Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

“EL CAMINO: UNA PELÍCULA DE BREAKING BAD”
Cuando el productor, guionista y director Vince Gilligan creó hace 11 años la serie televisiva “Breaking Bad”, poco pensó que estaba propulsando el lenguaje televisivo (y probablemente el audiovisual en general) a una madurez que el medio catódico ya requería. La saga de un padre de familia y maestro de química llamado Walter White (Bryan Cranston en uno de los papeles más memorables de lo que va del siglo) que orienta su talento científico a la creación de drogas de diseñador azuladas con fines altruistas debido al cáncer que lo consume es, definitivamente, una de las sagas más memorables y mejor desarrolladas de la narrativa de ficción modernas gracias a los intrincados y multitextuales guiones que produjeron personajes muy profundos y situaciones altamente desarrolladas que a su vez produjeron diversos aspectos nodales en cuanto a trama y caracteres. Siendo uno de los más notables, así como pivote esencial para la activación de diversos mecanismos dramáticos en esta macro historia relatada en cinco temporadas, la participación del actor Aaron Paul en el papel de Jesse Pinkman, la antítesis y necesaria contraparte del protagonista Cranston en cuanto a personalidad y aristas psicológicas, pues mientras Walter White ascendía en el escalafón del bajo mundo empleando su alias de “Heisenberg”, mediante una metodología calculada y madura, Pinkman era un desmadre absoluto surgido de las filas yonquis de Albuquerque, Nuevo México, pero que logra trascender como entidad propia conforme se exploraba meticulosamente su potencial como personaje de peso. Y es así como, después de un desenlace catártico y denso, la serie culminó de la forma esperada (sin spoilers para quienes no lo han visto -y si no ¿A qué esperan?-) en cuanto a Walter White y con Jesse Pinkman a la fuga después de un tortuoso y prolongado cautiverio por razones que no quisiera revelar. “El Camino: Una Película de Breaking Bad” va a enfocar toda su atención en este personaje para relatar qué ocurre una vez que trata de reconstruir su vida después de los cataclísmicos eventos de la temporada final y para ello requerirá dinero, pues aquel misterioso hombre llamado Ed (q.e.p.d. Robert Forster), capaz de otorgar una nueva vida en cualquier punto del país por un elevado precio, no aceptará más que la suma necesaria para ayudarlo, la cual asciende a un cuarto de millón de dólares, por lo que la estructura argumental de la película es bifurcada, en un tiempo real que muestra a Jesse recuperando un dinero oculto de un mafioso visto antaño en la serie pero repartido con otros personajes que también lo desean y un tiempo psicológico relatado mediante analepsia o flashbacks donde veremos a Pinkman conviviendo con su celador Todd (Jesse Plemons), mientras estaba literalmente enjaulado en la etapa final de la serie, así como breves escenas con otros personajes, como el matón con corazón de oro Mike (Jonathan Banks) y una muy contundente y sutilmente reveladora con su maestro de química, el Sr. White (Cranston). Vince Gilligan dirige y escribe este epílogo con sobriedad, orientando toda la narrativa a puntos concluyentes sin saturar de ironía o violencia la trama como ocurrió en varios capítulos de la emisión televisiva, lo que permite al sólido cuadro de actores concentrarse más en los eventos que en algún punchline o remate dramático. Tal vez sea esta mesura lo que ha decepcionado a varios de los fanáticos de “Breaking Bad”, pero ciertamente “El Camino…” es un filme eficiente que logra justificar su existencia mediante un trazo correcto de su discurso para al menos saber cuán halagüeño es el destino de Jesse Pinkman. No tan obligado para los fans, pero para el espectador casual sí es requisito la revisión de la serie completa, y créanme que será más una actividad gozosa que penosa.

“EN LA HIERBA ALTA” (“IN THE TALL GRASS”)
La resurrección del nombre “Stephen King” en cuanto a adaptaciones mediáticas continúa después de los buenos resultados que han dado en taquilla los dos capítulos de “Eso”, aunque Netflix ya lleva un rato subido a ese vagón con muy buenas (“El Juego de Gerald”) o medianas (“1922”) versiones y prosigue en ello ahora con “En la hierba alta”, adaptando una noveleta de King coescrita junto a su hijo Joe Hill quien, la verdad sea dicha, no canta mal las rancheras en cuanto a eso de escribir prosa terrorífica (baste leer su absorbente saga “Locke & Key”, próxima a realizarse como serie televisiva). En esta ocasión, la trama remite a aquellos horrores cósmicos que residen en las entrañas de la Norteamérica rural como lo aludió en alguna ocasión en “Los Niños del Maíz” o “Apocalipsis”, donde los sembradíos y maizales juegan un papel integral. Aquí se trata de un campo de hierba descomunal en medio de una carretera sureña en donde se adentra una pareja de hermanos, la embarazada Becky (Laysla de Olivera) y Cal (AveryWhitted), después de escuchar los gritos de auxilio de un pequeño niño. Conforme avanzan entre la vegetación, descubren que no pueden localizar la salida y poco a poco su cordura comienza a ponerse en duda, sobre todo cuando se percatan que la textura del espacio y el tiempo no acata las reglas convencionales en ese lugar. Conforme otros personajes entran a escena, incluyendo al mencionado infante llamado Tobin (Hill Buie Jr.), su madre Natalie (Rachel Wilson, su padre Ross (Patrick Wilson) y Travis (Harrison Gilbertson), la pareja de Becky a quien abandonó una vez preñada pero ahora la busca arrepentido, comienza a tejerse una trama donde sus temores y demonios personales, en la mejor tradición de King, comienzan a hacer presa de ellos, sobre todo cuando una entidad maligna apresada en una enorme roca negra al centro del campo de hierba comienza a manipular a Ross, para realizar una terrible ofrenda que determinará el destino de todos ellos.
El veterano director de fantasía Vincenzo Natali (“El Cubo”) logra urdir con eficacia este relato donde lo primordial son los conflictos entre personajes, los cuales si bien son de variedad arquetípica están bien manejados e interpretados, sosteniendo el pathos necesario para que nos interesen, mientras que los matices sobrenaturales de la trama remiten bastante a Lovecraft, despertando el interés e intrigando al espectador gracias a un desarrollo relativamente meticuloso y en ocasiones visceral. “En la hierba alta” logra evadirnos un rato y mantenernos atentos, y si bien no es de las adaptaciones a King más brillantes, es lo suficientemente entretenida como para que su mata terrorífica siga generando expectativas en cuanto material llevado a la pantalla. Bien dicen que hierba mala, nunca muere.

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