CARTELERA – “HAN SOLO: UNA HISTORIA DE LA GUERRA DE LAS GALAXIAS” (“SOLO: A STAR WARS STORY”)

Pocos son los personajes que habitaron hace mucho tiempo una galaxia muy, muy lejana que lograron enclavarse tanto en el gusto popular como en la cultura misma gracias a su característico y peculiar moldeado basado en arquetipos o clichés literarios, como un campesino humilde que no sólo rescata a una princesa sino logra vencer a un enemigo de envergadura imperial o ayudantes jocosos que se comunican ya sea con gruñidos o una interminable verborrea quejosa. Uno de estos personajes resultó tan atractivo que, en ocasiones, eclipsaba al protagonista aprendiz de Jedi. Un contrabandista áspero, mordaz y codicioso que ocultaba un corazón generoso y heroico de nombre Han Solo con una historia personal tan solo aludida mediante escasos diálogos y una personalidad sustentada en una socarronería carismática cortesía de Harrison Ford, quien entendió las posibilidades icónicas del papel para sacarle todo el jugo posible. De esta forma el personaje trascendió y se transformó en uno de los predilectos de los fanáticos, quienes se rendían ante el personaje por la mística que irradiaba su oscuro pasado (siguiendo relativamente los pasos de Clint Eastwood y su Hombre Sin Nombre) y su temerario e irreverente carácter. Tal vez por eso “Han Solo: Una Historia de la Guerra de las Galaxias”, película de reciente estreno en cartelera que explora los años juveniles del mejor amigo de Chewbacca, no ha funcionado como se esperaba, pues se trata de un personaje que no requiere un ejercicio revisionista al funcionar mejor bajo su aura de misterio, o probablemente se deba a un guión rutinario que se conforma con situaciones habituales y discapacitado en cuanto a desarrollo psicológico y emocional del protagonista. O, y este es el factor por el que su servidor se inclina, el proyecto sufrió demasiado ante la pérdida de los directores originales – Phil Lord y Chri Miller, maestros del humor en desacato e inteligente- por las famosas “diferencias creativas” con los jefazos de Lucasfilm, siendo suplantados por el corriente y convencional Ron Howard (“Gung Ho”, “Turno de Noche”, “Todo en Familia), quien no agrega ni una pizca de personalidad o relevancia a su trabajo y esta película no es la excepción. En ella, vemos cómo Han (Alden Ehrenreich), logra escapar de su planeta natal Corelia -dejando atrás a su gran amor Qi’ra (Emilia Clarke)- por tratarse de un lugar violento y conflictivo. Se une a las fuerzas de reclutamiento imperial con el fin de ser un Stormtrooper hasta que conoce a un pillo que elude a la ley llamado Beckett (Woody Harrelson) y su compañera Val (Thandie Newton), con quienes logra escapar para perpetrar el robo de un volátil y valioso componente capaz de producir una energía inaudita bajo contrato de un poderoso gangster llamado Dryden Vos (Paul Bettany). Para lograr el golpe requieren de una nave y acuden a un estafador experto de nombre Lando Calrissian (Donald Glover) y su androide L3-37 quienes están dispuestos a colaborar si el precio es correcto. La trama no tiene problemas en ceñirse a los modelos más básicos del cine de hurtos al grado de incluir una escena de atraco a un tren a modo de guiño posmoderno que en otras manos pudo funcionar pero que en las manos del trillador Howard resulta casi absurda. Todo el proceso tiene el buqué a forzado y, como los puntos que se unen para formar una figura en un libro infantil, las escenas se concatenan uniforme y predeciblemente para presentar los resultados esperados, como la unión de Han Solo (quien, por cierto, adquiere su nombre de la manera más ridícula, encaramándose de “El Padrino II” cuando Vito Andolini llega a Norteamérica) con un famoso wookie respondón, o la dinámica entre personajes, la cual trata de vender una tibia historia de amor (Qi’ra-Han) con una de mentor-pupilo (Beckett – Han) sin que éstas cuajen adecuadamente debido al atropellado y mutado guion que no se da el debido tiempo para profundizar en estos vínculos o siquiera construirlos adecuadamente para tomarlos en serio. Después de la excelente y creativa “La Guerra de las Galaxias, Episodio VIII: Los Últimos Jedi”, este recuento sobre las tropelías de un Han Solo imberbe se percibe totalmente dispensable, además que resulta inútil el intento de desmitificación de un icono de la cultura pop tan solo para ganar unos cuantos billones de dólares (siempre bastó con saber que el personaje principal logró realizar el Corredor Kessell en 12 parsecs para entender su valía sin necesidad de atestiguarlo), amén de la amorfa interpretación de Ehrenreich, quien debería demandar al coach de actuación que le impuso el estudio mientras filmaban porque aprendió nada. Si este es el futuro de las próximas producciones ubicadas en el universo de La Guerra de las Galaxias entonces, como diría el mismo Han Solo, tengo un mal presentimiento sobre esto.

STREAMING – “CARGO”
El año pasado tuvimos la fortuna de ver en cines “Estación Zombi: Tren a Busan” (Sang-Ho, Corea del Sur, 2016), un filme sobre un padre y su pequeña hija atrapados junto a otros pasajeros en un tren en movimiento avasallado por humanos antropófagos debido a un virus letal que conjuntaba correctamente el drama con el horror, pues el punto focal de la historia es la dinámica disfuncional entre el hombre y la niña tratando de resolver sus problemas familiares mientras que el apocalipsis zombi es solo un marco argumental. En “Cargo”, filme basado en un cortometraje y disponible en Netflix, podemos apreciar una dinámica similar, pues en una era donde las películas sobre muertos vivientes o personas infectadas sedientas de sangre ya han rebasado la demanda, el paso siguiente es aproximar la narrativa a las consecuencias desde la óptica de quienes la padecen y no delimitarse a frenéticas historias de sobrevivencia. En este caso, tenemos a un hombre llamado Andy (Martin Freeman) quien junto con su esposa Kay (Susie Porter) protegen a su bebé Rosie de una plaga que ha asolado a Australia capaz de transformar a la población en seres ciegos y violentos. En el transcurso, Kay será mordida y al tratar de auxiliarla, Andy también resulta infectado, por lo que tendrá un tiempo límite para encontrar quien se encargue de la pequeña antes de que su organismo sucumba. Así, entre parajes desérticos y zombis, Andy encontrará a varios personajes que tratarán de ayudarlo, incluyendo a una niña aborigen llamada Thoomi (Simone Landers) quien será clave para la supervivencia de Rosie y su padre. Los directores Ben Howling y Yolanda Ramke arman una historia conmovedora y efectiva que se afianza de la tensión que produce la sola imagen de una bebé cuyo destino depende de un padre moribundo pero sustentada en la cumplidora actuación de Freeman y personaje de soporte bien armados, además de una fotografía que inyecta de cierto lirismo visual a los horrores que ocasionalmente se producen en un contexto como este. “Cargo” cumple adecuadamente y deja ver las posibilidades narrativas de un subgénero que ya se encuentra en estado terminal a menos que logre recuperar y expandir ciertos elementos como esta cinta logra demostrarlo.

Correo: corte-yqueda@hotmail.com

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