CARTELERA “DEADPOOL 2”

Cuando toda la carne se arroja al asador, ésta no rinde, por lo que si se desea otra porción, debemos conformarnos con las sobras. Esto ocurre con “Deadpool 2”, una cinta que se percibe más como un proyecto por inercia ante la descomunal aprobación de la primera parte, que como una cinta que realmente desea contar algo. Todos los elementos que hicieron un éxito del filme anterior, están aquí: irreverencia prosaica, humor ácido clorhídrico, violencia extrema pero estilizada, estocadas a la cultura pop y la desenfadada interpretación de Ryan Reynolds como el personaje titular. Más en el batido se han exagerado algunos ingredientes que no permiten darle cohesión a la mezcla, como un incremento en ciertos aspectos dramáticos que no logran cuajar al introducirse con embudo en el guión, demasiados personajes de pobre psicología como para que nos interesen y un desgaste en el recurso otrora divertido de un protagonista al que los recursos de la narrativa cinematográfica le valen y hace lo que le viene en gana. Ahora todo esto es una retahíla de prueba y error, donde algunas bromas y secuencias de acción funcionan y otras no, perdiendo la estructura concreta y guarra de su antecesora en aras de un exceso argumental y visual que en ocasiones exaspera. En esta aventura, el mercenario mutante conocido como Deadpool (Reynolds), debe lidiar tanto con la muerte de su novia Vanessa (Morena Baccarin) a manos de sus enemigos, como con la llegada de un cyborg del futuro llamado Cable (Josh Brolin), quien en la mejor tradición del “Terminator” de James Cameron –algo que queda claro en la misma cinta–, tratará de eliminar a un jovencito regordete llamado Rusell (Julian Dennison) por representar una amenaza, pues cuando desarrolle sus poderes de índole ígnea, asesinará a varias personas, incluyendo a la esposa e hija de Cable. Para frenarlo, Deadpool recluta a otros mutantes (y un humano llamado Peter sólo porque le resulta simpático) para conformar un escuadrón –bautizado Fuerza X– que pueda detenerlo. Y así es como se cuenta esta historia, con una premisa muy básica que se enreda innecesariamente con un reparto que crece exponencialmente y que debe sostenerse con chistes y más chistes sobre cómics, películas y personajes de DC, sin que necesariamente se justifique o sustente inteligentemente, tan solo para arrancar risa barata a la audiencia. Reynolds y Brolin lo hacen bien, pero el reparto de apoyo sólo va con la corriente y algunos incluso caen en la castrosidad más impía, como el inaguantable taxista hindú Dopinder (Karan Soni) que sólo existe para ser el blanco de bromas raciales o la atlética mutante Domino (Zazie Beetz), cuyo poder es tan solo la buena suerte, amén de lucir sexi y pelear como fiera pero sin un gramo de gracia o carisma. La película igual logra entretener aún si es a medio camino de lo que consiguió su predecesora, pero no logra vincular adecuadamente los elementos dramáticos con el llano desmadre que se arma, pues el arco narrativo de Deadpool, sustentado en la trágica muerte de su amante, simplemente no calza con el desparpajo y estridencia que se espera de esta cinta. “Deadpool 2” brilla ocasionalmente, pero es un claro ejemplo de que no siempre más de todo es mejor.

DVD – “DOBERMANN”

No todas las adaptaciones de cómic provienen de Norteamérica, y mucho menos aquellas que se regodean de la violencia más impúdica y sentido del humor tosco y para muestra está “Dobermann”, producción francesa de 1997 que en su momento dio cátedra sobre cómo agitar la cámara al compás de impresionantes balaceras, persecuciones de infarto y secuencias de inaudita hiperactividad, aderezadas con ingenio y agudeza visual. La cinta gira en torno a un grupo de asaltabancos liderados por Yann (Vincent Cassel), mejor conocido como “Dobermann”, y una intrépida mujer muda apodada “La Gitana” (Monica Bellucci). En esta pandilla de coloridos personajes, también encontramos al agresivo “Pitbull” (Chick Ortega), a un hombre de fe católica ataviado como sacerdote a quien sólo llaman “El Abad” (Dominique Bettenfeld) y a un travesti de nombre artístico Sonia (Stephane Metzger). Todos ellos hacen de las suyas mediante la vertiginosa mirada del director Jan Kounen, quien mueve la cámara a su antojo mediante creativos y extraños encuadres. Mas estos antihéroes encuentran la horma de su zapato en el comisario Cristini (Tcheky Karyo), un ser que vive y respira la ley sin importar cómo la aplique, ya sea torturando sádicamente delincuentes, golpeando mujeres o incluso arrojando un bebé por los aires tan solo para demostrar un punto. Esta lucha de voluntades entre protagonista y antagonista hace que la cinta funcione, pues el guión de Joel Houssinlo equilibra con mucha fuerza y, si bien en momentos, la película se percibe descontrolada y caótica, jamás pierde de vista su centro narrativo: el conflicto entre Dobermann, un personaje que posee motivación y carisma, y Cristini, una fuerza natural institucional que no parará hasta detenerlo. Su vibrante puesta en escena, actuaciones sólidas y dirección vigorosa, hacen de “Dobermann” un personaje y una película digna de medir fuerzas con cualquier otro producto gringo similar, so pena de recibir inoculación de plomo cortesía de la potente arma de este ladrón galo.