Por Juan Pablo Martínez Zúñiga

1ª Función
“LA ESTAFA DE LOS LOGAN” (“LOGAN LUCKY”)

El verdadero encanto en una película sobre un robo de envergadura no estriba en el éxito del golpe, sino en el proceso que llevará a los delincuentes hasta ese momento. El director Steven Soderbergh ha experimentado por años al respecto con su trilogía de “La Gran Estafa”, embelleciendo de cierta forma el acto de robar mediante personajes embetunados con carisma y ambigüedad moral apoyados por un guión que favorece las acciones de estos adorables hampones justificando el atraco bajo lineamientos sospechosos -la víctima se lo merece según la óptica del protagonista- manipulando los eventos para colocar el favor del público de su lado. Y lo hace de maravilla, pues al final el cine narra y no alecciona, por lo que “La Estafa de los Logan” es el otro lado de esa glamorosa moneda que Danny Ocean y compinches han mostrado sobre el truculento mundo del saqueo, ya que sus personajes son campesinos del Oeste de Virginia que operan en base a sus necesidades más inmediatas. Pero en éstas yace la inteligencia y pathos de su proceder, ya que mientras a los refinados asaltantes de Las Vegas no les importa realmente el dinero sino probar un punto argumentativo (roban porque pueden), aquí el efectivo tiene y provee genuinas consecuencias. El toque maestro de Soderbergh en esta cinta es mostrar a sus dañados protagonistas con humor sin que sean bufones y humanos sin que resulten lastimeros. La historia trata sobre Jimmy Logan (el evolutivo Channing Tatum), trabajador recién despedido por razones absurdas (cojea debido a una lesión de futbol americano y la compañía constructora no desea tener problemas con seguros) que decide robar los ingresos de la competencia NASCAR del cuatro de julio para pagar un abogado y recuperar la custodia de su pequeña hija. Para ello acude a su hermano Clyde (Adam Driver), quien perdiera un brazo durante una campaña en Irak y ahora se dedica a servir tragos en el bar local, y a Joe Bang (Daniel Craig en su mejor papel fuera de James Bond), experto en explosivos confinado en una prisión de mínima seguridad. El plan que traza Jimmy no puede limitarse tan solo a la extracción del dinero, también fragua el modo de sacar a Joe y regresarlo sin que nadie lo detecte y conseguir todos los elementos necesarios -humanos y físicos- para concretarlo. La trama se urde con tal fineza que no pide nada a las “Estafas” previas y las humoradas brotan con tal naturalidad que reflejan más estados de ánimo y humanidad que un intento por ganarse al público. Lo más exquisito es que varios personajes logran sumarse a los eventos y ningún componente pierde el rumbo, ni siquiera la llegada de una agente del FBI (interpretada por Hillary Swank) que investiga el asalto, un odioso youtuber inglés (Seth MacFarland) que acude a la carrera con fines publicitarios o una doctora llamada Sylvia (Katherine Waterstone) que forma parte del pasado de Jimmy y puede o no ser un interés romántico. Soderbergh toma todas sus piezas y las mueve a placer sin empalmes o lastres narrativos y termina con una película entretenida, sagaz y sensible. “La Estafa de los Logan” es de lo mejor que tenemos en cartelera con el infortunio de encontrarse en UNA sola sala del estado, pero el esfuerzo lo vale.

2ª Función
“LEGO NINJAGO: LA PELÍCULA” (“THE LEGO NINJAGO MOVIE”)
Realizar películas infantiles con toques de sátira y parodia a la cultura popular no es algo negativo per se, pero saturarlas al punto que cada broma, chiste y gag visual luche con todas sus fuerzas narrativas por ser la última palabra en ingenio ocurrente ya es forzarlo al punto de quiebre, y esto es lo que ocurre con “LEGO Ninjago: La Película”, ruidosa y dicharachera cinta que pretende capitalizar el éxito que significó “LEGO: La Película” pero con resultados más pingües en cuanto a su agudeza prefiriendo atiborrar la pantalla y los oídos de chascarrillos que pierden gracia al presionar a la audiencia por considerarlos desopilantes. Incluso la trama se antoja algo sangrona: Un escuadrón de ninjas definidos por sus poderes elementales defiende la ciudad de un villano llamado Garmadon, vano y megalómano. Lo que no sabe es que el Ninja Verde, joven sensible que busca su identidad mientras combate al lado del mencionado grupo de justicieros, es su desatendido hijo, situación que será nodal para el ángulo dramático de la cinta. Pero este elemento entra con duro calzador a una cinta que sólo se preocupa por ser y lucir muy cool, así que cualquier aspecto emocional se ve invalidado por ello y nos quedamos con un producto vacío en cuanto a propuesta, genérico y muy estéril. Casi como los mismos LEGOs.

3ª Función
“LÍNEA MORTAL: AL LÍMITE” (“FLATLINERS”)
Lo más curioso es que puedo apostar a que nadie se acuerda de la original “Línea Mortal” (1990), aguada memez sobrenatural con la juventud hollywoodense de aquel entonces (Kiefer Sutherland, Kevin Bacon, Julia Roberts, Oliver Platt y un Baldwin), por lo que dudo que los millenials hubieran pedido a gritos este insípido remake, aún peor que el original. Ellen Page (“Juno: Crecer, Correr y Tropezar”) estelariza esta aburrición como una estudiante de medicina con mucho tiempo libre que desea saber qué reside más allá de la muerte. Para ello recluta a algunos de sus compañeros (incluyendo a Diego Luna, quien seguro no leyó el guión y sólo quiso cobrar para ganarse una pasta y dirigir algo después. O lo leyó y como buen charolastra le valió) para que suspendan su corazón por cuatro minutos, la revivan y mapeen los resultados. Esto es exactamente igual al de la cinta original: cada vez que fallecen momentáneamente, su espíritu conecta con sus más grandes fallas o errores del pasado, los cuales regresan para atormentarlos como castigo por portarse mal y jugar con fuerzas que no comprenden. Ambas películas pecan de excesiva moralina y si el Más Allá es tan sólo revivir el peor momento de tu vida, entonces creo que podemos descartar el miedo al azufre y rechinar de dientes. “Línea Mortal: Al Límite” sí es mortal como entretenimiento y plana como una línea, pero difícilmente nos lleva a algún límite.

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