Por José Manuel Valdez Gutiérrez

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Termina el invierno y regresa el Rey de los deportes, así que los diamantes comienzan a ver acción, y nuestro estado no es la excepción, ya que los Rieleros de Aguascalientes una vez más buscarán coronarse en la zona y posteriormente el gallardete de la liga mexicana.
Provoca una gran ilusión en su servidor encontrar por las calles de la ciudad, a tantos aficionados nuevos, o de años, enfundados en “la franela del Riel”, más aún cuando muchos de esos aficionados son niños, que reflejan la ilusión de acompañar a padres y abuelos al ya emblemático estadio “Romo Chávez”.
Justo es entonces dar un correcto contexto a lo que el Beisbol representa en Aguascalientes y todo lo que de este mágico deporte se desprende en cuanto a historia y fundamento de vida, para los que en tantas ocasiones hemos pasado tardes interminables de butacas o tablitas, en un apoyo colectivo e incondicional, en la formación de un tapete de cáscaras de semilla, dando de vez en vez un trago al vaso de refresco o cerveza que ayuda a afinar la garganta ávida de vitorear una jugada destacada en el diamante.
El 10 de Marzo de 1942 dio inicio la vida del buen “Pepe”, hijo de la señora María del Refugio Hernández y del señor Cristóbal Orozco, en un Aguascalientes que debe ser hoy recordado mediante libros y almanaques, donde las prioridades eran otras, donde el éxito en la vida se medía por el logro y la satisfacción de ser “gente de bien” de esa a la que las personas al cruzarse por la calle, posterior al “buenos días”, agregaba en lo privado: “él es un buen hombre”.
Estudiante del Colegio Margil, “Pepe” cursó hasta el sexto de primaria y ya todo un joven responsable (un hombre para la época), se inició como ferrocarrilero, arduas y pesadas labores en lo físico y en lo mental dieron estructura a un carácter sobrio y analítico el cual acompañaba en lo patios del ferrocarril, escuchando en la radio un buen chachacha o al “Flaco de oro” Agustín Lara quien “Solamente una vez” amó en la vida.
La forma de vivir del buen “Pepe” es ejemplar por más que él, la manifieste como sencilla: Dedicación y Disciplina. Ostenta con orgullo de nunca haber faltado a su trabajo bajo ninguna circunstancia, se retiró como mayordomo de frenos de aire y al día siguiente puso un negocio de venta de productos de limpieza, todo con la finalidad de no quedar inactivo y tener otra meta más en la vida.
Poco a poco se despertó en “Pepe” el interés en el deporte, propiamente en el beisbol dirigiendo equipos en la liga mayor del estado y quedando campeón en repetidos campeonatos con el representativo equipo del estado “Industria Jovar”, lo trascendente en esta historia es que le seleccionaron por ser el único que sabía leer.
Su interés por aprender es una constante, por lo que se convirtió en ampáyer, profesión que desempeño durante 25 años, siendo considerado como uno de los mejores del estado según la prensa especializada, y dicho por aficionados y jugadores, ya que su forma de dirigir los encuentros, incluso su forma de “cantar” un ponche, se sustentaba en el respeto por las reglas y las personas.
Después de retirarse se ha dedicado por más de treinta años a dirigir equipos de beisbol principalmente en el barrio de La Salud.
Padre de seis hijos, con un sólido matrimonio de más de cincuenta y seis años con su gran amor a la señora Margarita Sánchez han formado una familia donde se trasmiten permanentemente valores entre ellos la responsabilidad, la honestidad, el respeto, la unión familiar y la laboriosidad, los cuales hoy cuidan fijar, en la formación de sus trece nietos.
En compañía de sus hijos, nietos, sobrinos y amigos formó el aguerrido equipo de “El Club de Toby” con el cual nuevamente han quedado campeones, jugando “buena pelota” en el diamante del “José Orozco”, que se ha convertido en lugar de reunión y esparcimiento para muchos, lo que “Pepe” ve como su aportación social para alejar a los muchachos de “los vicios”.
No, lo de Don “Pepe” no es ordinario apreciable lector, lo de él es una constante cátedra de fortaleza física, mental y sobretodo espiritual, un ejemplo de cómo se forjaban los hombre en Aguascalientes, de cómo deben ser forjados en la actualidad, pues en esta columna se debe ser consiente de las dificultades de aquella época, de un matrimonio que se frota las manos con las dificultades sociales y familiares, de “rayas” semanales que se estiran en mercados, para que todos coman “como Dios manda” en casa, de encomendar el día a día de sus hijos: José Antonio, María Cristina, Abel, María Eugenia , María Magdalena y Javier, de acompañar noches interminables en vela al lado de su esposa, limpiándose las lágrimas después de la intempestiva partida con tan solo dieciséis años de su hijo menor Javier, de recibir tres años atrás la noticia de un cáncer que no le ha borrado la sonrisa ni menguado sus ganas de vivir.
Si en alguna ocasión en la gradería del estadio identifica usted a Don “Pepe” no dude ni por un instante en buscar acomodo próximo a él, ya que pocas personas conocen y dominan las reglas e historia del Rey de los deportes, le garantizo que ese juego será emblemático en todos los sentidos.
José Orozco Hernández “Pepe”, un ejemplo de vida.
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