Noé García Gómez

Desde que inició la real competencia por la alternancia en Ejecutivo Federal, en la elección de 1988, lo que se disputaba en las elecciones y sobre todo las presidenciales, era el proyecto de país, el contraste ideológico, con tres grandes corrientes; la socialdemocracia de Cárdenas y el FDN, la democracia liberal de Clouthier y el PAN, y el Neoliberalismo de Salinas y el PRI.
Las tres campañas presidenciales subsecuentes, fue algo similar. La batalla ideológica del PRD y PAN por lograr cuál de los dos proyectos ideológico (Socialdemocracia o democracia liberal) podría llegar a Los Pinos encontró su clímax en 1997 cuando el PRI perdió la mayoría en el Congreso de la Unión, y finalmente, en 2000 con el triunfo del PAN y Fox.
Lo siguiente fue, la contienda por contrastar el proyecto de la derecha democrática en el poder y la izquierda democrática como oposición, lo que provocó el regreso del PRI al Ejecutivo Federal.
Después del 2012 ocurrieron sucesos que sentarían las bases; quedaría disparos certeros encontrar de la ideología en los partidos y destaco principalmente cuatro;

I. El Pacto por México; el proyecto madre de Peña Nieto, donde a través de una agenda encarriló a prácticamente todos los partidos a impulsar grandes (más no certeras) reformas en el país, ahí convivían PRI, PAN, PRD;

II. Las alianzas electorales locales; la disputa por las gubernaturas generó que PRI y PAN contemplaran aliarse con partidos disímbolos ideológicamente, el primero con el PT, PES, el segundo con PRD;

III. La postulación de personajes con origen de un partido hacia el otro, muchas de las candidaturas locales fueron ocupadas por personajes que fueron relegados en sus partidos de origen;

IV. Finalmente la conformación de las coaliciones y candidaturas en este proceso, un filo panista como Meade encabezando al PRI, el PAN aliado al PRD y MC, y MORENA aliado a la ultra-derecha del PES, y recibiendo adhesiones de lo más rancio del PRI como Elba Esther o “Napito”.

Llegó el resultado de la competencia electoral y nos encontramos que la actual mayoría encabezada por el Virtual Presidente Electo tiene figuras de los extremos ideológicos. Además la oposición se comporta como administradores de la agenda y caciques de organización; a que me refiero, la agenda pública la sigue poniendo López Obrador y ellos solo reaccionan balbuceando lugares comunes, no hay un real proyecto de oposición; y por otro lado no realicen un serio balance de lo que sucedió y su papel como dirigentes y partido, están más preocupados en conservar, a toda costa, el control partidista de las burocracias.
El pasado 24 de febrero escribí “Querámoslo o no, las ideologías servían como una conciencia ética y moral para los partidos y sus dirigentes; por lo que, gane quien gane no tendrá ese rumbo ideológico y los principios que lo puedan sostener, pero también se enfrentará a una oposición donde el pragmatismo coyuntural no tendrá un límite ético, Silva-Herzog dice que hay que empezar a pensar el país después de julio, y en esa reflexión agrego, muy probablemente será un orden político donde el pragmatismo será el motor de las decisiones, lo que nos puede llevar al riesgo de debilitar las instituciones y la incipiente democracia.”
Hoy lo anterior se está realizando, el nombramiento de algunos polémicos personajes en el próximo gabinete; así como la descarnada disputa por el control de los partidos, nos reflejan que el rumbo del país no se encuentra en un serio debate por parte de nuestra clase política, ellos, la oposición está pensando en el siguiente proceso electoral. No en el rumbo que tomará nuestra nación.
Lo mejor que pudiera ocurrir es que regresaran (el abanico de posibilidades) los toques ideológicos a los partidos, que la conciencia ideológica se apoderara de los dirigentes y así se centra el debate en términos filosóficos y de fondo y no pragmáticos y coyunturales.

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