Jesús Eduardo Martín Jáuregui

“La sociedad podía permitirle al hippie que siguiera con su existencia marginal, pero en cuanto a los radicales políticos, o se les engatusaba con habilidad para llevarlos de nuevo a la corriente, o se les aislaba, se les silenciaba y, en la medida de lo posible, se les destruía. La única alternativa sería llevar a cabo las vastas reformas que esos radicales exigían.” Norman F. Cantor

Hacía mis pininos en el servicio público como Director de Averiguaciones Previas cuando inopinadamente un día cualquiera se presentó un joven que pidió verme. Don José Jayme Arcaraz, un viejo policía judicial comisionado a la procuraduría me lo anunció, por cierto al Sr. Arcaraz le había puesto el mote de “el cielito lindo”, por una mancha mongola que tenía en una pierna, el bautizador de la policía judicial Oliverio Romo, que tampoco se había escapado de un apodo ya que en represalia de los muchos que había puesto, le motejaron “el gallo helado”.

El Sr. Arcaraz hizo pasar al joven de unos 25 años quien me mostró un periódico en la página policíaca. La nota de ocho columnas ilustrada con una foto decía: “Maniático incendiario prende fuego a la puerta de San Marcos”. El joven aquel señaló la nota y me dijo ufano y satisfecho: “Este soy yo”. – ¿Por qué lo hiciste?-, -Fué una protesta porque allí se casó mi novia- , -¿Pero cómo se casó si era tu novia?-, – Es que sus padres la casaron por la fuerza?-, – Pero ella ¿qué te dijo? ¿Por qué no se escaparon o hablaron con sus padres?-. -No, es que yo nunca hablé con ella, pero a las claras se veía que me quería, por eso tenía que protestar-.

En la ciudad de México desde hace no se cuantos años una curiosa protesta se deja ver en las calles céntricas de la ciudad. Mujeres cubiertas sólo con pantaletas y hombres completamente desnudos protestan por un injusto reparto de tierras que se remonta a los años setentas del siglo pasado en Veracruz, cuando el movimiento era lidereado por César del Ángel alcanzó cierta fuerza y notoriedad: el Movimiento de los cuatrocientos pueblos, que agrupaba a campesinos de Jalisco, Veracruz, Chiapas, Tabasco y algunas otras regiones. “Se nos acusó de abigeato y sí, nos comimos muchas vacas; de invasión de tierras, sí, tomamos muchas tierras; de robo de frutas también, dicen hasta que me robé un camión de naranjas. Me querían echar hasta homicidio, pero los muertos eran nuestros, cómo nos iban a acusar de eso” recuerda el líder. El Movimiento ahora se ha reducido a un espectáculo deprimente de cuerpos semidesnudos que se agitan con la música de una comparsa y que son el “atractivo” para lograr una dádiva que parece ser la única y última motivación de lo que fue un digno movimiento revolucionario.

Las marchas de protesta ahora son tan frecuentes en la capital de la república que existe un servicio de monitoreo que anuncia con antelación sus rutas, esquemáticamente la razón de la protesta, alerta sobre los conflictos viales que provocan y permite de alguna forma atemperar los efectos de una marcha que para la mayoría de las personas solo significa una mas. Son tantas y tan variadas las protestas y sus motivaciones que salvo para los que participan en ellas, para los demás no son más que un obstáculo que eludir.

En 1985 se publicó el libro “La era de la Protesta, oposición y rebeldía en el siglo XX” de Norman F. Cantor, que analizaba lo que parecía ser un fenómeno focalizado y mas o menos transitorio. La protesta generalizada de 1968 había dejado la convicción de que el status quo no tenía la solidez ni la permanencia que durante años se le había atribuido, pero por otra parte había mostrado también que las protestas podrían mediatizarse y que algunos líderes claves terminarían aceptando las propuestas atractivas del establishment y convirtiéndose en un engranaje mas del sistema. Algunas expresiones parecían confirmarlo. Andy Warhol salta a la notoriedad pintando latas de sopa y botellas de refresco como una forma de protestar contra la sociedad de consumo, pero la sociedad consumista convirtió la crítica en un objeto mas de mercado alcanzando precios que nunca había soñado alcanzar. La llamada música de protesta desde Víctor Manuel o Serrat en España, Oscar Chávez en México y otros mas latinoamericanos o europeos por no citar a Baez o Dylan, se convirtieron también en objeto de culto y por lo tanto de consumo. La protesta lleva siempre implícito el riesgo de ser mediatizada y transformarla en algo digerible.

El anuncio del paro de mujeres programado para el próximo 9 de marzo ha provocado las más curiosas e inesperadas reacciones. Desde el estupor y la sorpresa hasta el rechazo mas o menos disfrazado con razonamientos que tienden a desvirtuarlo o lo que es peor a transformarlo en un movimiento aceptable en la medida que logró atraerlo a mi redil. Probablemente las reacciones de algunos funcionarios federales en que zalameramente declararon simpatizar con las causas y  motivaciones del movimiento y compartir sus preocupaciones, su indignación y desesperación, no fueron sino señuelos para tratar de “controlarlo” en alguna forma, con la promesa de la simpatía y la empatía, pero nada mas. El establishment llámese del PRI, del PAN o de Morena, sólo puede hacer concesiones en la medida media necesaria en que no comprometa su hegemonía y su control. Es inadmisible un movimiento que se salga del huacal.

Afortunadamente para un día sin mujeres o un día sin nosotras, lograron sacudirse las tentativas de mediatización de algunos grupos, pero no fueron las únicas. No han faltado los políticos, los funcionarios, los organismos públicos, escuelas y universidades que han pretendido subirse al carro de la protesta para jalar agua a su molino. El pobre anzuelo de ofrecer no sancionar las inasistencias al trabajo o a la escuela resulta ridículo. ¿Desde cuando una falta, una sola a laborar o a estudiar trae como consecuencia un castigo?.

La protesta es motivada, es legítima, es necesaria y es urgente en éste nuestro convulso país y no necesita ni el permiso ni la autorización ni la solidaridad de nadie que no sean las mujeres, sin etiquetas, sin cargos, sin banderas ajenas. Ojalá tenga la repercusión que las brujas del mar y las de tierra, buscan.

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