Tras destacar que los migrantes no deben ser rehenes del tratado comercial y que se debe prevenir que el problema de la pobreza llegue a los extremos, el pastor José María de la Torre Martín, ponderó la declaración conjunta de los obispos mexicanos y estadounidenses.
Se refirió a los miembros de la Comisión Episcopal para la Pastoral Social de la Conferencia del Episcopado Mexicano y los presidentes de los comités de Justicia Nacional y el Desarrollo Humano y Justicia y Paz Internacional de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos.
En el transcurso de este proceso de renegociación, no se puede volver a abandonar a los pobres. Los acuerdos deberán compensar a quienes resultarán afectados.
La migración ha de convertirse en un proceso digno, reconociendo que la persona tiene derecho a salir o permanecer en su país para proveer por su familia.
Cualquier acuerdo comercial o de inversión debe diseñarse de una manera que tenga como objetivo aliviar las condiciones que impulsan a la gente a dejar sus tierras de origen.
Debe aprovecharse esta oportunidad para mejorar los términos del acuerdo, incluyendo el abordaje de las raíces de la migración que siguen obligando a muchos mexicanos a arriesgar el peligroso viaje hacia el norte.
Ambos países necesitan atender las condiciones económicas de las familias pobres de México y de los Estados Unidos, especialmente los pequeños productores agrícolas, los servicios de baja productividad, así como el creciente desplazamiento impulsado por el cambio tecnológico y la inseguridad. Es un fenómeno multinacional y multidimensional y como tal debe tratarse.
La Iglesia apoya la protección de los derechos de los trabajadores, dentro y fuera de su propio país, incluido el derecho a organizarse, así como el cumplimiento de los estándares sobre el trabajo acordados internacionalmente.
La preocupación por la pérdida de empleo en ambos países requiere que cualquier acuerdo vaya acompañado de compromisos firmes para ayudar a los trabajadores, así como a sus familias y comunidades, a hacer frente a la tensión social y financiera de las fracturas que el libre comercio podría traer.
Es fundamental prestar especial atención a condiciones de trabajo seguras, horas de trabajo razonables, tiempo libre, salarios familiares suficientes para la vida y otros beneficios sociales reconocidos, así como impedir el trabajo infantil.
Los obispos de ambos países “hemos expresado serios temores sobre la vulnerabilidad de los pequeños productores agrícolas cuando se enfrentan a la competencia de las empresas de grande escala, que gozan de una notable ventaja debido a las políticas gubernamentales de Estados Unidos”.
Cualquier acuerdo tendrá que considerar políticas compensatorias para promover los sistemas alimentarios de producción, distribución y consumo sociales en el sector agrícola de México, y proteger a quienes viven en zonas rurales en los Estados Unidos.

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