica moderna se ha convertido en una amenaza, o que la amenaza ha quedado indisolublemente asociada a la promesa. Es una tesis que trasciende la mera constatación de la amenaza física. El sometimiento de la naturaleza, destinado a traer dicha a la humanidad, ha tenido un éxito tan desmesurado –un éxito que afecta ahora también a la naturaleza humana– que ha colocado al hombre ante el mayor reto que por su propia acción jamás se le haya presentado. Todo ello es novedoso, diferente de lo anterior tanto en género como en magnitud. Lo que hoy puede hacer el hombre –y después, en el ejercicio insoslayable de ese poder, tiene que seguir haciendo– carece de parangón en la experiencia pasada. Toda la sabiduría anterior sobre la conducta se ajustaba a esa experiencia; ello hace que ninguna de las éticas habidas hasta ahora nos instruya acerca de las reglas de “bondad” y “maldad” a las que las modalidades enteramente nuevas del poder y de sus posibles creaciones han de someterse.

Hans Jonas. El principio de responsabilidad. Ensayo de una ética para la civilización tecnológica, 1979.

Fue mi hijo Luis quien me advirtió sobre la noticia que había sido publicada en el periódico El País el pasado 31 de julio de 2019: “Científicos españoles crean quimeras de humano y mono en China” (https://elpais.com/elpais/2019/07/30/ciencia/1564512111_936966.html). Además del aviso de la noticia, mi hijo agregó: “Se nos viene El planeta de los simios”.

Según la mitología griega, la quimera, hija del titán Tifón y de la ninfa Equidna, era un monstruo híbrido que vagaba por el Asia Menor devorando animales y engullendo rebaños enteros.

De su unión con Ortro, el perro de dos cabezas y hermano del Can Cerbero que custodiaba la entrada al inframundo, nacieron la Esfinge y el León de Nemea, al que Hércules venció en el primero de sus doce trabajos.

Aunque las descripciones varían según la fuente que se consulte, la Quimera tenía cuerpo de cabra, cola de serpiente o de dragón, cabeza de león y arrojaba un fuego por su boca que lo abrasaba todo. Murió derrotada por el héroe Belerofonte a lomos de Pegaso, el caballo alado al que había domado.

Existen quimeras reales en la naturaleza y las hay creadas por el hombre, aunque ninguna se parece a la de su contraparte mitológica. En la biología y también en la medicina se denomina quimera a un ser vivo que contiene células de diferentes linajes, lo que sucede por ejemplo cuando dos cigotos (resultado de dos fecundaciones independientes) se fusionan espontáneamente en el vientre materno dando lugar a un ser humano que contiene células de dos constituciones genéticas diferentes. También en algunos tumores malignos, debido a las numerosas mutaciones que acumulan, aparecen células de composiciones genéticas distintas.

Como ya señalamos en las líneas precedentes, el ser humano puede fabricar quimeras. Por ejemplo, lo ha venido haciendo desde que realiza con éxito los trasplantes renales y de otros órganos que provienen de un donador genéticamente distinto del receptor.

Pero existen unas quimeras artificiales a cuya creación los científicos han tenido acceso recientemente gracias a su mayor conocimiento del desarrollo embrionario y a las nuevas técnicas de edición del genoma, de las que hemos tratado en este espacio en otras ocasiones. Desde luego que la manipulación de estos embriones se ha hecho en animales no humanos… hasta ahora.

Juan Carlos Ispizúa Belmonte es un farmacéutico español especializado en la biología del desarrollo. En la actualidad es profesor e investigador en el Instituto Salk de Estudios Biológicos en La Jolla, California y, simultáneamente, catedrático extraordinario de biología del desarrollo en la Universidad Católica de Murcia, España. Dirige un equipo de investigadores repartidos entre ambas instituciones. En 2004, participó en la creación del Centro de Medicina Regenerativa de Barcelona que dirigió los siguientes diez años.

El equipo de científicos liderado por Ispizúa acaba de crear en China las primeras quimeras de mono y humano. Lo han hecho en aquel país porque este tipo de experimentos está prohibido en España y su objetivo es avanzar en la posibilidad de convertir a los animales en una especie de fábricas de órganos humanos para trasplantes. Ya se sabe que en la actualidad existe una gran escasez de órganos disponibles para ser trasplantados.

Su colaboradora Estrella Núñez, bióloga y vicerrectora de investigación de la Universidad Católica de Murcia, afirma que los resultados son muy prometedores. No da más detalles porque están preparando los datos de las investigaciones para publicarlos en una prestigiosa revista científica internacional.

¿Qué es lo que han hecho exactamente? Inyectar células madre humanas (capaces de convertirse en cualquier órgano) en embriones de mono. Tras observar que estas células sobrevivían dentro del organismo del primate, han abortado la gestación. ¿Por qué?

El doctor Ángel Raya, sucesor de Ispizúa como director del Centro de Medicina Regenerativa de Barcelona, nos señala cuáles son las “barreras éticas” de estos experimentos con quimeras: “¿Qué pasa si las células madre escapan y forman neuronas humanas en el cerebro animal? ¿Tendrá conciencia? ¿Y qué pasa si estas células pluripotentes se diferencian en espermatozoides?” A lo que responde Estrella Núñez asegurando que el equipo de Ispizúa ha “habilitado mecanismos para que si las células humanas migran al cerebro se autodestruyan”.

Por otro lado, la comunidad científica ha acordado que en estos experimentos la gestación de las quimeras se interrumpa para que no pase más allá de los 14 días, “un tiempo insuficiente para que se desarrolle un sistema nervioso central humano”. Antes de que alcancen los 14 días, los embriones quiméricos son eliminados.

Fue el biólogo japonés Hiromitsu Nakauchi, cuyo equipo trabaja en la Universidad de Stanford, California, y en la Universidad de Tokio, el primero que creó quimeras de rata y ratón en 2010. En 2017, su equipo generó páncreas de ratón dentro de ratas y demostró que, una vez que se trasplantaron estas células pancreáticas en ratones diabéticos, se lograba revertir la enfermedad.

Nakauchi cree que llegará el momento en el que se saltarán las barreras éticas actuales y se permitirá que llegue a su término la gestación de las quimeras. En este sentido, en marzo de 2019 Japón modificó la ley que prohibía estos experimentos más allá del día 14 de la gestación y la transferencia de los embriones al útero de una hembra animal, lo que sin duda conducirá a que nazcan animales con células humanas.

Todo lo anterior trae inevitablemente a nuestra memoria relatos de ciencia ficción que todos conocemos y que suelen acabar de manera trágica como, por ejemplo, la serie de películas El planeta de los simios (1968-1973, 2001, 2011-2017) o aquellas historias sobre experimentos con animales y seres humanos como Next (2006), la última novela de Michael Crichton, el autor de Parque Jurásico (1990), en la que aparece Dave, un híbrido de chimpancé y humano.

Estrella Núñez afirma que “lo que queremos es progresar en pro del beneficio de las personas que tienen una enfermedad. Hemos pedido nuestros permisos y está dentro de nuestra ética”, subraya la bióloga. Núñez recuerda que las autoridades españolas ya aprobaron la creación de quimeras de cerdo y humano en Murcia en 2017. “Si la naturaleza sabe hacer ciertas cosas, ¿por qué tenemos que hacerlas nosotros en una placa de laboratorio?” Y, finalmente, agrega: “La ciencia no es algo a lo que le puedas poner puertas. Los caminos de la ciencia te llevan luego hacia ramas en las que nunca hubieras pensado. A pesar de que podamos no llegar a conseguir órganos para trasplantes, si no pasáramos por aquí no habría un avance en la ciencia”.

Para el filósofo Hans Jonas (1903-1993), la ciencia se adelanta a la ética. Ante este desfase, lo único que nos puede servir de guía es la percepción del peligro que anticipamos en la alteración profunda de la naturaleza humana. ¿Hasta dónde debemos llegar?

https://elpatologoinquieto.wordpress.com