Por José Manuel Valdez Gutiérrez 
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En los 80 y principios de los 90 el basquetbol de los Estados Unidos tenía una influencia total a nivel mundial siendo el máximo referente de este deporte la NBA en donde una generación de auténticos fuera de serie se dedicaban a maravillar al mundo con juegos épicos plagados de jugadas espectaculares. Nombres hoy históricos y emblemáticos como: Christian Laettner, David Robinson, Patrick Ewing, Larry Bird, Scottie Pippen, Michael Jordan, Clyde Drexler, Karl Malone, John Stockton, Chris Mullin, Charles Barkley, “Magic” Johnson, que en conjunto conformaron el histórico Dream Team de los Estados Unidos en las olimpiadas de Barcelona de 1992.
Justo en ese tiempo y bajo esa influencia es que comienza esta historia de vida, la de un niño bajito que soñaba con alcanzar los logros del deportista que más admira en el mundo, Michael Jordan.
Cuenta su mamá la señora Rosa María Roque Velasco que de pequeño encontraba en cubetas, cestos de basura y macetas (que pagaban el precio de su pasión) un lugar idóneo para encestar una de sus pelotas. Su papá, el Señor Gilberto Valdivia Meléndez, en vida siempre escuchaba los relatos de las aventuras “del chaparro” cuando regresaba de viaje, y sonreía pues le quedaba claro lo travieso e inquieto de su pequeño.
Era muy necesario canalizar tanta energía y que mejor que en algo que le gustara, lejos de tantas travesuras, así que su hermano Gilberto Valdivia Meléndez lo motivó a seguir su gusto por el deporte ráfaga. Fue el profesor Alejandro Barrera quien vio en este niño cualidades muy particulares: rápido, buen control de balón, dominio periférico y un corazón dispuesto a mil batallas. Y dándole seguimiento al buen trabajo en construcción que llevaba hecho el profesor Leyva en el seguro social decidió llevarlo a Los Cachorros, esa fue la primera ocasión que el destino juntó a estos dos referentes del basquetbol de Aguascalientes.
Posteriormente el Prof. Jesús Delgado en la secundaria técnica No. 5 y el profesor Fidel Mendoza en la preparatoria Benito Juárez se dieron a la tarea de enseñarle a mover el balón y a driblar, driblar contrincantes y a su propia adolescencia, pues quien conoce a “El chapo” sabe que a la fecha existen tres cosas que no ha perdido: su gusto por el basquetbol, sus trabaduras y su incansable “carrilla” la cual a la fecha regala a propios y extraños con la familiaridad de quien reza “el padre nuestro” y no ve mayor problema: “Viejo, además de feo, eres malito para esto”.
Fue el Profesor Alejandro Barrera, su mentor y amigo quien le dio su primer gran oportunidad: una beca en la Universidad Bonaterra UP, de 1997 – 2002, donde adicionalmente a cosechar triunfos, tituló la carrera de Licenciatura de Administración y Mercadotecnia; y no sólo eso, la vida le dio el primer gran regalo 20 años atrás, su hija Paola Estefany Valdivia Ocampo, y aún antes, la compañía del amor de su vida Lourdes Paola Ocampo Durán su novia de la secundaria, con quién empezó lo que hasta hoy en día es un matrimonio sólido y admirable.
Dice su esposa Paola que encuentra difícil situar una sola experiencia en su noviazgo o matrimonio como particular: “es que vivir con Cristian es una aventura constante y divertida”. Sí, apreciable lector, no cabe duda que hay amor, pero una anécdota en particular resalta por su relevancia “Yo me alivié en el Hospital de la Mujer y claro está, es un lugar muy bien atendido pero no es como los hospitales privados donde familiares y visitas entran y salen prácticamente a placer; entonces nace mi hija, Cristian estaba en la universidad, lo localizan y le dan la noticia y sale volando al hospital para encontrarse con la sorpresa de que no lo dejaban ver a su esposa y a su hija, y yo lo escuchaba hablar con las enfermeras: ándele, me meto por la ventana las veo, las beso y me salgo. Fue un gran regalo para mí, me quedó claro cuanto nos ama”.
“No lo permitas, no te des ese falso lujo, no juzgues a tu prójimo sin conocer antes toda su historia, si no serás empático con todo lo vivido no puedes evaluarlo”.
La vida no es miel sobre hojuelas, todos lo debemos tener claro, la oportunidad se presentó fuera de la ciudad: tuvo que dejar a un bebé, su hijo Cristian, a su pequeña Estefany y a su joven esposa. Sería el primer sacrificio a superar para poder triunfar con la Universidad Autónoma De Guadalajara en los TECOS del Prof. Jorge León. Fue un año complejo con altibajos deportivos y emocionales.
Pero la vida estaba a punto de premiar años de esfuerzo, de cumplir sueños de infancia, el destino se haría presente, la gloria tocaría las puertas de la familia Valdivia Ocampo.
El profesor Francisco Ramírez retoma un proyecto que es medular en el estado: La Panteras de Aguascalientes, el equipo representativo e histórico del basquetbol de nuestro estado, y decide invitar al “Chaparrito de Oro” a formar parte de este equipo. Las condiciones en que comenzó esta nueva etapa del equipo no parecían la idóneas, se tenía que jugar en el gimnasio de la Alberca Olímpica y no en la guarida de la pantera (Hermanos Carreón). La afición estaba desgastada y se cargaba con el lastre de antiguas glorias.
Pero que nadie ponga en duda la nobleza de la afición de Aguascalientes, exigente: ¡Sí!, pero cuando se brinda a un equipo lo hace sin reparo, sin medida alguna. Era un enorme placer que erizaba la piel presenciar aquellos encuentros de pura ráfaga donde “el chapo” compartía garra y entrega con los emblemáticos ya históricos de las panteras: Devon Ford, Jacinto Álvarez y César Fierros. La porra calentaba la duela de una forma que a cualquier visitante le hacía perder la concentración, que ya de entrada se sumaba a sus insuficientes argumentos por tratar de parar a un equipo Panteras en plan grande.
Llegaron las finales en que se dio cuenta de cada uno de los adversarios que se pusieron en su camino. Existieron soberbias actuaciones en relevo de Cristian. Seis partidos fueron necesarios para campeonear sobre la Ola Roja del Distrito Federal, que a pesar de sus grandes y costosas contrataciones no pudo con el corazón y garra de los de Aguascalientes. Muchos aficionados recordarán que se protagonizó una tremenda batalla campal en la ahora CDMX.
Y así un club con historia, campeón en 1973 y 1974 en la extinta CIMEBA, 30 años después de su primer corona gana en la LNBP, y el buen Cristian Valdivia porta con honor el anillo de campeón en unos dedos que muestran en su deformidad lo que es entregarlo todo por tus sueños.
Si me permiten dejaré para una futura entrega la historia de este pequeño gigante y su tremendo y destacado desarrollo como entrenador de niños, pues estoy convencido de que son dos historias que merecen ser contadas por separado, esta, la del jugador universitario y profesional y la otra, la del entrenador y guía de niños.
Hoy en día la familia Valdivia Ocampo está conformada por Lionel Alexis de 5 años, Alan Giovanny de 12 años, Cristian Gilberto de 15 años, Paola Estefany de 20 años, y la más reciente incorporación a la quinteta ganadora es la de la pequeña Lia Fernanda Flores Valdivia, quien hoy hace ver al “Abuelito Valdivia” las maravillas de tener una nieta a la que sólo quiere ver feliz. Sin embargo quienes le conocemos vemos en sus ojos una nueva ilusión, la de que la pequeña Fer comande el ataque de la selección femenil de basquetbol de nuestro país en una olimpiada.

Qué quieren que les diga, genio y figura…

Cristian José María Valdivia Roque, un ejemplo de vida.
Si conoces una historia de vida que merezca ser contada comunícate conmigo: [email protected]

(Fotos: de Cristian José María Valdivia Roque)