Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

1ª Función
“RAPSODIA BOHEMIA: LA HISTORIA DE FREDDIE MERCURY” (“BOHEMIAN RHAPSODY”)

Las biografías fílmicas sobre leyendas de la música, en particular aquellas orientadas al rock ‘n roll, son difíciles de manejar narrativamente hablando, pues las turbulentas vidas que sirven como base para su trazo argumental se ven inmersas en el mito propio enclavado en la cultura popular, distanciando el guion de la realidad para enfocarse en sus mitos y no los hechos para generar una mera representación audiovisual de los momentos clave que llevaron a una banda o solista emblemático (a) al Olimpo de la melomanía. Este es el caso de “Rapsodia Bohemia: La Vida de Freddie Mercury”, una cinta esperada por muchos y por mucho tiempo ante el grado de iconicidad de la figura que retrata, el parsi zoroastriano Farrokh Bulsara, mejor conocido por su alias artístico Freddie Mercury, vocalista de la versátil e iconoclasta agrupación musical “Queen”. En conjunto legaron importantes melodías que resonaron (y siguen haciéndolo) por manifestar armoniosamente un espíritu de rebeldía ante el establishment británico –y por ende de occidente– expresando a viva voz y sin tapujos que eran los campeones del mundo. Pero esto, al final, no basta para hacer de una película un instrumento valioso en cuanto a la exploración de su proceso creativo se refiere, pues la cinta que se encuentra en cartelera es un mero anecdotario que trabaja su historia a modo de viñetas donde al espectador no se le dan las suficientes herramientas para profundizar en la psique, alma y corazón de un ser sabido complejo psicológica y emocionalmente como Mercury. Por ello, nos quedamos tan solo con la cumplidora interpretación de Rami Malek (“Mr. Robot”), quien logra perderse en la esbelta y estrambótica personalidad del cantante, mientras vemos cómo lucha por escapar de su dominante entorno familiar a través de la música, lo que logra asociándose con el guitarrista Brian May (Gwilym Lee), el baterista Roger Taylor (Ben Hardy) y el bajista John Deacon (Joseph Mazzello) en la década de los 70’s para fundar lo que a la postre sería “Queen”. Así, de manera entrecortada y sin ahondar en los procesos que en realidad llevaron a la banda a componer sus legendarias canciones, vemos cómo logran unirse casi como una familia mientras Mercury pasa de enamorarse perdidamente de una chica llamada Mary (Lucy Boynton) a fijarse en hombres, sin demasiados conflictos existenciales y diálogos pobres que no abordan adecuadamente estos sucesos hasta llegar a un punto definitivo que fue su presentación en el concierto masivo para sofocar la hambruna en África llamado “Live Aid” después de varios conflictos retratados con dulzura y suavidad entre él, “Queen” y Mary. Es sabido que la cinta tuvo muchos problemas tras bambalinas cuando la 20th Century Fox despidió al director Bryan Singer por sus constantes ausencias y conflictos violentos entre el cineasta y Malek, siendo sustituido primero por el director de fotografía Newton Thomas Sigel y posteriormente por Dexter Fletcher (“Volando Alto”), y esto se ve reflejado en la poca conexión entre secuencias a modo de pastiche argumental, pero además es clara la influencia de los verdaderos Brian May, Roger Taylor y John Deacon, productores del filme quienes se nos presentan como hermanos bonachones dispuestos a ayudar en cualquier instancia a su conflictuado compañero vocalista. “Rapsodia Bohemia: La Vida de Freddie Mercury” luce muy bien gracias a su destacada fotografía y puesta en escena y se escucha aún mejor ante la excelente música y actuaciones que brinda el reparto en general, pero ante la mísera situación en que se encuentra su guion incapaz de adentrarse en las riquezas que ofrece esta historia de manera intrínseca (la fragmentada mente de Mercury, sus combates internos por definir su sexualidad, la fuente de inspiración y desarrollo en la creación de sus famosas canciones más allá de detalles triviales –recordar la escena cuando graban “We Are The Champions”–, etc.), la película y sus pretensiones por explorar uno de los íconos de la música rock es, así como diría “Queen”, otra que muerde el polvo.

2ª Función
“EL CASCANUECES Y LOS CUATRO REINOS” (“THE NUTCRACKER AND THE FOUR REALMS”)

Últimamente pareciera que los generosos ingresos monetarios que ha recibido la compañía Disney con sus películas de Marvel y algunas del universo de “La Guerra de las Galaxias” (quedando “Solo” en estado ídem por su pobre desempeño en taquilla) han inspirado a la Casa del Ratón a producir algunas cintas que, bajo otras circunstancias, no tocaría ni con una vara de 100 metros, con el fin de instaurar futuras franquicias u otros éxitos de taquilla, como ya vimos este año con “Un Viaje en el Tiempo” (Duvernay, E.U.) y ahora con “El Cascanueces y Los Cuatro Reinos”. La primera fracasó financieramente ante un guion debilitado por una premisa interesante que no logra sostenerse ante la abundancia de clichés y embrollos argumentales de los que no consigue zafarse y ahora “El Cascanueces…” parece que afronta el mismo destino económico, pero por tratarse de un hermoso espectáculo que no ofrece algo nuevo al espectador en cuanto a trama o personajes. Inspirada en el ballet de Tchaikovsky, la cinta tiene como protagonista a la talentosa y núbil Mackenzie Foy (“Interestelar”) interpretando a Clara Stahlbaum, cuya vida transcurre durante el período victoriano con sus hermanos Fritz (Tom Sweet) y Louise (Ellie Bamber) y su padre (Matthew MacFayden), quien no puede superar la pesadumbre causada por la pérdida de su esposa, devota madre muy unida a Clara. La vida de ésta cambiará cuando, durante una fiesta ofrecida por su padrino Drosselmeyer (Morgan Freeman), arriba accidentalmente a Los Cuatro Reinos, una realidad mágica descrita con tal vehemencia y fuerza por su madre que se torna real. Ahí conoce a un soldado cascanueces llamado Phillip (Jayden Fowora-Knight), quien acompañará a Clara a recuperar una llave robada por un ratón para así abrir un artilugio metálico que le legara su progenitora y obtener respuestas sobre este lugar. En su travesía se topa con la Regente de la Tierra de los Dulces (Keira Knightley), informándole a la joven que todo este universo fantástico se encuentra en riesgo debido a Madre Ginger (Helen Mirren), otrora líder de la Tierra de las Diversiones y que ahora busca destruirlo todo. La gesta se torna heroica, Clara y compañía deberá detenerla antes que sea tarde. Los directores Lasse Halstrom (“¿Quién Ama a Gilbert Grape?”, “Chocolate”) y Joe Johnston (“Rocketeer”, “Jumanji”) logran conjuntar un espectáculo visualmente impactante que no pierde de vista la construcción de una puesta en escena coherente sin que se vea devorada por el CGI, pero el guion no logra sobrepasar los límites de lo convencional y tanto personajes como historia resultan triviales y carentes de interés. Los conflictos son redundantes y la melosidad con que se abordan las pausas dramáticas empalagan. De agradecer son las actuaciones, todas ellas comprometidas, y el hecho de que Eugenio Derbez aparezca en un papel misericordiosamente breve. “El Cascanueces y Los Cuatro Reinos” aspira a ser un clásico de la temporada navideña pero quedará relegada a los pies de nota de estas fechas.

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