Saúl Alejandro Flores

El país presenta una serie de circunstancias que terminan no sólo por opacar las buenas intenciones, sino también en afectar iniciativas y proyectos que de haber permanecido o permanecer, hubieran o permitirían tanto superar los problemas históricos como los emergentes en México.
Sin embargo, pareciera que pesa un designio fatal que impide o impedirá el que se logren avances, no sólo en el ejercicio político y social, sino en el mismo tema de la sustentabilidad, ha sido lamentable que aún no se cuente con una Ley General de Aguas, que además no se cuente con un Reglamento de la Ley de Aguas Nacionales de aquella versión del 2004, y vaya que es anormal, cuando un reglamento no pasa por el Poder legislativo, sino que es facultad exclusiva del Ejecutivo, y ni así se reglamentó la ley, porque en su momento pesaron intereses al interior de los directivos de oficinas centrales de la CONAGUA que miraban la sucesión del 2006, sólo enfocándose en el Reglamento interior por razones obvias.
Desde hace casi catorce años se han impulsado a través de foros o cualquier otro medio, la importancia de contar con una ley acorde a los problemas y retos futuros del sector agua en México, así que suena extraordinario, por qué no se han podido implementar nuevos proyectos, y un marco legal apto para las circunstancias del país, a nivel local se vive otra circunstancia de igual magnitud.
Pareciera que más allá de los actores del sector agua, existiera una red de intereses, y es cierto, en donde nadie está dispuesto a ceder, sólo se mira hacia su propio feudo de poder, y si los demás tienen problemas con el agua, pues que ese sea su problema, ese viene a ser uno de los problemas o vacíos que ha tenido enfrente la autoridad del agua a nivel federal, es decir la CONAGUA, no ha conseguido sentar a los actores y usuarios diversos para lograr acuerdos y sumarlos hacia una iniciativa que permita hacer frente de mejor manera a los problemas hídricos que ya presentan dimensiones de complejidad y conflicto sin solución.
En otro de los escenarios, también quienes han ocupado u ocupan los cargos directivos de contacto con los usuarios por parte de la Conagua, tampoco se han esmerado en lograr acuerdos, se han esmerado en imponerse y de vez en vez o la mayor de las veces en hacer ojos de hormiga respecto a los tráficos de derechos de agua u otras irregularidades, esa anarquía en parte obedece también al desconocimiento o ignorancia de lo que podría decirse las entrañas que se vive en el sector agua en su nivel de usuarios, que sucede con los concesiones, asignaciones y derechos. En otra magnitud pero que también se vive se encuentra la ausencia o deficiente monitoreo en la calidad de agua, descargas en sus diversos apartados, por citar algunos casos.
Ahora bien amable lector, le parece justo que esta anarquía que se vive en el sector agua y las omisiones por parte de las autoridades se justifica, más aún cuando existe a nivel nacional una serie de problemas que se encuentran al borde del conflicto y que se manifestaran al máximo cuando se incrementó desde los fenómenos hidrometeorológicos y el cambio climático (fenómeno del que todos hablan, y a nadie le importa). Ahora bien que se puede pensar cuando el país por su propia circunstancia geográfica presenta una distribución geográfica del agua irregular, aspecto que hemos notado con las tragedias de sequías y excesos de agua, una sequía que azotó al país hace un lustro con enormes pérdidas y las inundaciones en Tabasco, el norte que escasea de agua y el centro sur en que a diferencia hay mayor disponibilidad de la misma, aunque con deficiente infraestructura. Aunado a otro fenómeno de anarquía en la presencia y concentración de centros urbanos y la continua e incontrolable proliferación de asentamientos, (incontrolable por ignorancia y omisión de autoridades que pongan freno a la misma).
¿Qué podemos pensar cuando en la zona centro norte en donde se concentra el 27 % de la población, y se genera el 79% del PIB, y que cuenta con sólo el 32 % de agua renovable; que contrasta con el sur donde existe el 68 del agua del país, con una población del 23% y que se genera el 21% del PIB.?
¿Qué podemos pensar respecto a la mala calidad del agua superficial que se encuentra fuertemente contaminada? O ¿qué con las coberturas de agua potable y alcantarillado, cuyos indicadores son cuestionables?, ¿qué con la cobertura en saneamiento bajo norma? Podemos pensar también en la eficiencia agrícola y la justificación de continuar bajo ese mismo modelo de consumo de agua para el campo, ¿qué se necesita transformar?, no podemos omitir dentro de los problemas la situación que se vive en los 653 acuíferos del país, de los que se reporta de conformidad con los protocolos establecidos que 106 se encuentran sobreexplotados, cifra que no cuenta con actualización.
¿Qué estrategia plantear y política por implementar ante también lo que puede considerarse como anarquía en el ámbito de los organismos operadores y la ineficiencia que se vive en los servicios de agua y que es el común denominador, dado que la mayor parte de dichos organismos funcionan con criterios políticos y clientelares, ausentes deprofesionalización, consumen cuantiosos subsidios y adolecende transparencia, aunado a que las tarifas también se fijan bajo criterios clientelares de partidos y fines electorales, circunstancia que se agrava por la ausencia de una cultura de pago por parte de los usuarios, del uso responsable y conciencia acerca de la exigencia que también debe plantearse ante un organismo operador que debe brindar el servicio con calidad y continuidad. En fin, lector y ¿cuál es la situación que vive una ciudad como Aguascalientes?
De ahí la importancia de construir una política hídrica que permita que en México y Aguascalientes el agua nos alcance.
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