Josemaría León Lara Díaz Torre

De los tres caballeros de nombre Adolfo que llegaron a ocupar la Presidencia de la República, el más célebre de ellos, seguramente fue Don Adolfo López Mateos, mismo que gobernó México de 1958 a 1964. Originario del Estado de México, donde en la actualidad su ciudad natal lleva su nombre; se desempeñó como Senador de la República durante el sexenio de Miguel Alemán y posteriormente como Secretario del Trabajo y Previsión Social, en el gobierno de quien habría de ser su antecesor en la presidencia, Adolfo Ruiz Cortines.

Conocido por su carisma, porte de caballero y su innegable talento para la oratoria, hacían de Adolfo López Mateos una especie de ídolo ante el ojo público, siendo aplaudido en las corridas de toros y en los estadios que visitaba. Conocido no por ser un alumno brillante, sino más bien por su deportivismo destacado, además de su afamado gusto por las mujeres; pues se dice que, durante su presidencia, al despertarse preguntaba: ¿Qué toca hoy? ¿viaje o vieja?

Opositor al sistema en sus inicios políticos, formó parte del equipo de campaña de José Vasconcelos a la presidencia; podríamos decir que era un orgulloso idealista de izquierdas que poco a poco se fue convirtiendo en uno más de aquel sistema contra el cual luchaba. Como muchos otros de su época, pensemos en su fiel amigo Gustavo Díaz Ordaz, quien sería su Secretario de Gobernación y posteriormente sucesor en la titularidad del ejecutivo federal; probablemente el error político más grave que llegó a cometer en su vida.

Sin embargo, su liderazgo nato se vio opacado por la dura mano con la que manejó los asuntos sindicales y la oposición al régimen fuertemente consolidado del partido fundado por Plutarco Elías Calles en 1929. Basta recordar las huelgas de los electricistas y de los ferrocarriles, donde los líderes fueron encarcelados por cuestiones políticas; en otras palabras, a pesar de su admirable personalidad el duro régimen de Don Adolfo, no pasó inadvertido.

López “paseos”, como también llegó a conocérsele, fue un presidente con una clara determinación de abrir a México al Mundo. Teniendo un mandato ciertamente fructífero en lo que a relaciones diplomáticas se refiere, pues se recuerdan sus múltiples viajes al extranjero. Inclusive, el entonces presidente de los Estados Unidos, John F. Kennedy realizó una vista de Estado a nuestro país, en el año de 1962.

En materia económica, la presidencia de López Mateos bajo el formato del llamado “desarrollo sostenido”, permitió un crecimiento anual del 6%, logrando que la industria se fortaleciera. Por otro lado, en educación, fue quien estableció la comisión de libros de texto gratuito, misma que permanece hasta nuestros días. Finalmente, a 49 años del fallecimiento de Don Adolfo, vale la pena recordar al que quizás es el último presidente popular de la historia reciente de nuestro país, haciendo de este enigmático personaje un claro ejemplo, del matiz con el que se ejerce el poder público en México.