Juan Pablo Martínez Zúñiga

1ª Función
“EL JUSTICIERO 2” (“THE EQUALIZER 2”)

Las películas sobre personas vindicativas siempre fascinan por la inmediata gratificación sensorial que producen, pues generalmente sus razones para impartir justicia parten de una necesidad por equilibrar la balanza ética y moral desde una perspectiva muy personal que culmina en la acción más punitiva posible a quien produjo el mal en cuestión, remunerando emocionalmente a la audiencia por todo daño que en la vida real se le inflige, desde los malencarados trabajadores de ventanilla en bancos o instituciones de supuesto servicio al público, hasta presidentes iletrados que frustran más que molestar por su pobre desempeño como líderes. “El Justiciero 2”, basada en la popular serie televisiva de los 80’s, no es la excepción en el sentido que procura el seguimiento de ese lineamiento, pero ésta viene servida con una dosis de inteligencia en el marco argumental y la construcción de su personaje principal que la separa de los papeles a la buscar-y-destruir que tanto le gustan a Liam Neeson. Denzel Washington encarna una vez más a Robert McCall, veterano de guerra que emplea su particular set de habilidades en ayudar a la gente común que se comunica con él mediante su app manteniendo un perfil bajo como chofer de Uber. En esta cinta la acción se torna personal cuando una querida amiga muere de forma violenta en un aparente intento de robo, pero su investigación revela que ha sido víctima de un grupo delictivo formado por sus ex compañeros de la milicia, quienes la han asesinado por ser daño colateral. McCall deberá enfrentarlos a la vez que mentorea a un joven afroamericano aspirante a artista que está al borde de sumirse en la brutal vida de las pandillas callejeras por necesidades financieras. El director Antoine Fuqua (“Día de Entrenamiento”) realiza su mejor trabajo a la fecha manteniendo un delicado balance entre las enérgicas y rítmicas secuencias de pelea y la exploración psicológica del protagonista, quien sólo usa las armas de fuego en casos extremos prefiriendo impartir justicia con sus veloces puños, manifestando un estado zen del personaje congruente a su respeto por la vida ajena, como la secuencia donde le propina una paliza a un grupo de ricachones caucásicos por abusar de una chica de servicio social. “El Justiciero 2” supera en narrativa y plástica a su antecesora (el clímax en un pequeño pueblo asolado por huracán fusiona los componentes básicos del western con las impresiones de angustia a la Kurosawa), haciendo justicia a un género que ha comenzado un proceso de relocalización con otros esfuerzos como “John Wick” y compañía. Vale la pena.

2ª Función
“MEGALODONTE” (“THE MEG”)
Los porqué y cómo este tipo de películas aún consiguen estreno masivo en cines de todo el mundo es un misterio digno de ScoobyDoo y sus cuates, pues ya hay un espacio en los medios muy específico para estos bodrios que es ese retrete catódico llamado Canal SyFy, donde precisamente han hecho toda una barra de programación sustentada en infinidad de escualos inverosímiles y malhechotes con delirios de grandeza camp, pero que no perduran ni un segundo en la memoria del espectador. “Megalodonte” es lo mismo, pero más insufrible porque no aprovecha en lo más mínimo sus cuantiosos recursos financieros o creativos y se queda varada cual ballena en playa asiática en la anécdota más abyecta y sosa. El único gancho de esta cinta es ver cómo la semi estrella de acción Jason Statham (“El Transportador” y secuelas) ahora mide fuerzas con un Carcharocles Megalodon, mejor conocido como Megalodonte en nuestro país e identificado como un escualo prehistórico de 27 metros de largo capaz de engullir a un humano de un solo bocado. La trama inicia cuando un grupo de investigación patrocinado por el típico ricachón mamila (interpretado por el también mamila Rainn Wilson) contrata al curtido explorador submarino y ex marino Jason Taylor (Statham) para que rescate a una expedición perdida en las profundidades del océano debido al ataque del susodicho pez gigante, a lo que accede más que nada porque su ex esposa era tripulante. Lo que sigue son las mismas escenas vistas hasta la náusea de fulanos gritándose entre ellos, estereotipos raciales haciendo lo suyo como manda la tradición hollywoodesca (si eres asiático o negro, sólo puedes ser científico o mano de obra, respectivamente, pero indudablemente ambos serán víctimas) y diálogos aburridos sacados del cine de Roger Corman afanados en destacar lo obvio (“Megalodón versus humanos no es una pelea…es una masacre”). El esperado momento de ver a Statham agarrándose a puñetazos con el escualo gargantuesco jamás llega y tan solo por eso la cinta es un fiasco… bueno, además del guión de pacotilla, personajes intelectualmente insalubres y falta de sorpresa o novedad alguna. “Megalodonte”, a diferencia de su criatura generada por computadora, es un filme chimuelo y manso como un atún.

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