Prohibido Rendirse 23 de Dicembre

Por José Manuel Valdez Gutiérrez

1970, a pesar de ser marcado como un año ordinario, basta con darle una ojeada rápido a un almanaque para saber que de ordinario tuvo muy poco, los The Beatles se desintegran, se da la odisea del Apolo 13, se celebra en Chile el festival Piedra Roja, nacen personalidades como André Agassi, Cafú, y en México se juega el campeonato del mundo de futbol, donde el mítico Pelé junto con la escuadra del scratch du oro, después de vencer a la escuadra Italiana, se hace para siempre del trofeo Jules Rimet.
Mientras tanto, en un Aguascalientes en pleno crecimiento se viven tiempos muy distintos al actual, los jóvenes preparatorianos alejados de los modernos conceptos del bullying ostentan apodos con orgullo, pues si bien la gran mayoría denotan particularidades de cada uno se entendían como insignias de batallas, distintivos únicos y difícilmente repetibles que acaban por darles un lugar particular en tiempos de la adolescencia y las incertidumbres propias de la edad.
Es así como en la afamada prepa petróleos, la generación 1969-1971 comenzaba a escribir su historia, encabezada por ilustres miembros como “El Gerente”, “El Chufas”, “Chemel”, “La Cosa”, “El Buda”, “El Gole”, “La Vip-vip”, “El Caballo”, “El Cabezón”, “El Galletas”, “El Watusi”, “El Güero” entre muchos otros.
“El Güero”, joven carismático, deportista, charro por obligación (según sus propias palabras) por ser hijo de un conocido rejoneador y ganadero se daba el tiempo para desarrollar una de sus pasiones, la velocidad, misma que encontró a bordo de una motocicleta de competencia.
Un lunes de camino a la prepa petróleos, se le hizo tarde, por lo que no alcanzó a cambiar el escape abierto de competencia de su motocicleta por un escape cerrado y menos ruidoso. El ruido que producía era verdaderamente molesto, por lo que al parar en la esquina de una de las calles del centro de la ciudad un taxista le manifestó su molestia con no muy buenos modales… “El Güero” impulsivo como es hasta la fecha no le hizo el menor caso, por el contrario, aceleró y aceleró su moto para provocar más ruido. Esto encendió la mecha, al ponerse el semáforo en verde, taxista y motociclista arrancaron a toda velocidad, con la mala fortuna de que el taxi se adelantó y al llegar a una fila de vehículos estacionados no le permitió el paso. El choque era inevitable, y con consecuencias catastróficas fácilmente predecibles. “El Güero” fijó la estrategia: acostar la moto, con la intención de que ésta chocara contra el parachoques del vehículo y así él salir por encima del mismo… El plan fracasó… al chocar la moto con el piso, dada la velocidad que llevaba, rebotó contra el asfalto ocasionando el efecto contrario al esperado: la moto salió por encima del vehículo y el piloto por debajo del coche, y después de que la moto pegó en la cajuela del coche regresó a golpear severamente las rodillas de “El Güero”, causándole lesiones que marcarían su vida permanentemente.
El periódico El Heraldo daba la noticia de primera plan “Joven casi muere bajo el chasis de un coche”, y fue así como el apodo de “El Güero” desaparecía para dar lugar al de “El Chasis”.
Contador, comerciante y empresario, “El Chasis” nunca ha dado tregua a la vida ni oportunidad al destino de cambiar sus planes de éxito, y al lado del amor de su vida Silvia Gutiérrez Oropeza formó un matrimonio admirable y es a todas luces un hombre exitoso. Esas rodillas ya no apoyaron su gusto por el deporte, pero la vida le dio un foro más importante: el de apoyar en sus competencias a sus tres hijos, gritar los goles, aplaudir las llegadas a meta de maratón, seguir equipos a ciudades lejanas, abrazar campeones, limpiar lágrimas de derrota, sentir el dolor de una rodilla quebrada, de una espalda operada, de tomografías por caídas de MTB, y apretar los puños en batallas campales.
Y en la actualidad repite la faena con sus nietos futbolistas y sus bellas nietas que sueñan con ser gimnastas olímpicas.
No todas las medallas de campeón terminan en los cuellos adecuados. Esos, los héroes incondicionales, los guerreros de mil batallas, en ocasiones ven a la distancia, con fortaleza estoica, el logro de sus seres amados y con ojos inyectados miran al cielo y exclaman: “-¡Gracias Señor!”.
Mi héroe, mi ídolo, el más grande de mis titanes, señoras y señores, ese hombre es mi Padre.
José Manuel Valdez Rivera, un ejemplo de vida.

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(Fotos: de José Manuel)

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