Por José Manuel Valdez Gutiérrez

Recuerdo algunos años atrás la emoción que provocaba en prácticamente todos los habitantes de Aguascalientes la llegada a la ciudad de competencias nacionales de velocidad, una carrera que en esos momentos fijara como etapa, ya fuera final o intermedia nuestra ciudad. Por ejemplo: salíamos a las avenidas a ver llegar el giro de México, con jóvenes promesas del ciclismo nacional en cierres a toda velocidad entrando por la 45 sur.
De la misma manera ocurría cuando nos enterábamos por las páginas del periódico El Heraldo que la Carrera Panamericana nos daría un día de velocidad y bellas máquinas perfectamente arregladas rodando, o mejor dicho: volando por las calles de nuestra ciudad, para concluir en la plaza de armas donde posterior a la carrera uno podía husmear un poco en aquellas perfecciones de la ingeniería, y los más involucrados tomarse una foto con aquellos intrépidos pilotos. Pero por alguna razón eso cambió, y para algunos quedó en el olvido.
En el 2017 se festejo la 30ª edición de la Carrera Panamericana, las publicaciones locales daban la noticia de que pilotos y copilotos locales participarían con grandes perspectivas de triunfo en esta edición, entre ellos un novel copiloto “Navegante” que por invitación estaba apunto de ver cristalizado uno de sus sueños de infancia: participar en una carrera de autos.
Ese copiloto aún recuerda con la nostalgia de quien ha cruzado la vereda de las dificultades, cuando esperaba por las mañana, aun sin luz, a que pasara el camión urbano que lo llevaría a la UAA para cursar sus estudios de ingeniero civil. Que lejanos parecen aquellos días cuando el buen Kike comenzaba su estrategia laboral para llegar al éxito que hoy lo caracteriza, hombre leal y trabajador hasta la obsesión, ha desempeñado responsabilidades directivas en puestos gubernamentales de gran responsabilidad civil y laboral en administraciones municipales y federales.
Propietario de su propia empresa constructora es generador de empleos directos he indirectos en el estado, donde sus colaboradores y amigos han optado por referirse a el como “el patrón” como distintivo de respeto a su labor y liderazgo.
El patrón siempre ha sido deportista: futbol, basquetbol, gimnasio, box, MTB y correr, donde ya ha completado varios medios maratones. Sin embargo, el reto que tenía enfrente a él, le exigiría un esfuerzo aún más completo para su cuerpo y mente, se mantendrían a tope para poder sacar adelante la tarea de ser el copiloto en una carrera tan importante, prácticas en el óvalo de Aguascalientes y juntas que se prolongaban hasta altas horas de la noche fueron parte de su preparación.
El Nombre de la Categoría en la cual participaron es: turismo de producción, el itinerario: Querétaro – Puebla – CDMX – Morelia – Guanajuato- San Luis Potosí – Zacatecas – Durango. Todo un reto para quien normalmente, cuando no le toca manejar, gusta de quedarse dormido en cuanto se sube a un coche.
Con casta de campeón se nace, uno decide si se esfuerza al máximo para alcanzar la meta o se conforma y se da por vencido, pues el espíritu humano esta para cosas titánicas. Primer día de carrera llegaron en 1er lugar de su categoría, el auto volaba por la carretera y nuestro novel “navegante” se portaba a la altura de su experimentado piloto, pero el espíritu se forja en la adversidad pues como es sabido, ningún “navegante” se convirtió en experto en puerto o aguas tranquilas. El segundo día el bólido decidió que no más, se averió y no pudieron terminar la carrera.
Nuestro “navegante” es un guerrero y no tiraría la toalla tan fácilmente. Se repusieron y encararon los días restantes con una estrategia más agresiva, confiados en su máquina de acero y en sus sentidos, encomendados, forzaron la ruta y arriesgaron, noches de planeación, mal comer y mal dormir, fueron la constante, lo que les valió repetir el primer lugar en las rutas siguientes para concluir la carrera en segundo lugar general de su categoría. Resultado: Prueba superada.
Son muchas las historias que de esta aventura se desprenden, momentos que han quedado tatuados en la mente de Kike, pero sin lugar a dudas aquella meta volante en La Congoja tiene un lugar muy aparte. Enrique ha formado un sólido e indestructible matrimonio con el amor de su vida: Paola Chávez Gómez, quien ese día, arriesgando más que los competidores de la carrera no dudó en pisar el acelerador a fondo para estar con él y llevar a sus hijos, quien en voz del propio Enrique son su motor de vida, José Alfonso y Patricio. Y es que los abrazos, besos y ojos de admiración de quien te ama se convierten en energía pura para el alma.
Mención aparte merece su princesa, su amuleto y ejemplo de lucha, ¡de garra!, su pequeña y admirada hija María Paula Peralta Chávez, su ángel que desde el 2010 le impulsa y cuida desde la eternidad, y que cuando viene a su memoria cristaliza su mirada perdida en el horizonte y yo le he escuchado exclamar: “Ella peleó como una guerrera, y aguantó hasta el final”, me toca hacer lo mismo.
No, apreciable lector, no se habla de una vida fácil, se habla de un hombre que ha sabido encontrar en la adversidad el motor para perseguir sus sueños, luchar y alcanzarlos, un amigo de esos que yo les deseo que tengan, de todo corazón.
César Enrique Peralta Plancarte, un ejemplo de vida.

Si conoces una historia de vida que merezca ser contada comunícate conmigo: [email protected]

(Fotos: de Enrique Peralta Plancarte )
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