Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

“1917”

El 17 de abril de 1917 durante la Primera Guerra Mundial, se retrajo considerablemente el frente oriente en el norte de Francia. Ante ello, el general Erinmore (Colin Firth) comisiona a dos jóvenes soldados británicos, el cabo Tom Blake (Dean-Charles Chapman) y cabo Will Schofield (George MacKay) para que envíen una notificación al Segundo Batallón del Regimiento Devonshire con el fin de detener su avance creyendo que los germanos se retiran, pues un reconocimiento aéreo ha detectado que los alemanes han replegado sus fuerzas armadas hacia la Línea Hindenburg para emboscarlos. Ahora dependerá de estos núbiles combatientes evitar la masacre de 1,600 soldados ingleses, incluyendo al hermano de Blake, Joseph (Richard Madden). El experimentado director Sam Mendes (“Belleza Americana”, “Misión: Skyfall”) produce un relato absorbente sustentado en la tensión y suspenso que genera tanto los predicamentos producto de un conflicto bélico a los que se ven sometidos los protagonistas para entregar la misiva (líneas y soldados enemigos, ataques aéreos, terreno agreste e inhóspito, etc.) como a la decisión creativa y técnica de Mendes por contar su historia (narrada a él de primera mano por su abuelo, quien sirviera como soldado raso en dicho conflicto) a modo de plano secuencia, por lo que no existe ningún corte directo o transición discernible. Esto funciona a su propósito de crear una experiencia psicológica y emocionalmente sumergente para el espectador, pero termina por encajonar las posibilidades narrativas del relato al punto de la repetición argumental o la reiteración visual. Sin embargo, las excelentes actuaciones de Chapman y MacKay, así como la convincente puesta en escena que abarca momentos íntimos en la semioscuridad o cruentas escenas de batalla y su matizada fotografía, hacen de esta cinta, la mejor en cartelera esta semana y la favorita en la próxima entrega del Oscar.

 “HUÉRFANOS DE BROOKLYN” (“MOTHERLESS BROOKLYN”)

Ya se extrañaba al talentoso actor Edward Norton en alguna película a modo de protagonista después de tantos secundarios poco trabajados. “Huérfanos de Brooklyn” marca además su regreso a la dirección después de la tibia “Divinas Tentaciones” (2000) adaptando el libro homónimo de Jonatham Lethem ubicando la acción en tiempos modernos del texto a la Nueva York de la década de los 50, tal vez para dotarle de esa atmósfera noir que este relato sugiere. Norton encarna a Leonard Essrog, un detective con Síndrome de Tourette que investiga la muerte de su mentor, figura paterna y jefe Frank Minna (Bruce Willis). Sus pesquisas lo conducen a un complejo plan elucubrado por un soberbio y poderoso político de nombre Moses Randolph (Alec Baldwin) que involucra la gentrificación de varios barrios bajos de la ciudad expulsando a sus menesterosos habitantes para edificar hogares destinados a la clase media y alta y subir el costo del terreno como parte de la diagramación modernista de la entonces creciente Nueva York. Norton realiza un trabajo notable en cuanto a dirección recreando aquella época con convicción y estilo y apelando a una plástica sobria pero sugerente mediante juegos de luces y cromas atmosféricos. Desafortunadamente la película remite demasiado a “Barrio Chino” (Polanski, E.U., 1974) en cuanto a su tono, ritmo e intenciones dramáticas como para considerarlo un argumento original y además le sobra como una hora de metraje, ya que varios de los conflictos pudieran resolverse sin problema en un par de escenas y varias de éstas se alargan innecesariamente e incluyendo los clichés que dicta el ´genero detectivesco, como el obligado interés amoroso (aquí interpretado por Gugu Mbatha-Raw) y figuras ominosas que pueden o no estar del lado del protagonista (Willem Dafoe como el hermano incómodo del personaje de Baldwin). “Huérfanos de Brooklyn” tiene buenas intenciones, pero no bastan para que trascienda, quedando en lo artesanal y medianamente bien hecho.

“UNA GUERRA BRILLANTE” (“THE CURRENT WAR”)

Mucho se sabe de Thomas Alva Edison, el genio creador de varios de los artefactos y elementos que delinearon la modernidad tecnológica y urbana de la Norteamérica de finales del Siglo XIX y que varios aún prevalecen hoy día. Pero poco se ha revelado sobre el intenso conflicto que entabló con George Westinghouse, el magnate que trató de aventajar a Edison en la domesticación, venta y distribución de la corriente eléctrica para el consumo de los ciudadanos. “Una Guerra Brillante”, dirigida por el chicano Alfonso Gómez-Rejón intenta arrojar luz al respecto creando una película temáticamente interesante, muy bien llevada por los actores Benedict Cumberbatch como Edison y Michael Shannon como Westinghouse y con un manejo de la narrativa ágil e incluso emocionante, aun si los hechos históricos no se relatan con verosimilitud e incluso correctamente. Pero esto es cine, y Hollywood nunca se ha distinguido por su veracidad o apego a los hechos, así que nos quedamos con una película muy entretenida sobre la vedada guerra entablada por los protagonistas por el control de la electricidad doméstica mediante acciones que van escalando de nivel llegando a la difamación y empleo de los medios para minar sus esfuerzos mutuos. Afortunadamente los personajes se desmitifican mediante un trazo humano donde se ven involucradas las familias de ambos, e incluso, personajes secundarios interesantes que añaden matices narrativos a la historia, como el fiel ayudante de Edison igualmente inteligente pero a la sombra del titán inventor adorado por las masas (Tom Holland) o Nikola Tesla (Nicholas Hoult), el pionero en la investigación de la corriente eléctrica cuyos diseños no son tomados en cuenta pero guardan la clave para los propósitos de los protagonistas. “Una Guerra Brillante” es entretenida y un muestrario de solidas actuaciones, pero difícilmente una clase de historia electrizante.

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