Por José Manuel Valdez Gutiérrez

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Dicen que debes tener cuidado con lo que deseas pues se puede convertir en realidad.

Con tan solo seis años de vida yo tenía muy claro que era lo que más quería en la vida y lo pedía con tanta vehemencia que mi ángel de la guarda seguro tenía un fuerte dolor de cabeza. “Por favor Dios, yo quiero tener un hermano”.

Y después de siete años de vida todo el mundo podía ser testigo de mi enorme felicidad, ¡tengo un hermano! Solo que nadie me dijo que los hermanos llegaban en presentaciones tan pequeñas. Las bicicletas y juegos tendrían que esperar.

No hay fecha que no se llegue, ni plazo que no se cumpla.

Dicho popular

Pasaron otros siete años más, cuando por fin pude ver a mi hermano corriendo en un campo de futbol, enfundado en la playera de la escuela del Panteras Estrella, un poco llenito, con mirada pausada, analítico y de poco diálogo, se esforzaba al máximo por lograr aprender todo lo que el “profe Pérez” le enseñaba, para después en casa desplomarse en el sillón de la tele a ver “carrusel mágico”.

Juegos de Nintendo, salidas en motoneta, y mil aventuras fueron la constante en aquellos años de convivir con mi mejor amigo, mi hermano el mediano.

A sus catorce años Willy se convirtió en un jugador de futbol muy completo, si le sirve de referencia apreciable lector, mi hermano tenía más clase y sentido de juego que Rafael Márquez Álvarez (Emblemático capitán de la selección mexicana). Su ubicación dentro del terreno de juego era digna de un profesional, coberturas puntuales a la defensiva, proyecciones al ataque, y un toque de pelota envidiable, marcar por zona, su especialidad. No creo necesarios más datos para que se imaginen el orgullo y honor que me daba al verlo jugar, no me perdía uno solo de sus encuentros por intrascendentes que parecieran. Yo lo tenía muy claro, mi hermano lograría lo que a mí se me negó, él jugaría en primera división nacional y con tanto potencial, ¡seguramente podría llegar a ser parte de la selección mexicana! Las posibilidades parecían infinitas.

Quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes.

Dicho popular

Aquel día llegué tarde a verlo jugar por lo que no estuve al inicio para desearle éxito, el partido era con el representativo del colegio Portugal. El escenario era una cancha de fut 7 que se ubicaba muy próxima a la glorieta del Benito Juárez en avenida las Américas con un concepto hasta ese momento novedoso: pasto sintético, un material que prometía mejorar el juego y, sobre todo, reducir gastos de mantenimiento a los propietarios que a pesar de los numerosos comentarios de futbolistas sobre lo duro del terreno de juego y las quemaduras que provocaba en barridas y caídas no estaban (ni están) dispuestos a dar marcha atrás.

Al preguntar en la gradería el partido estaba ganado, un seis a cero y una evidente superioridad no dejaban lugar a ningún temor. Otros dos goles llegaron y el interés de jugadores y espectadores ya no existía, fue cuando el destino alcanzó la vida de mi amado hermano: un jugador del otro equipo intentó filtrar una bola a su compañero, Willy intuyó la jugada con muchísima anticipación, así que despejó la bola con más afán de concluir el encuentro que dar continuidad, el jugador al que mandaron el pase se barrió tratando de tapar el despeje, una jugada intrascendente, pero el pie de apoyo de mi hermano no se detuvo en el pasto sintético, resbaló y se atoró en el muslo del jugador que se encontraba tendido en el suelo, su rodilla se fue hacia atrás, en una lesión conocida como pierna de caballo.

Su grito, la caída, el quedarse inmóvil en el suelo. Mis pisadas apresuradas por las gradas metálicas, aún al redactar esta líneas puedo recordar fielmente el ruido que se escuchó al tronar su rodilla, meniscos y ligamentos cruzados eran historia y ni siquiera existió una falta, un jugador contrario en quien descargar tanta frustración, tanto dolor.

La operación y la recuperación fueron largas y dolorosas, la primera división, la selección nacional… Todo se esfumó, todo desapareció.

Pero quien conoce a mi hermano no me dejará mentir, Willy es un guerrero incansable de notas sobresalientes tanto en sus estudios básicos como al titular con mención honorífica su carrera de Comercio Internacional en la UP Bonaterra.Él no se sentaría a “llorar sobre la leche derramada”, él es de los que agarra los toros por los cuernos así que la meta cambió pero no la intensidad, no las ganas de triunfar, por lo que hoy es un comerciante tenaz y triunfador, pues él tiene claro que está Prohibido Rendirse.

Y la lesión no le impidió seguir jugando de vez en vez al deporte de sus amores o que quedásemos campeones con el equipo de Valdez Automotriz, ni que ahora corra medios maratones y disfrute de largas caminatas y juegos con sus bellas hijas. O durante algún tiempo desarrollar otra de sus aficiones, la charrería.

La vida no siempre se desarrolla como nuestra mentes se atreven a trazarla, ¡la vida es! ¡Y uno debe ser! Mi hermano sigue siendo uno de los regalos más grandes en la vida y día a día doy gracias por tenerlo, pues no se me dio un hermano, se me dio el mejor de los amigos.

Luis Fernando Valdez Gutiérrez “Willy Valdez”, Un ejemplo de vida.

 

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(Fotos: de Luis Fernando)

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