1ª Función

“HOMBRES X: FÉNIX OSCURA” (“X-MEN: DARK PHOENIX”)

Hace 39 años, los guionistas Chris Claremont y el dibujante John Byrne lograron su consagración en el medio de los cómics a través de un arco narrativo que venían cultivando un par de años atrás dentro de las páginas de la serie sobre los Hombres X titulado “La Saga de Fénix Oscura”, donde uno de sus personajes principales, la telépata Jean Grey, sucumbe a una entidad cósmica denominada Fénix, dedicada a devorar universos enteros. La trama logró vincularse con los fanáticos de la historieta, sobre todo por las implicaciones emocionales que desarrollaba en cuanto a la relación sentimental de la protagonista con Cíclope, líder del grupo de mutantes, y su romance trunco a raíz de esta intromisión alienígena. Por supuesto, todo esto funcionó en la página impresa porque al equipo creativo le llevó años cultivar y expandir la psicología y motivaciones de los personajes para que esta historia resonara e impactara adecuadamente.

Sin embargo, esto no ocurre en “Hombres X: Fénix Oscura”, el segundo intento por parte de la 20th Century Fox (propiedad de Disney) en llevar a la pantalla grande esta saga. Ahora el problema no es la horrenda dirección de Brett Ratner, tal cual ocurrió en “Hombres X 3: La Batalla Final” hace 13 años, sino el inexplicable empecinamiento por parte del estudio en adaptarla cuando los personajes clave en esta historia hicieron su aparición hace apenas una película (“Hombres X: Apocalipsis”) sin posibilidad de ahondar en ellos como para que en realidad importe el predicamento en que se encuentran ahora, el cual pretende serle lo más fiel posible a su fuente impresa pero manejado con tal desinterés, descuido y flojera, que el espectador inmediatamente repliega la atención ante tal falta de respeto a su inteligencia. La trama se centra, como era de esperarse, en Jean Grey (Sophie Turner), poderosa telépata quien al inicio de la cinta se nos muestra cómo desde la infancia era una fuerza temible al causar indirectamente la muerte de sus padres mediante sus dones mentales. Al quedar huérfana es acogida por el Profesor Charles Xavier (James McAvoy), quien le mostrará, junto a otros seres excepcionales, cómo dominar sus talentos. Ya en la actualidad, ella junto a sus compañeros, los Hombres X liderados por Raven Darkholme (Jennifer Lawrence), alias Mystique, toma parte de una misión espacial que la contactará con una aparente ráfaga de destellos cósmicos que anidan en el ser de Jean, sólo para descubrir que se trata de la entidad Fénix, la cual está siendo cazada para ser controlada por una raza extraterrestre indefinida liderada por la misteriosa Vuk (Jessica Chastain), quien guía a la desconcertada chica erróneamente mientras ella se entrega al lado oscuro de su fuerza, poniéndola en oposición directa a sus compañeros de equipo (produciendo incluso la muerte de uno de ellos), el Profesor X y el mismo Magneto (Michael Fassbender), quien se une a la campaña por detenerla a regañadientes.

El veterano productor Simon Kinberg (“Logan”, “Deadpool”, “Hombres X: Primera Generación”) debuta como realizador con esta cinta, y a pesar de su experiencia en la industria, su trabajo luce como el de un novato acabado de salir de la carrera de cine, pues su ritmo es incoherente en momentos, las escenas inconexas en cuanto a drama y emotividad y simplemente no sabe qué hacer con su reparto y personajes, por lo que todo luce autodireccionado y sin rumbo. En pocas palabras, es el filme más caótico de la serie, con un cúmulo de inconsistencias tanto en la continuidad y lógica interna de estas películas (v.g. la cronología ubica la historia en 1992, pero varios personajes surgen de los 60’s según “Primera Generación” y aquí lucen sin rasgos de vejez o veteranía) como en el proceso narrativo de la cinta en sí, resolviendo elementos mediante la casualidad o el azar y sin alguna repercusión importante en el proceso. “Hombres X. Fénix Oscura” es un desperdicio de talento (Sophie Turner lo hace bien, pero no tiene mucho con qué trabajar, mientras que Fassbender luce hastiado) y recursos, así que tanto Disney como la Fox hacen bien, tal y como lo anunciaran el año pasado, en terminar con estos personajes mediante esta película, pues si esto es lo mejor que pueden hacer ya, preferible que el Fénix se quede en sus cenizas.

2ª Función

“SOLTERAS”

En verdad, yo adoro el cine mexicano. Hay mucho talento en nuestro país y para muestra ahí encontramos los notables trabajos de Tatiana Huezo, Kizza Terrazas y Michel Franco o cintas excelentes y propositivas como “La Cuarta Compañía” (Arreola/Cervera, 2016) y “La Jaula de Oro” (Quemada-Diez, 2013), entre muchas otras. Desafortunadamente la distribución puede ser algo cruel con estos trabajos y los talentos que los producen al considerarse lo suficientemente redituables como para estrenarlos en múltiples salas, permitiendo que el público aprecie y disfrute estos genuinos ejemplos de la idiosincrasia fílmica nacional. En su lugar tenemos “Solteras”, el enésimo esfuerzo por parte de productores mexicanos en clonar célula a célula las comedias románticas de tono imbécil norteamericanas, procurando incluso que la protagonista Cassandra Ciangheroti, rapte y aplique todos los tics y manías de Kristen Wiig en sus comedias facilonas como “Damas En Guerra” y similares. Enervante es que incluso el director Luis Javier Henaine (“Tiempos Felices”), quien manifiesta un claro dominio de la cámara y sus movimientos, trate de copiar todas las taras narrativas y plásticas de dichos productos (y no películas) para no incomodar al espectador millenial y Z, que es el que paga para ver estas bazofias. En este caso, el recurso castroso es la obsesión anacrónica (¿Qué no estamos ya en el Siglo XXI?) de las mujeres por casarse y no permanecer solas –claro, eso si hablamos de féminas incapaces de sostener un rumbo existencial sólido mediante autonomía, agudeza mental y, caray, no sé… ¿Madurez emocional?– a través de la protagonista de nombre Ana (Ciangheroti), quien al fracasar en una prolongada relación se anota en un curso para obtener marido (¿!), donde no sólo obtendrá las herramientas para perpetuar su cliché de mujer codependiente, sino además hará amigas igual de amoladas. La cinta no sólo se revuelca en el patetismo que implica esto, además cree ser muy graciosa con chistes y soundtrack sacados de filmes gringos noventeros creyendo que eso actualiza el discurso. Hágase un favor y deje a estas “Solteras” solas como merecen todos estos filmes tipo comida chatarra: sabemos que no tiene ningún aporte nutrimental y se desechan por el mismo conducto.

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