Por: Itzel Vargas Rodríguez

Bien dice aquel dicho popular, “si las paredes hablaran…”, como un símbolo de añoranza hacia cuestiones vividas en el pasado pero también, como de reflexión porque un solo lugar o espacio, puede ser testigo de grandes acontecimientos o, en su defecto, lamentables hechos.
A lo largo de la mañana del día de ayer, en la misma sala de la Residencia de Los Pinos en la que hacía poco se había recibido a Donald Trump, salía el presidente Peña Nieto, acompañado de gran parte de su gabinete a dar un sorpresivo mensaje. Entre la camarada que lo acompañaba, destacaba la presencia de Videgaray, Osorio Chong y Meade. Ahí, en ese icónico lugar, se anunció algo poco esperado: la renuncia de Videgaray al frente de la Secretaría de Hacienda y en su lugar, la colocación de José Antonio Meade. ¿Quién iba a predecir hacía un tiempo atrás, que abrirle las puertas a una persona como Trump significaría un cambio político rotundo en el Gobierno Federal?
¿Fue la visita de Donald Trump la causa de la renuncia de Videgaray? Sí, con toda seguridad. Y es que lo que fue una visita inesperada, sumamente criticada y hasta la fecha polémica, le dio una golpiza más a la percepción pública sobre el Gobierno Federal, quien además de ya haber sido criticado por duros aspectos como la falta de reacción ante crisis sociales como inseguridad o desapariciones forzadas, ahora es tachado en cualquier plataforma pública, de ineficiente.
¿El cambio del secretario de Hacienda significará algo ante el descontento popular? La verdad es que no. Probablemente los interesados en la situación política-social y/o pertenecientes al “círculo rojo” habrán tenido un momento de gran sorpresa, pero desgraciadamente para gran parte de la población, esta acción no significará mucho… y por el contrario, el odio hacia un personaje como Trump sigue, y el hecho de que se le haya recibido en el país también, pues es cierto que pesa más aquella mayoría que no quiere comprender tácticas o lógicas políticas… lo que importan son los hechos, y esta experiencia, políticamente hablando, ha sido desastrosa.
¿Se puede lograr entonces salir de una crisis de percepción pública de esta magnitud? La verdad es que tanto como “salir” es ya una posibilidad muy remota. Algo parecido pasó en el sexenio de Calderón, en que hubo un momento en que la vasta inseguridad que había en el país había corrompido totalmente la percepción positiva del presidente.
Lo que se podría gestionar, comunicacionalmente hablando, es justo algo parecido a lo que implementó Calderón. Hizo mayores esfuerzos para enfocar su comunicación únicamente en los aspectos positivos e incluso, sentimentales de las acciones que había logrado su gobierno. Al final, ya no se metió tanto en discusiones políticas, haciéndose bastante de lado y terminando con una relativa mejoría en la percepción.
En este Gobierno Federal podría mejorarse la percepción, pero muy difícilmente repuntar. Lo ideal ya no es destacar ni protagonizar grandes faenas porque la incredulidad pública es enorme como para volver a enrolar a la ciudadanía en esperanzarse en cambios positivos de la sociedad, pero lo que sí podría lograrse es que el foco de la percepción pública se quede con unas cuantas acciones positivas rescatables del Gobierno Federal. Quizá eficiencia administrativa, legislaciones más incluyentes y tolerantes, digitalización o innovación, incluso alcances en temas de sustentabilidad, que todos ellos en conjunto, suelen ser temas más nobles que propiamente tópicos como acabar con la pobreza o incluso, mejorar la economía.
Pilón: Llama la atención ahora, cómo la misma crisis del Gobierno Federal está solidarizando a fuerzas políticas antagónicas, por ejemplo de parte de Andrés Manuel López Obrador, quien ahora, en vez de seguir criticando la traída de un personaje como Trump, menciona que la misma Presidencia se está dando cuenta de sus errores y tratando de “rectificar para no caer en la autocomplacencia”. Electoralmente hablando, esto significa que su estrategia comunicativa ha cambiado, ya no es atacar al Gobierno con todos los recursos que tiene al alcance, ahora que justo la Presidencia está en su punto más débil, acude a llamar a la población a la unión social para sacar adelante a México del hoyo en el que está. Todo con claras miras al 2018. Esto es harina de otro costal pero se comprueba cómo “a río revuelto, ganancia de pescadores”.

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