Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

“JOJO RABBIT”
Las aristas sardónicas que se le puedan encontrar a un evento cataclísmico como la Segunda Guerra Mundial es un arma de doble filo, pues bien trabajado resulta en una sátira que apela a la inteligencia y agudeza perceptual del espectador gracias a un tono y manejo perspicaz de tan escabroso tema. O, por otro lado, se conforma con la senda invectiva que confunde la bufonada con el humor negro para producir manoseos de consciencia mediante discursos maniqueos sazonados con moralina como “La Vida es Bella”. Afortunadamente en cartelera tenemos un ejemplo del primero en la forma de “Jojo Rabbit”, la más reciente cinta del neozelandés Taika Waititi (“Entrevista con unos Vampiros”, “Thor: Ragnarok”) que arriba a nuestra ciudad con el brío que brindan los Oscar y la estatuilla obtenida en la categoría de Mejor Guion Adaptado, muy merecido, ya que son las propiedades narrativas en cuanto a su estructura sostenida por metáforas, humor negro chapopote y momentos de alto impacto dramático lo que hacen de esta cinta la mejor que tenemos en cines locales.
La postura diegética que adopta el filme es la más indicada, pues todo lo que vemos es mediante la mirada de un infante llamado Johannes “Jojo” Betzler (la revelación Roman Griffin Davies), un chiquillo vivaz y empeñoso que forma parte de las Juventudes Hitlerianas donde busca ser el émulo perfecto del Führer. Por desgracia sus compañeros no son muy solidarios y le hacen la vida imposible, en particular cuando debe participar de una actividad de caza a un conejo organizada por el jocoso Capitán Klenzendorf (Sam Rockwell) donde falla miserablemente y recibe el mote que da título a la cinta. Ante su ostracismo, solo cuenta con su buen amigo Yorki (Archie Yates), un regordete jovencito que da vis cómica a todas sus escenas sin caer en lo simplón; la madre de Jojo, Rosie (Scarlett Johansson), quien milita para la resistencia que salva y protege a los judíos a la vez que cuida sola a su pequeño debido a la desaparición en Italia de su esposo soldado, y un compañero imaginario con la forma nada menos que del mismo Adolf Hitler (Taika Waititi), una proyección psicológica del niño sobre lo mejor -y peor- que ofrece el Tercer Reich con consecuencias hilarantes. El punto de conflicto ocurre cuando Jojo encuentra a una preadolescente judía oculta en las entrañas de su hogar llamada Elsa Korr (Thomasin McKenzie), puesta ahí por la misma Rosie una vez que la chica queda huérfana. La dinámica que entablan ambos es el corazón del filme, pues el incrédulo protagonista ve derrumbados sus prejuicios semitas gradualmente mediante divertidas y reflexivas conversaciones con la joven, quien le da material para un libro que el mismo Jojo ilustra con el fin de documentar su visión sobre los judíos. Todos los eventos se conducen al final del conflicto bélico con consecuencias que marcan el destino de todos los personajes.
Al ver esta cinta, es difícil no entablar paralelismos con cintas donde la perspectiva infantil es crucial para la configuración de su narrativa como “El Tambor de Hojalata” o “El Niño con la Piyama a Rayas”, ya que es su capacidad de asombro virgen lo que permite al espectador sorprenderse a la par del protagonista mientras realiza sus descubrimientos, en tanto que las bien confeccionadas secuencias humorísticas ahondan con un bizarro lirismo la condición en la que se encuentra la humanidad en ese momento histórico donde todo lleva el tufo de la fatalidad. La mano firme de Waititi, sin embargo, no permite que las cosas se salgan demasiado de control y hay un rigor en cuanto al equilibro de las escenas graciosas con las más lacrimógenas u oscuras (porque las hay, una en particular en el tercer acto, bastante deprimente) para que el relato alcance una altura discursiva y de pretensiones que el filme de Roberto Benigni ni siquiera aspira. “Jojo Rabbit” es tan lúdica, seria, jocosa y conmovedora que será difícil para su director superar este nivel, pero vaya que esperamos ver su siguiente trabajo para ver cómo lo intenta.

“AVES DE PRESA, Y LA FANTABULOSA EMANCIPACIÓN DE UNA HARLEY QUINN” (“BIRDS OF PREY, AND THE FANTABULOUS EMANCIPATION OF ONE HARLEY QUINN”)
Después de cintas que abogan ya no por el empoderamiento femenino, sino por una apuesta sincera y madura en cuanto al retrato de la mujer en el contexto del cine posmoderno, esta nueva adaptación a un cómic de la DC le hace un flaco favor a tales empresas, ya que es un retroceso en cuanto al cincelado de las féminas en un medio por el que ellas ahora más que nunca exigen su justa equidad descriptiva, como lo hemos estado viendo en cintas incluso de Oscar como “Bombshell: El Escándalo”, “Historia de un Matrimonio” e incluso la nueva iteración de “Mujercitas” de Greta Gerwig. En el caso de “Aves de Presa…” todo es pura vacuidad y banalidad, apostándole todo al supuesto magnetismo que tiene el personaje de Harley Quinn en la mentalidad geek moderna pero aquí con la carismática e indudablemente afanosa actriz Margot Robbie, quien retoma el papel después de aquel desastre creativo conocido como “Escuadrón Suicida”. Todo el proyecto deriva demasiado de las dinámicas y modelos preestablecidos en las comedias de acción guarras de los 80 y 90 pero sin la honestidad o desembarazo de aquéllas, colocando a Quinn (Robbie) en el rol de la mujer liberada una vez que el Guasón, su eterno captor que no amante y de quien por cierto jamás vemos un solo fotograma, rompe con ella. En la búsqueda de su “emancipación” (la cual jamás se da, pues el término se refiere a la liberación consciente de un sujeto de aquello que lo aprisiona, y la protagonista, pues, fue botada, anulando esa idea) cruza caminos con el capo Roman Sionis, alias Máscara Negra (un desperdiciado Ewan McGregor), quien la obliga como pena por anteriores ofensas a recuperar un diamante en poder de una carterista callejera llamada Cassandra Cain (Ella Jay Basco), mientras es perseguida por la hábil policía Renée Montoya (Rosie Perez) y asistida por la cantante/chofer de Máscara Negra Dinah Lance, alias Canario Negro (Jurnee Smollet-Bell), mientras que una misteriosa vigilante llamada La Cazadora (Mary Elizabeth Winstead) se suma a la historia por motivos misteriosos y personales.
Todo pudo ser muy entretenido, incluso la dirección de Cathy Yan es ágil y resuelta, pero el guion de Chrstina Hodson no da pie con bola y pierde momentum, secuencia tras secuencia, creyendo que todo se resuelve con chistes vulgares y escenas de pelea muy rutinarias. El reparto se esfuerza, y hay momentos en que la química entre las protagonistas parece que funciona, pero no se le destina demasiado tiempo a su interacción ante el empecinamiento por mostrar persecuciones y a Harley, mucha Harley (de hecho, la cinta debió titularse “Harley Quinn y Sus Muchachas” ante el relego al que se ven todas sus compañeras de reparto). Lástima, estas “Aves” jamás logran levantar el vuelo.

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