Carlos Reyes Sahagún

Cronista del Municipio de Aguascalientes

El sábado 16 de septiembre de 1989 –mañana se cumplirán 25 años– Radio Universidad emitió por vez primera un programa por demás singular, que recibió el título de Al tranco, origen, esencia.

En ese entonces la radioemisora universitaria transmitía en el 1370 de amplitud modulada, y este programa sabatino, que nació alrededor del día del charro, 14 de septiembre, se fijó como objetivo central la celebración de la cultura y valores de México en general, y la difusión de temas relacionados con los charros y la charrería en particular –supongo que sería redundante decir charro mexicano.

El programa inició su andadura a iniciativa de los médicos Miguel Angel Argüelles Mier, Juan José de Alba Martín, quien por cierto no participó en ese primer programa, por haber desfilado, el ganadero Fernando Topete Ceballos, y desde luego el señor José Dávila Rodríguez, entonces director de Radio UAA.

Con ellos estuvieron, en la conducción, Juan Antonio Vera López, locutor y profesor del Departamento de Comunicación de la universidad, en tanto que Ladislao Rafael Juárez Rodríguez, cantautor, actor teatral y locutor, se encargó de la parte musical. Finalmente, formó parte de la nómina original de colaboradores el profesor Felipe Sanjosé González, que seguramente recién había abandonado la capital del país para establecer su residencia entre nosotros. Sanjosé, usted lo recordará, hacía en esa época –quizá todavía– una sección muy ilustrativa y simpática en la revista Selecciones del Reader Digest. Desde luego me refiero a Enriquezca su vocabulario. Además, había participado en aquel programa de revista, ahora legendario, que condujo Jorge Saldaña.

Disculpará usted alguna posible imprecisión de mi parte; hasta donde logré averiguar, esta fue la nómina inicial de participantes del programa –yo podré darle noticia cierta sobre lo ocurrido a partir de 1991, cuando me incorporé–. Precisamente fue Sanjosé quien le dio el nombre a la emisión, según me contó el traumatólogo –de huesos; no de traumas– De Alba Martín. Considerando los diversos pasos del caballo, se manejó la idea del galope, pero a final de cuentas se impuso el tranco que, en palabras del diccionario de la academia significa: “paso largo o salto que se da abriendo mucho las piernas”. Entonces es, para decirlo en castilla y que pueda yo entenderlo, el paso del caballo que permite al jinete sostener una conversación….

                Imagínese un día cualquiera, un par de jinetes, o más, que cabalgan; sin prisas, disfrutando del paisaje, y en el acto, el tranco del caballo no les obliga a concentrarse a plenitud en la ruta que sigue el animal, algún posible obstáculo, de tal manera que pueden conversar…

                Así intenta ser Al tranco, origen, esencia, un par de horas de conversación amable, gratificante y gozosa, aderezada con buena música popular mexicana, en la que participa un grupo de contertulios reunidos cada sábado entre las 12 y las 14 hrs.

                El programa tiene una rúbrica que de manera inmejorable sintetiza su espíritu; lo que quiere ofrecerle al radioescucha. De entrada escucha la voz de Rafael Juárez Rodríguez, acompañado de su vihuela, en la interpretación de un fragmento del Son de Vista Alegre, de la autoría de su padre, el maestro Ladislao Juárez Ponce. El verso proclama: Por ahí viene un charro, viene bien montao, es de Vista Alegre, pónganle cuidao. La cuarteta se repite, sólo que las palabras Vista Alegre son sustituidas con el término Aguascalientes. Luego se escucha la voz siempre entrañable del señor José Dávila Rodríguez, que encarna un fragmento del poema de Delfín Sánchez Juárez, ¡Que no se acabe esa raza!, justo aquellos que proclaman: Que no se acabe esa raza del traje cachiruleado. Por el hombre que va adentro, viejo o joven… Por el charro…

Como digo, Al tranco, origen, esencia, cumple 25 años de edad, aunque eso no significa que se haya transmitido durante este lapso. De hecho tuvo una larga pausa desde principios de marzo de 2006, cuando la emisora universitaria eliminó abruptamente su programación, y hasta marzo pasado.

Casi dos años antes había muerto el señor Dávila. Su enfermedad –¿cómo decir si una enfermedad es corta o larga, si el dolor se vuelve abrumador?– había propiciado que su ausencia se volviera cada vez más frecuente, hasta tornarse definitiva, y la certidumbre de un desenlace fatal puso en marcha la transición en los mandos de la emisora, que desde luego se aceleró con su deceso, el nueve de abril de 2004.

Entonces comenzaron a suceder cosas extrañas… Cosas como por ejemplo que los colaboradores debiéramos firmar un documento que eximía a la institución de cualquier compromiso laboral, etc.

El hecho fue que en la primera semana de marzo de 2006, toda la programación de la emisora fue eliminada con todo y colaboradores, además del despido de una cantidad importante de trabajadores. La razón esgrimida fue la transición de la amplitud modulada a la frecuencia modulada. Pareciera –así pareció- que de lo que se trataba era de desmantelar el proyecto radiofónico que encabezó el viejito Dávila.

En fin. Me consta que luego de estos hechos el doctor de Alba Martín, en su calidad de productor, infructuosamente buscó regresar al aire, y si menciono estas circunstancias es para dejar constancia de que la ausencia, que duró ocho años, jamás fue voluntaria.

Un cuarto de siglo es, en la escala humana, un lapso de respetables proporciones; lo suficientemente largo como para que algunas personas que estuvieron presentes y compartieron con el auditorio sus sentimientos y conocimientos, su gusto por comunicar algo que consideraron valioso, ya no están con nosotros.

Y en este recuento es preciso dejar constancia del recuerdo siempre nostálgico de la señora Brenda de Alba de Alba, y los señores Felipe de Jesús Polina, Víctor Rodríguez Cabello –el charro tierradentreño–, Constantino Juárez Díaz, José Rivera Mota, Edgardo Tostado, Gabriel Arellano Güinchard, y desde luego José Dávila Rodríguez.

Actualmente participamos en la emisión, Armida Alonso de Reyes, que da vida a los versos del gran poeta Margarito Ledesma, la señora Blanquita Flores, el señor Jesús Antonio González Esquivel, que coordina en Aguascalientes a los locutores de charrería, desde luego el doctor Juan José de Alba, y si se acuerda de asistir, el médico Luis Díaz de la Garza. Como si se tratara de cometas, ocasionalmente se presentan los jóvenes Mauricio Polina y Manuel Martínez Márquez.

En la parte musical están las voces excepciones de las hermanas María Teresa y Cristina Macías Díaz Infante, Las enchiladitas, las también hermanas Pili y Carmelita Hernández Martínez, el señor Javier Hernández, El compadre de la sierra, y el señor Octavio Quezada Martín del Campo. No menos importante que cualquiera de ellos es Martín Martínez Pineda, que está a cargo de la grabación y edición del programa.

Mucho más podría contarle sobre Al tranco, origen, esencia. Sin embargo se agota el espacio. Culmino con una muy formal invitación para que este sábado sintonice el 94.5 de la F.M. en punto de las 12 hrs., y nos acompañe a esta tertulia. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a [email protected]).