Por José Manuel Valdez Gutiérrez 
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Un hombre a la orilla de la chimenea, Mario de Jesús Espinosa Casarín, observa sus reconocimientos y medallas, y delinea los trazos…
Marito, como le dice cariñosamente su amada esposa Elízabeth Langle Gómez (quien en voz propia de Mario es el antes y el después en su vida), se ha dedicado al deporte toda su vida. De niño practicó Judo con enorme facilidad, ya en la adolescencia orientó su inquietud al atletismo y como el resto de sus compañeros de colegio al futbol soccer, donde, ya fuera de rojo o azul, disfrutaba de la convivencia y fraternidad.
Licenciado en administración de empresas, comenzó a muy temprana edad su carrera laboral en el ámbito financiero, teniendo como asesor y ejemplo a su padre, el señor Mario de Jesús Espinosa Valenzuela, quien en vida manifestó una y otra vez lo admirado y orgulloso que se sentía del tesón y de la dedicación con la que su hijo se desempeñaba en cada aspecto de su vida.
Y sin embargo… las ansias de deporte continuaban latiendo por sus venas. Entonces fue la bicicleta de montaña su nueva cómplice. Caídas, raspones, rutas interminables y un sol incandescente le acompañaron en sus nuevas aventuras.
A la par del deporte, de sus actividades laborales, su matrimonio y de la tarea de formar a sus dos hijos Luis Mario y Patricio, Mario cuanta ya con una Maestría en Dirección de Empresas que le otorgo el IPADE. Esto le hizo recapacitar sobre sus limites así que se propuso encontrar si existían. Así fue cómo encontró su deporte favorito: los triatlones. La natación, la bicicleta y el correr se convirtieron en sus nuevos retos personales, los cuáles llegó a perfeccionar para enfrentar el mayor de los retos de un triatleta, El IronMan, un desafío para grandes: 3,85 km de natación, 180 km de ciclismo y 42,2 km de carrera a pie. Y sin embargo… Hoy en día ya tiene varios en su haber, el último en Cozumel el pasado 26 de noviembre, teniendo un excelente tiempo a pesar de rodar durante 40 kilómetros con una llanta ponchada.
Nos sobran los motivos… Innumerables son los momentos de quiebre y decisión que en la vida de este caballero de fina estampa pueden ser mencionados, muchas son las ocasiones en que ha deambulado por el bulevar de los sueños rotos… Pero a Mario no se le pueden dar pastillas para no soñar…
El Lic. Mario Espinoza Casarín cuenta con un enorme liderazgo, motivo por el cual es tan apreciado por los miembros de su empresa financiera. Pero es en su enorme corazón y labor altruista donde quienes le rodean centran su reconocimiento y cariño, ya que el buen Mario una y otra vez pone todos los medios para ayudar a quienes han caído en un bache grande, a quienes perdieron el norte laboral o simplemente ocupan apoyo para renovar las fuerzas y retomar el vuelo.
Así es como Don Mario, de temperamento controlado y furia en la sangre, se queda a la orilla de la chimenea, delineando los trazos de la canción de sus sueños, lo que para él es la canción más Hermosa del Mundo…
Mario de Jesús Espinosa Casarín, un ejemplo de vida.

(Fotos: de Gabriel )

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