Pueblo pobre, Ariel austero

CDMX.- La austeridad con la que se realizarán los premios Ariel, los premios magnos al cine mexicano, no importa, si su existencia se garantiza, consideraron miembros de la industria.
Organizada por la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas (AMACC), la 61 entrega se realizará el 24 de junio en la Cineteca Nacional, tras años en el fastuoso Palacio de Bellas Artes.
Adiós, al parecer, al glamour, cocteles y fiestas, en pos de una ceremonia ágil y más breve, que deberá suplir carencias con originalidad, como hacen los directores con poco presupuesto con sus historias.
«Confío mucho en Ernesto Contreras (titular de la Academia). Sé que él y su equipo harán una ceremonia brillante.
«A la cultura hay que seguir reconociéndola. Es lo único que nos rescata de la barbarie. Si no le hacemos caso, es como sacarnos los ojos y enterrarlos», opinó el veterano cineasta Arturo Ripstein, ganador de seis Arieles.
En 2018, la AMACC contó con 4.5 millones de pesos de presupuesto; este 2019, para sorpresa y disgusto de la comunidad, no le fue asignado nada, aunque cuenta con la promesa de apoyo de la Secretaria de Cultura, Alejandra Frausto.
Entre las ventajas del cambio de sede hay una muy importante: la inclusión, coincidieron el ex presidente de la AMACC, Juan Antonio de la Riva, y la cabeza del Observatorio Público Cinematográfico, Víctor Ugalde.
«¡Piensa en la cantidad de invitados que iban a Bellas Artes que no tenían nada que ver con el cine mexicano! Yo, cuando fui presidente, no sabía de dónde era mucha gente», externó De la Riva, realizador de «Vidas Errantes».
«Será más modesto y popular, dejará de ser elitista. Podrá ir más gente de la industria, que siempre ha tenido ilusión de entrar y no podía, como estudiantes de cine», dijo Ugalde, director de «La Prima».
Los organizadores barajan la idea de celebrar la entrega con presencia de los nominados en la sala más grande de la Cineteca y retransmitir la ceremonia al resto, incluso en la pantalla al aire libre.
Así, incluso habría boletaje disponible al público general en taquillas, de manera gratuita.
Además, recordaron los expertos, no hay que olvidar que en los años 80 la Cineteca fue la casa de estos premios.
«En aquel entonces, me acuerdo, se entregaban los arieles, se terminaba la entrega y, buenas noches. El asunto de cocteles y alfombras rojas no era parte de aquello. Hemos perdido la dimensión», meditó De la Riva.
Se buscó a Ernesto Contreras, líder de la AMACC, pero no estuvo disponible.

Lamenta pérdida de Bellas Artes
Aunque aclaró que se suma a la adaptación de los nuevos tiempos, Blanca Guerra, ganadora de cuatro premios y ex presidenta de la AMACC, aseguró que una ceremonia del Ariel podría haberse realizado en Bellas Artes y ser austera.
La actriz de «Un Embrujo» criticó a la Secretaría de Cultura y el Instituto Nacional de Bellas Artes por no haber facilitado el recinto del Centro Histórico.
Recordó que a la AMACC se le cobraban 350 mil pesos por día por ocupar el Palacio, casi el doble de lo que pagó la Iglesia La Luz del Mundo (185 mil) por una celebración.
«Creo que no le costaba nada a la directora de Bellas Artes (Lucina Jiménez) apoyar. Nosotros siempre lo pagamos.
«¿Por qué ahora que estamos necesitados, si ellos tienen la posibilidad, nos cerraron las puertas? Nos podríamos haber ajustado a la fecha que tuvieran libre», dijo.
Además de la producción, y ya con el recinto (un día de ensayos y otro de ceremonia), el único gasto fuerte es la creación de las estatuillas (unos 800 mil pesos), consideró Guerra. (Mario Abner Colina/Agencia Reforma)

ASÍ LO DIJO
«No somos la Academia de Hollywood ni la del Reino Unido. Vivimos en un país con mucho desequilibrio social. Debemos tener una cinematografía y una Academia acorde».
Juan Antonio de la Riva, cineasta y ex presidente de la AMACC