Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

CARTELERA – “ANIMALES FANTÁSICOS: LOS CRÍMENES DE GRINDELWALD” (“FANTASTIC BEASTS: THE CRIMES OF GRINDELWALD”)

El discurso contestatario en la Era Trump no solo se percibe oportuno, sino necesario, ya que urge manifestar un descontento coherente y razonado a nivel masivo contra los lineamientos intransigentes en cuanto a género y raza que el mandatario estadounidense promulga y avala cotidianamente. Tanto el cine como la televisión actuales han aportado varias posturas al respecto, ya sea de forma directa o camuflada, y “Animales Fantásticos: Los Crímenes de Grindelwald” no es la excepción, ya que el basamento argumental de la cinta es el racismo, producto de un líder que también es vocal en su ideología, posee una cabellera ridícula y su epidermis no registra un tono normal, por lo que en ese sentido la película adquiere sentido de oportunidad. Lástima que el guion corre a cargo de J. K. Rowling, quien de forma similar a sus personajes de ficción logró nublar la mente y percepción de millones de personas haciéndolas creer que es una escritora consumada, cuando en realidad sus habilidades narrativas se encuentran apenas en el promedio y este filme es la mejor muestra de ello. El protagonista, Newt Scamander (Eddie Redmayne) es un magizoologo (recolector de los susodichos animales fantásticos cual “Pokémon Go” para su catalogación y estudio) que en la primera cinta abandonó su natal Inglaterra para aventurarse en la Nueva York de principios de siglo XX con resultados desastrosos, excepto por amigarse con un regordete panadero llamado Jacob Kowalski (Dan Fogler) y un prospecto amoroso de nombre Tina Goldstein (Katherine Waterstone), bruja denominada “aurora” en el círculo mágico norteamericano. Ahora, Scamander debe lidiar con un viejo amor llamado Leta Lestrange (Zoë Ktavitz) y con una misión que le ha encomendado su ex maestro y ahora colega, Albus Dumbledore (Jude Law): detener a Gellert Grindelwald (Johnny Depp), brujo que desea eliminar tanto a los mortales como a aquellos mestizos mitad humano mitad mago para que prevalezcan los hechiceros purasangre. La historia comienza un desgrane gradual donde una gran cantidad de subtramas comienzan a seccionar el argumento al punto que la cinta pierde su eje narrativo, pues todo se nos muestra al mismo nivel, incluyendo la búsqueda de Grindelwald por Credence Barebone (Ezra Miller), joven con un gran poder latente que en la primera parte se nos revela como poseído por un parásito mágico denominado “obscurio” o los enredos sentimentales de Jacob con Queenie (Alison Sudol). El director David Yates, quien dirigiera las últimas cuatro cintas de “Harry Potter” y las dos de “Animales Fantásticos”, se deslinda completamente de su deber como narrador primario –probablemente por el morrocotudo guion que le entregaron– y nos deja una cinta neutra sin algún dejo de personalidad o rasgos palpitantes, mientras que Eddie Redmayne, un actor que nos ha legado algunas actuaciones notables (“La Chica Danesa”, “La Teoría del Todo”), luce hastiado y distante, consciente de que su personaje, un ser tímido y apocado, no tiene demasiado a que aprovecharle. La naturaleza de denuncia subyacente en cuanto a la xenófoba motivación de Grindelwald es el único punto de interés en esta predecible cinta que lamentablemente lastra dicho componente con un libreto innecesariamente enmarañado, más atraído por presentarnos imágenes digitales o “sorprender” a los fanáticos con revelaciones telenovelescas y minucias que ligan esta producción con el mundo de “Harry Potter” que por trabajar inteligentemente la historia. “Animales Fantásticos: Los Crímenes de Grindelwald” pudo ser el argumento millenial a favor de la diversificación racial pero prefirió estancarse en la caricatura moralina acostumbrada.

STREAMING – “LEGÍTIMO REY” (“OTLAW / KING”)
El director David MacKenzie, a pesar de su crianza europea, logró decodificar el lenguaje cultural y conductual de la Norteamérica árida en la excelente cinta “Enemigo de Todos”, un ejercicio minimalista emulador de la plástica y trabajos argumentales de los westerns de antaño que desarrollaba una historia sobre injusticia y familia en la zona rural estadounidense. En este filme trabajó con Chris Pine, rescatándolo de la sombra del Capitán Kirk o comedias románticas sosas para mostrarlo como un actor de oculto potencial. Ahora en “Legítimo Rey”, producción de gran envergadura para Netflix, consolidan su mancuerna y recuperan una historia real ocurrida en la Europa medieval sobre el hervor latente entre los reinos de Escocia e Inglaterra con sobriedad y madurez narrativa. La trama se fija en Roberto El Brus (Pine), quien en el Siglo XIV fue coronado como rey de las provincias escocesas cuando Gran Bretaña dominaba el territorio. Para consolidar su alianza, el soberano Eduardo I (Stephen Dillane) consintió la unión matrimonial de Brus con su ahijada Elizabeth (Florence Pugh), pero todo se viene abajo con la muerte de William Wallace, el paladín escocés que bajo la proclama de “Libertad” muriera torturado y desmembrado como advertencia para cualquier sedicioso e insurrecto de la región (tal cual se nos mostró en “Corazón Valiente”, de y con Mel Gibson). Ante esto, Brus decide continuar con la lucha de Wallace a costa de su propia vida y la integridad de sus aliados y seres queridos, pues se trata de unos cuantos contra todo el ejército inglés, por lo que precio por la libertad será uno muy alto a pagar por Brus y su nación.
“Legítimo Rey” es, simplemente, la película que “Corazón Valiente” jamás pudo o se atrevió ser, pues su trazo argumental es inteligente y maduro, despojado de desvaríos maniqueos o chantajes emocionales, que genera un minucioso seguimiento a la cerebral y diplomática estrategia de Brus para realizar sus alianzas, algunas que fluyen con naturalidad y otras que involucran traición y sangre. Para ello Mackenzie dirige con una mano muy firme, dejando que los eventos hablen por sí mismos mientras que dimensiona al personaje principal a través de varios niveles: como monarca proscrito, como hombre de palabra y como esposo devoto, permeándolo de un aura de fatalidad al darnos cuenta que el reino británico no cederá el yugo que ejerce sobre Escocia, sobre todo por parte del despiadado e inmaduro Príncipe de Gales (Billy Howle), quien ve en Brus un adversario muy personal.
La puesta en escena es muy verosímil, así como las actuaciones y el desarrollo de sus personajes. Uno hubiera querido ver esta cinta en pantalla grande, pero aun así, “Legítimo Rey” es una apuesta cinematográfica que debe apreciarse en Netflix por atreverse a glorificar, no la lucha de un hombre que aprende a ser líder y posterior libertador, sino la visión de un hombre por liberar a su patria en nombre del amor y el honor, lo que hace del protagonista y la trama algo creíble y casi necesario en estos tiempos.

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