Noé García Gómez

Pareciera que la historia es cíclica cuando de pandemias se trata, cada tanto, el mundo entra en histeria colectiva por el pánico de enfermedades de transmisión y que los medios de comunicación de todo tiempo se encargan de informar tan descontroladamente que confunde y espantan.

Solo un vistazo a Google nos recuerda que desde 1918 con la llamada gripe española y en 1957 con la gripe asiática. Pero cómo no recordar el caso de los años 80 con la entonces desconocida enfermedad de transmisión sexual SIDA, que de manera despectiva en un inicio le llamaron Peste Rosa, también provocó para estigmatizar y generar campaña de odio contra un sector social como los homosexuales.

En el nuevo milenio el primer pánico global fue el SARS en 2002, pero una de las que mayores efectos de pánico género en México fue la H1N1 que llevo a suspender eventos masivos, como la feria de San Marcos en nuestro Estado; siguieron el ébola con epicentro en África y el MERS con origen en Oriente Medio.

Con lo anterior esperaríamos que los medios, gobiernos y sociedad ya tomaran medidas, la realidad es que no, al día de hoy en nuestro país seguimos teniendo muertes por H1N1 simplemente por omitir la vacunación, no tener los cuidados básicos para prevenir como el de taparse correctamente al estornudar, lavarse las manos y evitar saludos de contacto.

No soy un experto inmunológico, ni médico, pero creo que fundamentalmente tenemos que tener presente dos cosas: primero se tiene que mantener la calma y segundo tomar las medidas preventivas y cuidados necesarios de manera personal.

Pero además, unas preguntas ¿Por qué las potencias mundiales se unen cuando hay una amenaza terrorista y de manera conjunta destinan miles de hombres y recursos para enfrentarlo y en casos como esto se dan batallas aisladas? Yo esperaría que los países más poderosos estuvieran reunidos, destinando un ejército de científicos, médicos y especialistas con recursos iguales o superior a los que destinaron por ejemplo en la guerra del golfo, para encontrar vacunas, así como atender a los enfermos y desacelerar la dispersión.

No tenemos que minimizar lo que está ocurriendo y ser conscientes de que cada vez será más común el surgimiento de este tipo de extrañas enfermedades. Por lo que todos tenemos que preguntarnos si ¿Somos lo suficientemente inteligentes como especie para evitar un destino catastrófico provocado por nosotros mismo? Para ello tenemos que confiar en que nuestros gobiernos estén dispuestos a poner a disposición el conocimiento, talento, recursos y capacidad de respuesta.

Para finalizar ¿Quién tiene que reaccionar ante este tipo de pandemias? La respuesta es sociedad y gobiernos, los individuos primero no sobre reaccionar y regresar a las medidas básicas pero efectivas de taparse correctamente al estornudar, lavarse las manos y evitar saludos de contacto y los gobiernos generando estrategias, pero no individuales sino de coordinación internacional, que nos dé garantías de que será más efectivo para contener.