Ricardo Vargas

La renuncia de Carlos Urzúa como secretario de Hacienda y Crédito Público el martes pasado sacudió tanto a la opinión pública como a los mercados financieros en nuestro país. Por un lado están quienes creen que Urzúa renunció por no poder asimilar y aceptar la política económica del nuevo gobierno federal, pero por el otro lado estamos aquellos que creemos que más allá de preferencias e ideologías, la renuncia fue causada por una fuerte intervención del Presidente de la República en las decisiones de dicha secretaría.

En una carta breve pero muy directa y con un tono (en mi opinión) muy fuerte, el académico del Tecnológico de Monterrey, manifestó los motivos por los que decidió separarse del cargo. En tan sólo cuatro párrafos, la carta ilustra los principales puntos de desacuerdo entre el entonces secretario y la oficina presidencial; falta de evaluación de impacto en políticas públicas y un posible conflicto de interés en la imposición de funcionarios a dicha secretaría.  Me permito citar algunos fragmentos de dicha carta; “…en esta administración se han tomado decisiones de política pública sin el suficiente sustento.”, “Estoy convencido de que toda política económica debe realizarse con base en evidencia,… de derecha o izquierda.”, “…me resultó inaceptable la imposición de funcionarios que no tienen conocimiento de la Hacienda Pública.” Minutos después de que esta carta fuera difundida, la noticia comenzó a publicarse en varios medios nacionales y los mercados financieros reaccionaron rápidamente. Es necesario entender que más allá de la ideología de quien sea presidente, o las razones por las que pueda renunciar un miembro del gabinete presidencial, la renuncia de un secretario de Hacienda en México y en cualquier otro país, generará inmediatamente una atmósfera de incertidumbre y desconfianza hacia dicha economía. Es justamente lo que sucedió en nuestro país, y es la razón por la cual tanto el peso como la bolsa tuvieron desempeños fuertemente negativos. El tipo de cambio USD/MXN en su cotización interbancaria se ubicaba sobre los 18.89 pesos a las 10:00 horas del martes (día en que se difundió la noticia), y para las 11:36 horas ya había alcanzado un nivel máximo de 19.36 pesos por dólar. En este tiempo el dólar no registró ninguna apreciación por sí mismo, por lo que este cambio se atribuiría directamente a una cuestión relacionada con nuestro país. Por el lado del mercado de capitales, el Índice de Precios y Cotizaciones de la Bolsa Mexicana de Valores había registrado también un bajo nivel de volatilidad, y a las 09:00 horas del mismo martes alcanzaba un valor máximo diario de 43,618 puntos, pero para las 11:42 am había caído hasta los 42,954 puntos. Algunos días después y sin noticias que hayan impactado fuertemente a los mercados, hasta la tarde de ayer el tipo de cambio USD/MXN cotizaba sobre los 18.98 pesos por dólar, mientras que el IPC de la bolsa se colocaba en 42,652 puntos. Ninguno de los dos logró todavía alcanzar los niveles en los que se encontraban previo a la renuncia de Urzúa.

La razón es realmente simple, pues el secretario de Hacienda es posiblemente el funcionario más importante del gabinete, tal vez compartiendo el título con el secretario de Gobernación, por lo que la renuncia de éste genera naturalmente incertidumbre en inversionistas tanto nacionales como extranjeros. En consecuencia, se da lo que se conoce como una fuga de capitales, e independientemente de la magnitud, lo que vemos es una venta de activos nacionales (pesos y acciones en la bolsa) por temor a que éstos pierdan su parte importante de su valor debido a la renuncia, lo que disminuye en consecuencia el valor de dichos activos. Esto es lo que sucedió esta semana en nuestro país.

Debemos entender entonces la importancia del papel que guardan los secretarios de estado frente al desempeño de los mercados financieros y frente a la percepción que se tiene a nivel internacional de nuestro país. Asimismo, hay que tener presente que de nada servirá que tengamos a un nuevo secretario de Hacienda capaz y preparado, si no se le hará caso al momento de tomar una decisión importante. El mercado premia, pero también castiga.

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